Microrrelatos sobre los niños en el cine

30/04/2015

[Gloria Mª Tomás y GarridoColaboradora de CinemaNet]

«Estoy seguro de que mucha gente se mete en los cines con el fin de explorar un poco la Humanidad», explica Harvey Keitel, protagonista de La zona gris (2001). No sé si es fiable dar a esta afirmación carácter general, pero es cierto que la auténtica humanidad puede encontrarse en el cine.

Una ocasión de oro se presenta en las películas cuyos los protagonistas son los niños. A través de ellos, encontramos algunos de los mejores planos de la historia del cine; planos que están invadidos por esas miradas luminosas capaces de reflejar todo el sufrimiento del mundo y, paradójicamente, toda la esperanza.

En estas películas -bien escogidas- se aprende a discernir entre la trampa de la emotividad de este mundo utilitarista y el auténtico argumento poético que enlaza la protección del desvalido, la admiración por el valioso y, en todo caso, la apertura inteligente del corazón.

Veamos algunos ejemplos. Como siempre, todas sirven, y hay muchas más. Se citan con un orden cronológico.

El Chico (Charles Chaplin, 1921): Un niño abandonado, hijo de madre soltera, es recogido por un vagabundo: ambos luchan por sobrevivir, tranquilos y felices… bueno, y también con divertidas pillerías. Vale la pena detenerse en las pupilas humildes y mendigas de este chico.

cinemanet | el chico

Ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948): Un obrero en paro consigue trabajo a condición de que posea una bicicleta. El primer día se la roban. Viviremos el drama por recuperarla, siempre acompañado por su hijo Bruno. Destaca su conmovedora capacidad poética expuesta en un severo verismo, en donde resalta la mirada solidaria y también humillada de Bruno.

Marcelino Pan y Vino (Ladislao Vadja, 1954): Marcelino es un niño pobre que vive en un orfanato dirigido por franciscanos; su amigo es una escultura de Jesús crucificado a la que cuenta sus sueños. Jesús le contesta. Muy conmovedor la necesidad que tiene de estar con su madre. Se sale del cine con una emoción contenida ante el rostro luminoso de Marcelino fallecido en los brazos de Jesús.

Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959): Con sólo doce años, Antoine Doinel se ve obligado no sólo a ser testigo de los problemas conyugales de sus padres, sino también a soportar las exigencias de un severo profesor. Un día, decide hacer novillos, e inesperadamente, ve a su madre en compañía de otro hombre; su infancia truncada le lleva a huir de todo, a soñar con el mar.

La vida es bella (Roberto Benigni, 1998): La primera parte de la película es una mezcla feliz de romanticismo y humor; la segunda, será el drama del amor, en la que el miedo es superado heroicamente, lleno de realidades imaginativas, las que ingenia un buen esposo y padre. El final, esperado, es la muerte por amor del padre, y una nueva culminación de la alegría del pequeño Giosué junto a su madre.

Billy Elliot (Stephen Daldry, 2002): ¡¡Quiero bailar!! Perfecta simbiosis entre el drama personal de este incomprendido niño, destinado al trabajo en la mina; y el drama social que se genera y se resuelve positivamente, ya que Billy logrará ganarse la vida y la fama con el baile. Interesante reflexión sobre mundo obrero se abre a la cultura.

– Trilogía El señor de los anillos: (Peter Jackson, 2001, 2002, 2003). Como señaló el veterano Christopher Lee, cuando se estrenó la primera parte, “La película es algo más que la lucha entre el bien y el mal. Es una fantasía sobre el amor, la amistad, la lealtad, la fortaleza, la debilidad y la corrupción. Un amplio abanico de cualidades humanas e inhumanas”.

cinemanet | el señor de los anillos

Together (Chen Kaige, 2002): Cuenta la historia de un niño que es recogido en la estación de tren por un sencillo campesino. El pequeño llevaba un violín. Él no se enterará de su origen hasta el final de la película, pero es entonces cuando descubre profundamente la filiación, la amistad, la familia.

Qué hacemos con Maisie (Stephen Daldry, 2012): La mirada pacífica, tierna, cristalina y natural (pido perdón por el exceso de adjetivos, pero no sobra ninguno) de esta niña antes unos padres excéntricos -que terminan divorciándose- hace plantearse al espectador si el vínculo del afecto, que Maisie encontrará en sus padrastros, puede ser más fuerte que el de la sangre.

De tal padre, tal hijo (Hirokazu Koreeda, 2013): Entrega a padres de hijos cambiados. Se muestra que genes y amor no siempre van unidos directamente. Es decir, el amor filial se construye también en el tiempo, con caracteres encontrados, con ambientes familiares diversos. A su vez, los niños, protagonistas muestran, sin melodramas, que el ejercicio de la paternidad es una misión fundamental.

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