Nader y Simin, una separación

07/10/2011

ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET

Título Original: Jodaeiye Nader az Simin
Director y guionista: Asghar Farhadi.
Intérpretes: Peyman Moaadi (Nader), Leila Hatami (Simin), Sareh Bayat (Razieh), Shahab Hosseini (Hodjat), Sarina Farhadi (Termeh).
Producción: Asghar Farhadi para Asghar Farhadi Films.
Diseño de producción:
Keyvan Moghaddam.
Música:
Sattar Oraki.
Fotografía: Mahmuoud Kalari.
Montaje: Hayedeh Safiyari.
Distribuidora: Golem.
Estreno en Irán: 16 de marzo de 2011.
Estreno en España: 7 de octubre de 2011.
Duración: 123 min.
Género: Drama.
Público apropiado: Jóvenes.


SINOPSIS

Nader y Simin, que tienen una hija de once años, acuden al juez para solicitar el divorcio. Ella querría partir al extranjero, pero Nader rehúsa tal idea, desea cuidar de su padre, aquejado de demencia senil. Mientras el juez difiere su decisión, sobre todo en relación a la custodia de la hija, Nader debe contratar a una mujer que cuide de su padre. Una negligencia y un fatal accidente de esta mujer, que estaba embarazada de cinco meses, darán pie a un cruce de denuncias, que complica aún más la delicada situación de esta familia.


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CRÍTICAS

[Jerónimo José Martín- COPE]

Simin (Leila Hatami) y Nader (Peyman Moaadi) son un matrimonio de Teherán que, junto a su adolescente hija Termeh (Sarina Farhadi), se plantean abandonar Irán en busca de una vida mejor. Pero, finalmente, Nader desiste para no abandonar a su padre (Ali-Asghar Shahbazi), que padece Alzheimer y vive con ellos. Enfadada, Simin solicita el divorcio y, al serle denegado, se muda a vivir con sus padres. Las cosas se complican cuando Nader, que se queda con la hija, contrata a una musulmana ultraortodoxa, Razieh (Sareh Bayat), para ayudarle con el cuidado de su padre. Una negligencia de esta mujer, que está embarazada y oculta su trabajo a su fanático marido Hodjat (Shahab Hosseini), provoca un dramático cruce de demandas, que complica todavía más la delicada situación de ambas familias.

Este espléndido quinto largometraje del iraní Asghar Farhadi (A propósito de Elly) ganó el Oso de Oro a la mejor película en el último Festival de Berlín; y el conjunto de sus actores y actrices fue galardonado con el premio a la mejor interpretación masculina y femenina del certamen. Quizás cabe reprochar al guión —del propio Farhadi— un excesivo fatalismo en la acumulación de desgracias de los personajes; un recurso narrativo, por otra parte, muy habitual en el mejor cine iraní. De todas formas, a través de ese abigarrado entramado de desgracias, Farhadi desarrolla una lúcida radiografía de la soberbia, el egoísmo y la mentira como causas principales de las rupturas familiares y las tragedias cotidianas, subrayando de paso sus dramáticas consecuencias en los hijos que, en esas circunstancias, a veces se muestran más maduros que sus propios padres.

El director iraní articula estos sugestivos elementos narrativos a través de una fluida puesta en escena hiperrealista, cuya desbordante veracidad se refuerza con las excelentes interpretaciones de todos los actores, especialmente de Leila Hatami, Peyman Moaadi y Sarina Farhadi, que dan vida a la familia protagonista. Además, acierta plenamente al no cargar las tintas en ningún personaje, ni siquiera en los más extremados, y al darles oportunidad a todos de expresar sus propias motivaciones ante los dilemas que padecen. La película se llena así de una atractiva humanidad, que ni idealiza ni demoniza, y que acaba ganándose totalmente al espectador.


[Juan Orellana]

¿Quién nos hará justicia?

La llamada Nueva Ola del cine iraní siempre nos ha ofrecido películas interesantes. Desde el estilo más contemplativo y estético de Abbas Kiarostami o Majid Majidi, hasta el cine más comprometido y crítico de Jafar Panahi, Bahman Ghobadi o Mohsen Makhmalbaf, siempre hemos encontrado los occidentales historias que nos han resultado más cercanas y humanas que muchas de las producciones autóctonas contemporáneas.

En esta ocasión es el director Asghar Farhadi, el que con su quinto largometraje, Nader y Simin, una separación, conquistó el último Festival de Berlín llevándose el Oso de Oro a la mejor película, el oso de plata ex-aequo al Mejor Actor para Peyman Moaadi (Nader), Ali-Asghar Shahbazi (Padre de Nader) y Babak Karimi (Juez), y el Oso de Plata ex-aequo para la mejor actriz para Sareh Bayat (Razieh) y Sarina Farhadi (Termeh).

Esta película impactante y sobrecogedora es en el fondo una reflexión sobre el sentido de la justicia o de “lo justo” declinado de formas variopintas y muy reales: la justicia de los tribunales legales, la justicia subjetiva, lo justo a los ojos de la sociedad, a los ojos de Dios, y sobre todo llama la atención sobre aquellas injusticias de las que parece casi imposible buscar un culpable. La genialidad del guión de Farhadi es que no construye personajes “malos”: todos son buena gente, normalita, que no desean hacer mal a nadie,… pero que se ven envueltos en situaciones de responsabilidades ambiguas, aparentemente casuales, no intencionadas, y que de repente les sitúan en un contexto de mal y confusión moral. Por tanto no hay asomo de maniqueísmo ni de fáciles moralismos, y la película no propone soluciones: es un film radicalmente abierto y perplejo, que obliga al espectador a posicionarse y hacer su propia reflexión. Un tema que cruza la película de lado a lado como una espada hiriente es la situación de la pobre Termeh, desgraciadamente tan frecuente en los procesos de separación. El padre y la madre la usan indistintamente como coartada o como elemento arrojadizo. Esta niña es obligada a decidir entre vivir con su padre o con su madre, cuando ella lo único que desea obsesivamente es que sus padres vuelvan a estar juntos. Esta disyuntiva, que además toma forma legal -ella tiene que decidir y optar ante un juez y en presencia de sus padres-, destruye por dentro a Termeh, y sin duda es la injusticia más brutal de todas las que circulan por el film.

Sorprendente para un cristiano es el concepto de pecado que aparece en el film. Razieh profesa una devoción islámica radicalmente formalista, en la que el pecado es ajeno a la conciencia. Llama por teléfono a un supuesto fundamentalista para consultarle casuísticamente si asear a un anciano varón es pecado o no. Sin embargo, no tiene reparos en mentir por miedo a su marido. Y es que de ahí sacamos el otro gran del film: la situación humillante de la mujer en Irán. En fin, una película tan desoladora como conmovedora, rodada con increíble fuerza, y que utiliza el lenguaje del suspense hitchockiano para contarnos un drama sumamente interesante que demuestra que la verdadera justicia supera la capacidad del hombre, algo que ya los salmistas dejron machaconamente claro. Sencillamente no es cierta aquella famosa frase de El Padrino: “La justicia… nos la hará Don Corleone”.


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Un comentario

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