La vida saca su entrada de cine (II). La eutanasia

14/06/2013

[Julio Rodríguez Chico. Colaborador de Cinemanet]

Si el aborto llega siempre con polémica y nos deja historias de cine, no menor es la repercusión que tienen en la pantalla el final de la vida y la eutanasia. Alejandro Amenábar apuntaba a esa cuestión con un tono tendencioso en “Mar adentro” (2004) y cayendo en la demagogia ideológica y en la manipulación emocional. El francés Jean-Pierre Améris lo hacía de manera más melodramática en “La vida” (2001), con una preciosa historia de amor y con un renacer afectivo. Y el americano Julian Schnabel nos regalaba una obra de arte con “La escafandra y la mariposa” (2007), para bucear en la mente de un enfermo que no podía comunicarse sino con el parpadeo de su ojo izquierdo… pero que aprendió a vivir de otra manera.

Clint Eastwood baja al infierno con “Million dollar baby”

Por su parte, Clint Eastwood trataría tangencialmente el tema de la eutanasia enMillion dollar baby” (2004), quizá con una mayor hondura antropológica y dramática, y sin duda con gran honestidad. En realidad, la película es un drama de conciencia de su protagonista, Frankie, que trata de redimirse de un sentido de culpa que le oprime amargamente, pero del que no podrá liberarse al ser un destino demasiado pesados. Él es entrenador de boxeo y trabaja en un club con Scrap, antiguo púgil obligado a abandonar el cuadrilátero al perder un ojo en un combate en el que Frankie debió tirar antes la toalla. El otro lastre que sufre el personaje interpretado por el propio Eastwood es el abandono de su hija, hace años. Ante ese doble trauma personal y a regañadientes, un día acepta entrenar a Maggie -Hillary Swank-, una joven huérfana y de infancia difícil que está decidida a todos los sacrificios para triunfar entre las doce cuerdas. En el fondo, lo que hace que Frankie acceda a entrenarla es la esperanza silenciada de recuperar el título y la hija que un día perdió. Lo que no sabe entonces es que no será tan fácil, y que el término será peor que el comienzo.

Estamos ante el encuentro de dos perdedores con heridas profundas que tratan de curar -más sangrantes que las de un combate de boxeo- y que hablan de relaciones paterno-filiales rotas, y también de una lucha por sobrevivir al dolor y la infelicidad. Artísticamente, la fotografía expresionista de fuertes claroscuros, con escenas en permanente penumbra y juegos de contraluz consigue generar ambientes opresivos, que sirve para mostrar la oscuridad interior de sus protagonistas. En ese sentido, el boxeo se presenta también como metáfora de la vida, y las sombras como señal de las dudas que les atenazan y que les obligan a“protegerse siempre” -lema de Frankie en el boxeo y en la vida-, algo que a la larga significa encerrarse en su coraza, en su escepticismo y en su soledad.

Entre el sentimiento y la conciencia de una muerte anunciada

Ese punto de amargura y desolación llega a su máxima expresión en el tramo final de la cinta, poco después del combate por el título mundial. Maggie ha sufrido un duro castigo en el ring que le ha dañado la columna y dejado parapléjica. En el hospital sufre grandes dolores y no puede prescindir de la respiración artificial, siente que su sueño de ser alguien en la vida es ya un imposible, y además acaba de serle amputada una pierna a consecuencia de unas infecciones. Entonces, al pie de la cama, le pide a Frankie que le haga un favor, que le desconecte del respirador y le deje morir, que haga como su padre cuando mató a su perro Axel porque ya no podía caminar. En el rostro de Frankie se dibuja una mirada de turbación y su mirada refleja la lucha interior que padece entre lo que sabe que debe hacer y lo que siente al ver ese sufrimiento. Le responde que ni lo piense, que por favor no le pida eso… pero su insistencia hace que se plantee una duda de conciencia de hondo calado: ¿por amor y compasión debe evitarle ese sufrimiento, o debe terminar con él y practicarle la eutanasia que le pide?

Durante la película, hemos visto a este hombre solitario y taciturno acudir a la iglesia -lo hace a diario desde hace muchos años- y plantearle al sacerdote cuestiones doctrinales un tanto bizantinas. Está claro su sentido ético-moral de la vida y también los remordimientos que padece, por ejemplo, cuando el cura le pregunta si ya ha escrito a su hija para pedirle perdón. Por eso, en este momento de tribulación interior acude de nuevo acude a él, para pedirle consejo y abrir su alma. Todo su mundo y la esperanza de volver a creer en algo parece que se esfuman, y no encuentra luz en el camino de la vida. El sacerdote le advierte que“ningún pecado es comparable a eso, si le hace caso y la mata”, que “se olvide de Dios, del cielo y del infierno; si lo haces, acabarás perdido en algún lugar tan profundo que jamás volverás a encontrarte”. Algunas razones son, evidentemente, de índole religiosa pero otras tienen un serio fundamento antropológico al obedecer a lo que el hombre es como un ser con conciencia y concebido para la vida. Frente a la óptica del sacerdote, la perspectiva de Scrap es la de quien considera que una vida vale únicamente si se vive con ideales y proyectos, con dignidad y orgullo, y que cuando no es posible… hay que morir y vivir en paz (en alusión a esas dos almas atormentadas por la soledad, el dolor y la muerte).

De hecho, en su honestidad, el Clint Eastwood-director cierra la película con un Frankie que, después de haberle desconectado el respirador, de darle un beso y una inyección de adrenalina que le quitase el dolor, sale por la puerta y se pierde entre la oscuridad de los pasillos del hospital. La figura de Frankie se ha diluido en la nada, observado por un Scrap que le recuerda en ese momento como “sin sentir nada y sin nada en el corazón”, para no volver a aparecer nunca por el club… aunque sí llegara poco después un fantasma, un chico deseoso de entrenar y triunfar, como si se tratara del espíritu de Frankie-Maggie reencarnado. La película termina con ese tono de dolor y tristeza, mientras se adivina una vida sumida en el abismo de quien se ha traicionado en sus convicciones más profundas.

 

En cualquier caso, el director ha puesto sobre el tapete una cuestión para el debate moral, con una historia y unas imágenes elocuentes, con las razones sentimentales y de conciencia que mueven al individuo en uno u otro sentido, advirtiendo las consecuencias de los propios actos libres. Es, en definitiva, la utilización del cine como instrumento para plantear asuntos importantes, para ayudar al hombre a resolver los dilemas que la vida le presenta.

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Un comentario

  1. Guillermo C. dice:

    Exactamente, Julio. La diferencia fundamental entre la obra de Eastwood y la de Amenábar es que en la primera no se defiende la eutanasia, por mucho que al final Hillary Swank muera. Sólo se plantea el debate, lo cual no es sólo bueno, sino encomiable.

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