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cine, filosofía y educación

Posted By juanluis On 30 octubre 2011 @ 21:47 In Artículos | Comments Disabled

Cine y filosofíaA FONDO

Publicamos aquí este artículo en el que se trata de la utilización del cine como herramienta pedagógica en la enseñanza de la filosofía en general, posibilitando la comprensión de discursos más o menos abstractos a través de los ejemplos de la narración cinematográfica. Enseñar a mirar críticamente el cine, afirma el autor, nos llevará a desvelar los modelos antropológicos, sociales, etc. que hay detrás de las intenciones del autor y que el espectador recibe como deseables o indeseables, según el caso. Relacionar cine, filosofía y educación es apostar por el desarrollo de la capacidad crítica y reflexiva de nuestros alumnos y, por ende,  de toda la sociedad.

A FONDO

[Enrique Olmedo Álvarez. Universidad Autónoma de Madrid]

Publicamos aquí este artículo en el que se trata de la utilización del cine como herramienta pedagógica en la enseñanza de la filosofía en general, posibilitando la comprensión de discursos más o menos abstractos a través de los ejemplos de la narración cinematográfica. Enseñar a mirar críticamente el cine, afirma el autor, nos llevará a desvelar los modelos antropológicos, sociales, etc. que hay detrás de las intenciones del autor y que el espectador recibe como deseables o indeseables, según el caso. Relacionar cine, filosofía y educación es apostar por el desarrollo de la capacidad crítica y reflexiva de nuestros alumnos y, por ende,  de toda la sociedad.

cine y filosofíaLa idea principal de la que podríamos partir son estas líneas que Ortega y Gasset dedica al estudiar en su artículo titulado “La falsedad del estudiar”, sosteniendo que es necesario…reformar profundamente ese hacer humano que es el estudiar y, consecuentemente, el ser del estudiante. Para esto es preciso volver del revés la enseñanza y decir: enseñar no es, primaria y fundamentalmente, sino enseñar la necesidad de una ciencia, y no enseñar la ciencia cuya necesidad sea imposible hacer sentir al estudiante.

Desde esta idea, podemos preguntarnos por la necesidad que siente el propio alumno a la hora de encarar el estudio de cualquier materia en general y de la filosofía en particular. La esencia de ser estudiante es interesarse por algo que no le interesa. Siguiendo a Ortega, abogaremos por enseñar la necesidad de una ciencia, la filosofía, para que esta necesidad se convierta en algo interno del estudiante. Encontrar los ejemplos prácticos para activar esa necesidad en los estudiantes ayudaría a poner de relieve la importancia que la filosofía tiene en el conocimiento de lo que nos rodea.

Una de las funciones de la filosofía es analizar todos los fenómenos mirando hacia el exterior de nosotros mismos. Otra función es la de analizar nuestro interior, un mirar hacia adentro que nos lleve a la comprensión de cómo nos relacionamos con las cosas circundantes y cómo éstas se relacionan con nosotros. En este deambular de la mirada, de lo externo a lo interno para dirigirse otra vez hacia afuera, está la base de cualquier actitud filosófica. Y esto es algo que se puede enseñar a través de la filosofía, mirando hacia lo exterior para poder sacar conclusiones que nos guíen a lo largo de toda la vida.

Una de las cosas externas a la que podemos dirigir la mirada es a la producción artística en general, pues es el resultado del intelecto humano fuertemente arraigado en la cultura a la que cada cual pertenece. Es bastante común que los filósofos de más renombre hayan recurrido a imágenes relacionadas con lo artístico para poder explicar y poner en común lo más complejo de sus teorías. Así, algunos, como Platón, se han servido de los relatos míticos para apoyar o rechazar algunos supuestos principios que habían sido considerados como tales por el resto de sus congéneres, sin preguntarse hasta las últimas consecuencias por la verdad que estaba a la base de esos principios.

De este modo, se ha podido enjuiciar críticamente numerosos aspectos de la realidad de cada época para poner de manifiesto las verdaderas intenciones que había detrás de normas de comportamiento que se consideraban inamovibles, es decir, reflexionar sobre el modo en el que se nos presentan las cosas, sin dar por definitivamente buenas todas las explicaciones que sobre ese presentarse se han dado hasta el momento en el que se aborda la cuestión. Se trata de un salir hacia afuera de las explicaciones convencionales para poder reflexionar sobre su fundamento. Por decirlo con un lenguaje más clásico, salir del mito para entrar en el logos. Como llevar a cabo esta labor puede convertirse en algo muy complejo, pues para hacerlo necesitamos abstraer aquellos elementos de la realidad tangible para operar con ellos, intentando descontaminarlos de toda la carga ideológica que puedan contener, se hace necesario recurrir a ejemplos más livianos para poder hacer inteligible lo que habíamos alejado de la cotidianeidad.

La literatura ha servido para dar ejemplo de estos pensamientos abstractos de manera mucho más digerible para el público no especializado que el puro ensayo filosófico. Hay que recordar que muchos filósofos no sólo han recurrido a ejemplos literarios para hacer comprensibles sus teorías, sino que además han escrito relatos o novelas donde se exponían casos prácticos, aunque pertenecientes al campo de la ficción, de sus modelos de hombre, de sociedad, de forma de relacionarse con lo que les rodea, etc. Un ejemplo de filósofo preocupado por este tipo de proceder es el de Miguel de Unamuno que, además de sus obras de contenido y forma puramente filosóficos, ha creado otro tipo de relatos novelescos (nivolescos) donde quedaban ejemplificados sus propias teorías, como el caso de su San Manuel Bueno, mártir, obra literaria que contiene gran parte de lo expuesto teóricamente en Del sentimiento trágico de la vida o en La agonía del cristianismo. El caso del pensamiento español es especialmente significativo pues, a lo largo de nuestra historia, ha sido común que la filosofía fuera de la mano de la literatura, debido, en gran parte, a la falta de institucionalización de la filosofía en un mundo académico universitario. Nuestros filósofos han tenido que encontrar vías de expresión más adecuadas para exponer sus teorías, sirviéndose de la ficción para que sus personajes dijeran aquello que ellos no podían decir en foros académicos y universitarios.

Sartre

Jean Paul Sartre escribió un guión de cine (El Engranaje) para explicar sus ideas sobre la libertad, el poder y sus consecuencias.

Con enormes reminiscencias literarias, podemos encontrar una de esas artes que pueden servir como vehículo para la transmisión no sólo de ideas filosóficas más o menos abstractas, sino de actitudes filosóficas ante la vida. Este arte es el cine. Puede llegar a todos los públicos independientemente de su condición cultural o social y del grado de desarrollo de su cultura. El cine necesita de la palabra hablada acompañado de imágenes para poder transmitir sus mensajes. La imagen, esencia del cine, sirve para transportarnos a todos los mundos posibles que el cineasta quiera inventar. Algunos filósofos, como Jean Paul Sartre, han escrito, además de sus ensayos filosóficos (El ser y la nada) y obras literarias (La nausea, El muro o La infancia de un jefe), guiones de cine con el propósito de llevarlos a la gran pantalla (El Engranaje), donde se desarrollan aspectos importantes de su filosofía como la libertad, el poder y sus consecuencias. Con estos ejemplos, queremos poner de manifiesto que el discurso filosófico no es un discurso cerrado y encorsetado en unos estándares ensayísticos cargados de profundidad en unos casos y de oscurantismo en la mayoría de ellos.

Desde los primeros momentos de su existencia, el cine se ha utilizado para legitimar el estado de cosas existente por parte de los que ostentaban el poder o para intentar deslegitimar este estado de cosas por parte de los que pretendían ostentarlo. Aunque no es la única manera de tratar el cine, este carácter didáctico, capaz de lanzar mensajes y consolidarlos, ha sido un aspecto del cine que no ha pasado inadvertido. A través de las películas se pueden crear realidades que nos muestren las consecuencias de determinadas acciones, consiguiendo que el espectador se posicione moralmente a favor o en contra de lo que se le cuenta. Se puede crear modelos de sociedad o de ser humano que el espectador adoptará o no, según sus intereses, su formación, su carácter, su sistema de creencias, etc. El cine se convierte así en un creador de realidades/ficciones, de imágenes de lo real, como si se tratara de la mismísima caverna de Platón. La oscuridad de la sala o las apariencias de realidad que son escrutadas por el espectador pueden hacernos ver estas similitudes entre ambos elementos. Junto con la televisión, la radio e internet, estos medios se están convirtiendo en los verdaderos educadores de las sociedades, pues es a través de ellos por donde las sociedades reciben la  supuesta información que les aporta el conocimiento del mundo.

Aprovechando el poder de convocatoria que el cine consigue y la predisposición que cualquier alumno manifiesta ante la invitación a este tipo de actividades, podremos llevar a cabo una selección de películas o de fragmentos de ellas para configurar un programa en el que se alternen los contenidos teóricos, los textos a trabajar como fuentes originales y las películas que sirven para explicar, aclarar, ejemplificar, etc. los contenidos anteriores.

Podemos extraer fragmentos de películas o secuencias relevantes que sirvan para ejemplificar algún aspecto concreto sobre el que se quiera llamar la atención. Estos fragmentos servirán de excusa para introducir, explicar, o dar ejemplos concretos y particulares de alguna noción trabajada en el contenido teórico. Así, si queremos mostrar el ambiente religioso de la Edad Media podemos proyectar alguna secuencia de El nombre de la Rosa (Jean Jacques Annaud) donde se muestre la vida de los monjes o la reunión entre Franciscanos y Benedictinos. También podemos unir diferentes secuencias de la misma película o de películas diferentes para crear una unidad de discurso que nos facilite transmitir el pensamiento de un autor o alguno de sus aspectos fundamentales. Así, si queremos mostrar el mito de la caverna de Platón, podríamos enlazar varias escenas de La rosa púrpura de El Cairo (Woody Allen) donde se muestra a Mia Farrow frente a la pantalla de cine y otra en la que Jeff Daniels sale de la pantalla para llevarla al mundo real, repasando así la ascensión desde el mundo de la doxa a la episteme. Por último, podemos considerar la película en su totalidad como una entidad propia, como un texto completo. Así, si queremos explicar la idea de Superhombre o de Voluntad de Poder en Nietzsche, podemos proyectar películas completas como La soga (Hitchcock), Apocalypse Now (Francis Ford Coppola) o Sin perdón (Eastwood), por citar algunos ejemplos. Con este tipo de metodologías, podríamos introducir la reflexión filosófica dentro del aula, combinando la formación teórica con el análisis práctico. Promover estilos pedagógicos que redunden en el beneficio del estímulo de las motivaciones de los alumnos es una labor que cualquier profesor, sea cual sea su especialidad, no debe desdeñar.

Referencias:

-CABRERA, J.( 1999): Cine: 100 años de filosofía. Una introducción a la filosofía a través del análisis de películas. Ed. Gedisa, Barcelona.
-FALZON, C.(2005): La filosofía va al cine. Una introducción a la filosofía. Ed. Técnos-Alianza, Madrid.
-GARCÍA, R. (2007): El cine como recurso didáctico Eikasia. Revista de Filosofía, año III, 13. Consultado en el enlace: http://www.revistadefilosofia.org.
-ORTEGA Y GASSET, J. (1933): “La falsedad del estudiar” en Unas lecciones de Metafísica. Ed. Alianza, Madrid.
-ORTEGA Y GASSET, J. (1931): ¿Qué es filosofía?.  Revista de Occidente en Alianza Editorial, Madrid.
-QUINTANA, A. (2003): Fábulas de lo visible. El cine como creador de realidades. Ed. Quaderns Crema S.A. El Acantilado, Barcelona.


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