No se aceptan devoluciones

02/05/2014

A partir de un arranque de comedia hilarante, esta película mejicana progresa hasta alcanzar una notable seriedad con la que reflexiona sobre temas importantes de la vida. En ella abundan el humor (de diferentes tipos y valoración) y el amor. Cómica por momentos y sensata en el fondo, pasa por todos los estados de ánimo hasta resultar encantadora. En definitiva, es la vida en versión difícil contada con mucha gracia.


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ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET

Película: No se aceptan devoluciones.
Dirección: Eugenio Derbez.
País: México.
Año: 2013.
Duración: 115 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Eugenio Derbez (Valentín), Jessica Lindsey (Julie), Loreto Peralta (Maggie), Daniel Raymont (Frank Ryan), Alessandra Rosaldo (Reneé), Hugo Stiglitz (Johnny Bravo), Arcelia Ramírez (Judeisy).
Guión: Guillermo Ríos, Leticia López Margalli y Eugenio Derbez.
Producción: Mónica Lozano y Eugenio Derbez.
Música: Carlo Siliotto.
Fotografía: Martin Boege y Andrés León Becker.
Montaje: Eugenio Derbez y Santiago Pérez Rocha.
Diseño de producción: Sandra Cabriada.
Vestuario: Gilda Navarro.
Distribuidora: Filmax.
Estreno en México: 20 Septiembre 2013.
Estreno en España: 30 Abril 2014.


SINOPSIS

Valentín es el soltero más mujeriego de Acapulco, hasta que un día, una mujer de su pasado deja un bebé en su puerta y desaparece. Valentín decide ir a Los Ángeles en su búsqueda, pero en vez de encontrar a la madre, encuentra un hogar para él y su hija Maggie. Mientras ella crece, Valentín también se ve obligado a madurar, convirtiéndose en un verdadero padre. Pero cuando la niña cumple 7 años y aparece la madre biológica de Maggie, Valentín se da cuenta de que está a punto de perder a su única familia y a su mejor amiga, su hija.


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CRÍTICAS

[María del Pilar Madrigal y Alós – Colaboradora de CinemaNet]  

La presentación de esta película nos sitúa en la comedia hilarante, en apariencia, pronto descubre el espectador que el trasfondo es mucho más serio hasta llegar a respetar un argumento que depara sorpresas.

El inicio recuerda a “Tres solteros y un biberón”, por el tono sentimental ligero del protagonista abierto a todas las aventuras que se tercien. Es normal por tanto que pueda haber sido padre con una de tantas. Esa parte es bastante previsible, lo original del guión radica en su origen mejicano y el salto a los EE.UU., porque se despliegan todos los problemas sobre emigración, dificultades idiomáticas, la adaptación a una nueva cultura (por muy interracial que sea California, el estado más poblado de EE.UU.).

Mezcla en su parte humorística los gags más bufos con el juego de palabras inteligentes, todo junto como si de una coctelera se tratara. El actor protagonista aprovecha la mímica y bromas que a veces recuerdan a los payasos del circo, para después ponerse serio e ir introduciendo temas de fondo que hacen reflexionar sobre las dificultades de la vida. Plantea la búsqueda de trabajo, la relación con amigos, la convivencia con vecinos, la intimidad familiar y la educación de los hijos. Destila simpatía y mucho amor, sobre todo cuando al final haya cambio de circunstancias y sucedan los imprevistos (le alabo el cierre de la película, es de lo mejor, como si completara un hermoso trabajo de una forma que nadie podía ni imaginarse… no digo más, merece ser vista).

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Eugenio Derbez ha tardado doce años en realizar este trabajo cinematográfico y por los resultados ha acertado. Este actor y comediante mejicano la protagoniza, coescribe y dirige, además de participar su esposa, Alessandra Rosaldo. Y a día de hoy es el mayor éxito del cine mejicano en taquilla: con un presupuesto de 5 millones de dólares recaudó unos 90 millones hasta el momento (44 de ellos en su estreno en EE.UU.). Un éxito en toda regla visto por más de 25 millones de espectadores en todo el mundo, una de las cuatro películas de habla no inglesa más taquilleras junto a “La vida es bella”, “Tigre y Dragón” y “Héroe”.

¿Qué encontrarán cuando la vean? Humor y amor, mucho, sin parar. Es la vida en versión difícil contada con mucha gracia. Incluso introduce pareja de lesbianas tirando a agresivas, una concesión al actual afán de plantear esta peculiar situación hasta cuando no hace falta (la cara de sorpresa de los actores es la que se le queda al espectador). Y la reflexión sobre lo generosas que podemos ser las personas cuando queremos a alguien. Hay bondad, esfuerzo silencioso en el trabajo, situaciones cotidianas de comprensión/incomprensión con el jefe.

Puesto que una de las protagonistas del guión es una niña que pasa de bebé a pequeña pizpireta imaginativa no puedo dejar de tratar el encanto de los niños. Son un mundo en sí mismos. Sonríes cuando ves al soltero ligón empezar a preocuparse por el cuidado básico de su hija, el aprendizaje y hasta los sacrificios afrontados por la felicidad de ella, en realidad de ellos dos juntos. Muy bonito de ver, te enamoras y como ríes y lloras con ellos todo acaba encajando de una sorprendente manera.

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La fotografía es curiosa, se ha rodado en localizaciones de Méjico (Acapulco, Guerrero) y Los Ángeles. Con una ambientación años 60/70 muy kitsch (el look del “galán” al principio es de los inolvidables, después se pule). La casa familiar californiana es el paraíso que todo menor debe soñar con tener a su disposición, como vivir en un parque temático en miniatura. No hay excesos elegantes, ni ostentaciones, todo se mantiene en un nivel de normalidad. Puede que esa sencillez en la producción general haga que el rico interior de los sentimientos e intenciones vaya desplegando su efecto sin obstáculos, me refiero a que no te distraes con las formas y captas el fondo que el autor ha querido plasmar. Y es un hermoso interior (otro Roberto Benigni, salvando la distancia en los relatos, pero similar en el estilo a “La vida es bella”, y lo es, estas obras cinematográficas lo muestran con soltura uniendo alegrías y dolores).

Es muy recomendable para todos los públicos. Cómica por momentos, sensata en el fondo, realista en los problemas y su manera de afrontarlos, y sobre todo encantadora. Se ve con agrado y se asciende en madurez junto al protagonista mientras trata por todos los medios de hacer feliz a otro ser humano que depende de él. Aunque por momentos pueda parecer excéntrica, merece la alegría de seguir sus peripecias, más habituales de lo que pueda parecer. Que la disfruten, a mí me hizo pasar por todos los estados de ánimo y mantuvo el interés hasta el último segundo… se lo aseguro, es casi lo mejor.


[Juan Orellana – Alfa y Omega]

“No se aceptan devoluciones” es una película mexicana dirigida y protagonizada por Eugenio Derbez, Premio Platino 2013 al mejor actor por este largometraje. Se trata de una comedia dramática cuya principal virtud es haber acertado con el difícil tono que combina con equilibrio lo doloroso con el humor. Virtud que aparece en no pocas películas dirigidas por mexicanos, como Maktub, de Paco Arango, o El estudiante, de Roberto Girault.

Valentín (Eugenio Derbez) es un soltero mujeriego de Acapulco que tiene pánico al compromiso. Un buen día, una mujer de su olvidado pasado, Julie (Jessica Lindsey), llama a su puerta y le deja un bebé, argumentando que esa niña la engendró él. Desbordado por la imprevista crianza de Maggie (Loreto Peralta), Valentín tendrá que rehacer su vida y reinventarse a sí mismo, en una aventura de maduración que le deparará grandes y definitivas sorpresas.

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No sabemos cuánto habrá del cómico, director y productor Eugenio Derbez en esta cinta, pero se respira una honestidad de fondo que es el verdadero motor de la película. Derbez ha tenido ya cinco mujeres y espera el cuarto hijo, con lo que sabe de qué habla cuando afronta la complicada etapa por la que pasan la afectividad y la paternidad en nuestros tiempos. Esa atmósfera de autenticidad recuerda muchísimo a la que transpiraba la citada cinta de Arango, en la que también corría a raudales su propia experiencia personal. La película es la clásica historia de maduración de un cuarentón con síndrome de Peter Pan. Pero lo más interesante es que dicho proceso se realiza a través del descubrimiento de la paternidad. Valentín no sólo descubre el valor de ser padre, sino que reelabora la paternidad que su progenitor tuvo hacia él, y de la que ahora sabe sacar provecho.

El filme también aborda la cuestión de la enfermedad en una clave de sentido positiva. Valentín comprende que en la vida, si uno está en la posición correcta, todo suma en vez de restar. De forma colateral también se toca la cuestión de la adopción de hijos por homosexuales, aunque, en este punto, Derbez opta por no tomar una posición clara para evitar caer en lo políticamente incorrecto. En conjunto, es una película divertida, original, con ritmo mantenido, y en ciertos momentos conmovedora. Una película que transmite positividad, y que, por qué no decirlo, es también un homenaje a los actores especialistas, los eternos anónimos del séptimo arte.


[Jerónimo José Martín – COPE]

Reír y llorar sin complejos

Se estrena en España una película singular, “No se aceptan devoluciones”, coescrita, dirigida y protagonizada por el popular cómico mexicano Eugenio Derbez, Premio Platino 2013 al mejor actor por este su primer largometraje tras la cámara. El filme ha sido maltratado por una parte de la crítica, pero ha concitado el interés de más de 25 millones de espectadores en todo el mundo, convirtiéndose en la producción latina más taquillera de la historia en Estados Unidos, al recaudar allí 44 millones de dólares. El secreto de Derbez: hacer reír y llorar sin complejos, como ya lograron hace poco los también mexicanos Paco Arango en “Maktub” y Roberto Girault en “El estudiante”, o como ya consiguió hace décadas Mario Moreno “Cantinflas” en “El bolero de Raquel” o “El extra”.

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La sombra de esas dos últimas tragicomedias planea por “No se aceptan devoluciones”, pues describe el acelerado proceso de maduración y reinvención de Valentín, un mujeriego cuarentón de Acapulco, con síndrome de Peter Pan y alérgico al compromiso, que debe criar solo a su hija Maggie, abandonada en su puerta por su madre cuando era un bebé. Ayudado por la propia Maggie, Valentín acabará trabajando en Hollywood como doble de acción de las estrellas.

El arranque de la película es zafio, pero gira enseguida hacia una incisiva reflexión sobre el sacrificado amor paternal de Valentín, la creciente necesidad maternal de Maggie —reflejada por la niña Loreto Peralta con una autenticidad conmovedora— y el mezquino egoísmo de la madre, que reclama la custodia de la niña cuando ésta tiene siete años. Una progresión de gran intensidad cómica y dramática, audaz en su poco complaciente visión de la ideología de género, y que culmina en un desenlace sensacional, de esos que dejan al espectador totalmente noqueado. Vamos, que hay que verla.


[Josan Montull – Colaborador de CinemaNet]

El debut cinematográfico del cómico mexicano Eugenio Derbez se ha convertido en un éxito sin precedentes en el cine latino. La película más taquillera en su país de origen y el film latino más visto en EE.UU. llega ahora  a nuestras pantallas.

La película, escrita, producida, protagonizada y dirigida por el propio Derbez, cuenta la historia de Valentín, un soltero que vive en Acapulco, mujeriego e irresponsable, que seduce con mentiras y falsas promesas a cuantas mujeres quiere.  Un día llama a su puerta una chica con estética desenfadada y con la que antes había mantenido relaciones que le deja un bebe en sus brazos diciendo que es su hija. La mujer desaparece y Valentín —aterrado con la idea de tener que afrontar la paternidad— se lanza en su búsqueda llegando hasta Los Ángeles. No encuentra a la madre pero encuentra una casa y un empleo de extra cinematográfico que le servirá para cuidar a su hija y madurar a toda prisa. Siete años después regresa la madre para llevarse a la niña a la que ha cuidado Valentín.

El film aborda el tema de la responsabilidad familiar desde una perspectiva de comedia. La primera parte de la película abunda en chistes y gags (no todos buenos) que sirven para explicar la transformación del soltero crápula en un padre tan original como tierno y bueno. Desde la reaparición de la madre, la película adquiere un tono melodramático que va dotando de seriedad el argumente hasta entonces trivializado. El final, conmovedor y sorprendente, abre el film a la esperanza y se convierte en un alegato en pro de la eficacia del amor y de las bondades de la unidad familiar para la educación de los hijos.

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Es cierto que nos encontramos con una película plagada de clichés y situaciones previsibles. No hay novedad en esta historia que, desde que Chaplin hizo “El chico” en 1921, el cine ha contado muchas veces. Pero es cierto que la película conecta con el gran público, tal vez porque las cuestiones que aborda, escabrosas y difíciles, son bien conocidas en nuestro entorno. Así aparecen temas como el divorcio, los diversos tipos de familia (tradicional, monoparental, del mismo sexo…), la custodia de los hijos, la fidelidad, la responsabilidad en la educación, la verdad en las relaciones, la redención personal desde el amor, la superación de los propios miedos desde la entrega … Todos estos temas aparecen en el film tratados con delicadeza y efectividad. A veces se busca la lágrima fácil y en algún momento hay un tono de culebrón latino, pero “No se aceptan devoluciones” se ve con agrado y con una sonrisa en los labios porque la temática se nos hace demasiado cercana y consigue interesarnos. Y es que la tristeza y el desamparo de una criatura que ve a sus progenitores sin amarse y enfrentados no es ninguna tontería.

El film está bien contado y es entretenido. Consigue describir los sentimientos de padre e hija en este devenir de novedades ante las que hay que actuar con responsabilidad. La realidad fantástica que percibe la niña y es presentada con unos dibujos animados llenos de color y de luz, contrasta con el rostro expresivo de su padre, que trasluce la preocupación por tantas dificultades que hay que afrontar. La química entre el propio Derbez, en el papel de Valentín, y la debutante Loreto Peralta, interpretando a la pequeña Maggie, sostiene hasta el fin esta película, sencilla y edulcorada, apta para todo tipo de público que acuda a verla con la buena intención de entretenerse y emocionarse.

“No se aceptan devoluciones” es cine sencillo y humano, alejado de grandes efectos especiales, estridencias visuales y presupuestos millonarios, cine que quiere tocar el corazón con una narración  —a veces demasiado previsible—  que toca el corazón. Tal vez la triste proximidad del drama que cuenta con la realidad cotidiana de tantos niños que están sumidos en el desamparo por la falta de amor de sus padres, sea la clave de su éxito.



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