28/05/2008
La diferencia entre la ficción y la virtualidad: Ben Hur
[MartÃn Palma Melena, colaborador de CinemaNet]
Sobre Ben-Hur (U.S.A., 1959) si mal no recuerdo: por un lado, mis padres me llevaron al cine a verla cuando tenÃa aproximadamente ocho años; por otro lado, fue mi primer film en Semana Santa que disfruté como uno de acción y con el que aún asà sentÃa no transgredir el recogimiento debido en esa época del año. Y digo que a esa producción la disfruté como una de acción pues su género en realidad serÃa más propiamente épico.
Ben Hur es uno de esos largometrajes que he visto repetidamente y que no deja de tener en mà resonancias iguales pero siempre renovadas, algo que lejos de dificultar facilita el hallar nuevos elementos…
A diferencia de cintas como El Gladiador (U.S.A. 2000), Ben-Hur tiene el valor agregado propio de los productos hechos a mano: el despliegue fue realizado con extras de carne y hueso; la utilerÃa y la vestimenta y los escenarios son reales y tangibles; no hay de por medio efectos especiales por computadora y uno realmente se siente transportado (aunque sà existen juegos de cámara y algunos escenarios tienen una discreta atmósfera de utilerÃa, elementos quizás detectables por un ojo avizor pero portadores de ciertos resabios rancios que lejos de atenuar nutren la ficción).
Entre Ben Hur y El Gladiador existen las mismas diferencias que entre la primera pelÃcula de La Guerra de las Galaxias, Una Nueva Esperanza (U.S.A., 1977), y su primera pecuela, La Amenaza Fantasma (U.S.A., 1999). ¿A qué me refiero? A que por ejemplo en lo personal me sigo inclinando en el caso de la saga espacial más por la versión de 1977, a la que percibo sà en un entorno de ficción y pero no en uno de virtualidad, me explico: al menos en el Cine, la ficción al necesitar ser verosÃmil (aunque sea algo) debe ser encarnada por personas verdaderas y ser representada por objetos tangibles (o ser dibujada por personas que sin embargo siempre dejarán su impronta humana en el caso de los dibujos animados); pero la virtualidad podrÃa hasta insertarnos en una lógica muy propia que eventualmente ya ni siquiera requerirÃa ser verosÃmilÂ…
En otras palabras: la ficción para ser verosÃmil requiere ser con respecto a la realidad no idéntica pero sà análoga (identidad y analogÃa son cosas muy distintas); en cambio, la virtualidad en ocasiones pareciera no necesitar de tal analogÃaÂ…
Los dibujos animados hechos por ordenador no lo son propiamente; son más semejantes al entorno virtual de un sofisticado software de diseño gráfico.
Alguno me dirá que por ejemplo la pelÃcula Ratatouille (U.S.A., 2007) es diseñada por computadora y es sà análoga a la realidad, pero incluso allÃ: primero, los trazos humanos no son percibidos ni siquiera de forma subliminal; segundo, puede hablarse no exactamente de dibujos animados sino de únicamente animaciones aunque ¿de qué clase?
Es decir, a los roedores de Ratatouille ¿cómo entenderlos bajo la lógica de una ficción (la que como repito para ser verosÃmil siempre necesita de cierta analogÃa con la realidad)? ¿Como unas marionetas animadas pero con unas texturas de pelaje ya muy naturales (en el caso de los ratones)? ¿Como unos dibujos animados aun cuando no parezcan precisamente dibujados? ¿Como una combinación de muñecos plásticos y de gráficos animados (que ya no dibujos)? Y en este último caso ¿con qué referente de la realidad asociamos por analogÃa tal combinación en esas animaciones?
Bueno, dirán ustedes, ¿adónde quiero llegar? A que la naturaleza de los personajes de Ratatouille sólo podremos entenderlos desde una lógica sólo propia de la virtualidad.
La Guerra de las Galaxias de 1977 hasta ahora la sigo sintiendo como una ficción verosÃmil; la sigo sintiendo como una pelÃcula y no o bien como un video juego o bien como un escenario virtual sólo algo más elaborado que Second Life. En cambio, por ejemplo, sobre un film como The Matrix (U.S.A., 1999), ya hablarÃamos de virtualidad porque en algunas de sus escenas los efectos especiales a la realidad no la transgreden sino le son connaturalesÂ…
Una ficción debe discurrir con la lógica de la realidad para que nos sorprendamos con la ruptura y el contraste generados por la fantasÃa; ruptura y contraste a la que exigimos alguna coherencia pues tampoco queremos ser tomados por ingenuosÂ…
En The Matrix a veces vislumbramos un mundo virtual en el que fantasÃa y realidad no se contrastan sino o bien simplemente conviven con la mayor normalidad o bien fácilmente se puede pasar de un lado al otro sin mayores problemas o sin mayor coherenciaÂ… Y aquà podemos hablar no exactamente de un absurdo sino de una ¿lógica distinta o sui generis? O sea: una lógica virtual
Por eso, por la ficción verosÃmil (que no virtualidad) de sus escenarios y extras, Ben Hur me provoca seguir viéndola, porque inconscientemente me sigue transportando a la época de los romanos (que me disculpen los historiadores semejante generalidad, pero ustedes me entienden). En cambio, El Gladiador podrá carecer de tanta virtualidad como The Matrix, pero algún tufillo tiene (ese coliseo romano tiene cierta aura digital)Â…
Esta Semana Santa fue la vez más reciente (que no sé si la última) que volvà a ver Ben Hur (y entera). Los últimos años la habÃa visto entrecortada, como de paso cuando se cambia de canal a cada rato con el control remoto. Pero por alguna razón este año me nació verla completa. Revivà la escena de la carrera de cuadrigas en la que el Carro de Judá Ben-Hur (Charton Heston) es jalado por corceles blancos y el de Messala (Stephen Boyd) por corceles negros: una perfecta metáfora de la lucha entre el bien y el mal en un escenario muy verosÃmil y nada virtual. Revivà el dilema sobre si Judá debÃa matar a su ex amigo por haberse ensañado tan cruelmente con su madre y hermana; dilema como ésos tras los cuales las convicciones saldrán más fortalecidas si logran superarlo; dilema como ésos que sólo pueden representar un buen argumento y un buen guiónÂ…
Sin embargo, unos pocos dÃas después me enteré que habÃa fallecido Charton Heston, el protagonista de esta producciónÂ… Rara coincidenciaÂ… Ahora, sà me desagradó el Charton Heston que me presentó Michael Moore en Bowling for Columbine (U.S.A., 2002). Si algún homenaje debo hacer, será al Charton Heston en su rol de Ben Hur, el que me pareció más verosÃmil por más humanoÂ…
Entradas relacionadas:





