Jappeloup, de padre a hijo

30/11/2013

La película desarrolla una profunda, matizada y luminosa visión de las relaciones paternofiliales, conyugales y de amistad, así como del verdadero sentido de la competición deportiva. La acción de la película abarca 20 años,  sin embargo, el interés por la historia se mantiene gracias al esmerado diseño de producción, la preciosa fotografía y una inteligente selección de filmaciones de archivo.


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ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET

Título original: Jappeloup.
Dirección: Christian Duguay.
País: Francia.
Año: 2013.
Duración: 130 min.
Género: Biopic, drama.
Intérpretes: Guillaume Canet (Pierre Durand), Marina Hands (Nadia), Daniel Auteuil (Serge Durand), Lou de Laâge (Raphaëlle), Tchéky Karyo (Marcel).
Guion: Guillaume Canet.
Producción: Ludi Boeken, Pascal Judelewicz y Romain Le Grand.
Música: Clinton Shorter.
Fotografía: Ronald Plante.
Montaje: Richard Marizy.
Diseño de producción: Emile Ghigo.
Vestuario: Caroline de Vivaise.
Distribuidora: A Contracorriente Films.
Estreno en Francia: 13 Marzo 2013.
Estreno en España: 29 Noviembre 2013.


SINOPSIS

A principios de los 80, dejando una prometedora carrera como abogado, Pierre Durand decide dedicarse en cuerpo y alma a su pasión: el salto de obstáculos. Apoyado por su padre, lo apuesta todo por un joven caballo en que nadie tiene gran fe: Jappeloup. Demasiado pequeño, imprevisible, lleno de defectos aunque también con extraordinarias aptitudes. Juntos empiezan un camino de sacrificio, superación y trabajo que les convierte en leyenda olímpica.


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CRÍTICAS

[Jerónimo José Martín – COPE]

En 1980, el francés Pierre Durand abandonó su prometedora carrera como abogado, y volvió a dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la cría, instrucción y montura de caballos para salto de obstáculos, en las que ya había destacado durante su juventud. Apoyado por su padre el criador ecuestre Serge Durand (Daniel Auteuil), su esposa la ex amazona Nadia (Marina Hands) y la cariñosa moza de cuadra Raphaëlle (Lou de Laâge), Pierre lo apuesta todo a un joven caballo, Jappeloup, en el que casi nadie cree, pues es demasiado pequeño, rebelde e imprevisible, aunque goza de una portentosa capacidad de salto. Prueba tras prueba, el dúo progresa, gana campeonatos importantes y se impone en el mundo de la equitación. Pero, en 1984, jinete y caballo sufren un estrepitoso fracaso en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Entonces, Pierre toma conciencia de sus propios fallos y limitaciones, y se prepara a fondo para competir en las Olimpiadas de Seúl 1988.

Jappeloup

Más de dos millones de espectadores han visto en Francia esta emotiva y vibrante película, basada en hechos reales, y que dirige con muy buen pulso el versátil cineasta canadiense Christian Duguay, responsable de entretenidos filmes de género —como “Hilo mortal”, “Asesinos cibernéticos”, “Caza al terrorista”, “El arte de la guerra” o “Riesgo extremo”— y de magníficas tv-movies, como “Juana de Arco” o “Coco Chanel”.

En gran medida, la clave de la solidez de la película reside en su férreo guion, escrito por el actor y director francés Guillaume Canet (“Pequeñas mentiras sin importancia”, “No se lo digas a nadie”), que imprime a la trama un ritmo creciente, en el que las emocionantes competiciones deportivas —filmadas por Duguay con una tensa planificación— se enriquecen con el profundo retrato de todos los personajes y de sus afilados conflictos dramáticos. En este sentido, la película desarrolla una profunda, matizada y luminosa visión de las relaciones paternofiliales, conyugales y de amistad, así como del verdadero sentido de la competición deportiva. Todo esto, claro, facilita el lucimiento como actor de Canet —magnífico también como jinete— y del resto del sobresaliente reparto, sobre todo de la bella Lou de Laâge, que llena la pantalla cada vez que aparece.

Como la acción de la película abarca 20 años, a ratos decae un poco el ritmo del montaje de Richard Marizy. Sin embargo, el interés por la historia se mantiene gracias a las cualidades ya señaladas y al esmerado diseño de producción de Emile Ghigo, la preciosa fotografía de Ronald Plante y una inteligente selección de filmaciones de archivo. También ayuda mucho la épica partitura de Clinton Shorter, completada con unas cuantas espléndidas canciones de los años 80 del siglo pasado.En este sentido, “Jappeloup, de padre a hijo tiene una factura más hollywoodiense que europea, en el mejor sentido de la comparación. Y, desde luego, es una dignísima heredera de otras películas de las últimas décadas sobre temas hípicos, como “El corcel negro”. “Belleza negra (Un caballo llamado Furia)”, “La leyenda de Silver Brumby”, “El hombre que susurraba a los caballos”, “Corriendo libre”, “Spirit: El corcel indomable”, “El caballo del desierto”, “Seabiscuit”, “Océanos de fuego (Hidalgo)”, “Héroe a rayas”, “Dreamer”, la saga “Flicka”, “Ruffian”, “La leyenda de Moondance Alexander”, “Secretariat”, “War Horse (Caballo de Batalla)” o “Amazing Racer”.

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[Decine21]

Montando la vida

Pierre Duran ha pasado toda su vida rodeado de caballos. Su padre Serge cría a estos hermosos animales y los prepara para competiciones hípicas de saltos de obstáculos. El sueño del progenitor siempre ha sido que el chico siguiera con el negocio familiar, y que él mismo participara como jinete en los campeonatos y premios, incluidos los juegos olímpicos. Pero a la vez ha querido dejarle en total libertad, a la hora de decidir su dedicación profesional. Lo que no impide que Pierre se sienta presionado, pues ciertamente estudiará derecho y montar se convierte en algo que trata de compatibilizar con su futuro de abogado, al tiempo que no desea decepcionar a su padre.

Emotiva historia basada en hechos reales, dirigida por un director competente, el canadiense Christian Duguay, entre cuyos mejores trabajos se encuentra su Juana de Arco para televisión. Aquí, con cierto aliento épico, y en la tradición del drama deportivo, arma una historia que se ajusta a los cánones, sin demasiado espacio para las sorpresas. El guión lo firma el propio protagonista y ocasional director Guillaume Canet, que estuvo detrás de la notable Pequeñas mentiras sin importancia.

El film está muy bien fotografiado, y las escenas de saltos son de gran belleza y resultan emocionantes. Pero el desarrollo resulta algo previsible, tanto en la relación padre-hijo como en la relación hijo con su flamante esposa. En general los personajes son demasiado arquetípicos.

En cualquier caso Jappeloup resulta una cinta de agrasable visionado y sabe presentar de modo atractivo ideas como la de saber crecerse ante la adversidad, la superación de la natural tendencia al egocentrismo, la grandeza en la victoria y en la derrota, el cuidado de las relaciones con los superiores, cuando se producen choques más o menos explosivos.



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