Moonlight

10/02/2017

“Moonlight” es una historia cruda y dramática, contada con una técnica que roza la poesía: cada fotograma es una pieza de exposición, de un poder visual tremendo. Pero no es una narración tan profunda como promete.


Título Original: Moonlight
Dirección: Barry Jenkins
Guión: Barry Jenkins/Tarell McCraney (historia)
País: Estados Unidos
Año: 2016
Duración: 111 min.
Género: Drama 
Interpretación: Mahershala Ali, Alex R. Hibbert, Trevante Rhodes, André Holland, Janelle Monáe, Ashton Sanders, Jharrel Jerome, Naomie Harris, Shariff Earp, Duan Sanderson, Edson Jean.
Productora: A24 / Plan B Entertainment / Upload Films
Fotografía: James Laxton
Música: Nicholas Britell
Estreno en España: 10 de febrero de 2017


SINOPSIS

Chiron, un chico negro que ha de crecer en un turbio ambiente, la vida en un barrio marginal de Estados Unidos puede ser un infierno durante cada etapa de crecimiento -infancia (Alex R. Hibbert),  adolescencia (Ashton Sanders) y madurez (Trevante Rhodes)- y, en cada una de ellas, debe afrontar una serie de obstáculos terribles como las drogas, el maltrato y la incomprensión. Muchos le acompañan por este camino de espinas, amigos o enemigos de su destino: su madre, un traficante o los compañeros del colegio. La cuestión es salir adelante en un mundo poco iluminado por la esperanza.


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CRÍTICA

[Jaime Pérez Laporta. Colaborador de CinemaNet]

Señoras y señores, antes de que salten las chispas, hablemos de la forma extraordinaria de esta película. Supongo que más de uno se habrá informado sobre la historia, pero no quiero hablar todavía de ‘qué cuenta’, sino de ‘cómo lo cuenta’.  Hablemos de “Moonlight” desde la belleza más externa para que nadie ignore que es una obra muy cuidada. Cada plano, cada momento, está escogido con una voluntad de eternizarlo en la retina. Esto lo digo en el buen y el mal sentido: la película es lenta, no nos engañemos, pero es un ritmo al servicio de una voluntad artística que quiere conquistarnos por los ojos.

La música, desde luego, la han seleccionado a conciencia, al igual que cada plano. Música e imagen van desgarrando al espectador y atrayéndolo hacia un universo estético impresionante. A todo esto hay que sumarle los trascendentales silencios en el diálogo, mérito repartido entre actores y guionista, que bien pueden ser desesperantes si uno no acepta ese reto de ver muchas obras de arte en una sola.

Hablemos, pues, de lo que hace sudar a un crítico católico que también quiere ser fiel al buen cine. Es una historia de un chico homosexual -lo digo sin voluntad de spoilear, el trailer ya lo muestra- en una barriada peligrosa de de Estados Unidos; de esas donde se llaman ‘niggers’ entre ellos, como algo cariñoso, y donde dar una paliza por una mala mirada es lo normal. En un entorno exclusivamente de negros y pobreza, inundado por el negocio de las drogas, un joven que se siente diferente debe crecer y madurar, con toda la violencia que ello implica. De momento, la homosexualidad no es inconveniente, sino todo lo contrario, apela a nuestro corazón y nuestro sentido común, nadie quiere esa incomprensión para el protagonista.

La homosexualidad, o la denuncia de la homofobia, no tiene que ser algo que nos disguste, como católicos, sino todo lo contrario. En muchos sectores de la sociedad -no me refiero exclusivamente al de la Iglesia católica, ni mucho menos- se teme afrontar este tema y el arte nunca deja pasar la oportunidad de hacernos pensar, aunque incomode. Hay gente que se siente atraída por personas de su mismo sexo, esto es innegable y tenemos que abordar esta cuestión; eso sí, jamás lo lograremos con un mero panfleto. No podemos llegar a la conclusión simplista de que la homosexualidad es buena y todo el que diga lo contrario es malo.

Jenkins nos ha traído una historia un tanto ambigua para que evitemos ese tipo de mensaje fácil, aunque todavía dudo de sus buenas intenciones. El filme no ahonda lo suficiente en el debate, en los problemas que generan la violencia en una sociedad supuestamente civilizada o la homosexualidad como diferencia real en un mundo  tan complicado.

Y hasta aquí quería yo llegar, ¿cuál es el conflicto que pretende explicar la película? Abarca mucho y se queda en una pose, la profundidad de la historia que se atisba en “Moonlight” se le escapa a la cámara y al guión. La película se resume en una búsqueda de identidad que, como en todo ser humano, se va concretando a la vez que ejercemos la capacidad de amar: cuando podemos querer a los que nos rodean somos más nosotros mismos, somos más humanos.

Sin embargo, todas esas relaciones humanas no sólo dependen de que le protagonista sea gay -casi no dependen de eso-, sino de otros aspectos importantísimos como la violencia, las drogas y la pobreza. Y eso es justo a lo que menos rato le dedica la película, supongo que tras presentar tantos problemas, no acaba resolviendo ninguno y se queda con una romanticismo best-seller.

Cualquier historia romántica -homosexual o no- en la vida del protagonista se me hacía imposible sin antes explicar como ha resuelto sus amores más primitivos, el de su madre y el de los adultos que lo quisieron cuando era un niño. Aquí es donde destacan, por encima de los demás, los personajes encarnados por Mahershala Ali -a quien espero que le den el oscar al mejor actor de reparto- y por Naomie Harris; a ella no le cuesta cumplir con su papel, pero siempre es un valor añadido tener a una gran actriz entre filmes tan indie. Y aun así, el guión no los ha cuidado suficiente, no les ha otorgado tanto protagonismo a sus personajes.

La educación, la adversidad y el sacrificio, el problema de la homofobia y la cuestión de la homosexualidad; todo queda a medio hacer y debatir en “Moonlight”. Espero que lo que la eleva a ser candidata al Oscar sea su rara y maravillosa fuerza visual y no un tema que enloquece al mainstream y que, por otro lado, no queda resuelto.


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Un comentario

  1. Xavi dice:

    Siento discrepar en cuanto al valor artístico que esta cinta presenta.

    Desde el primer momento y hasta el final presenta una estética aberrantemente amateur. Los personajes quedan a menudo fuera de foco y los movimientos de cámara son bruscos, como si el director fuese tirando del brazo del operador para indicarle donde grabar. Entran flares en la lente continuamente, pero ni siquiera intentan ser bonitos como los de JJ Abrams. Da la sensación de que el presupuesto no les llegaba para un mattebox sencillito. Y tampoco tenían demasiado tiempo para hacer el grading final a toda la cinta.

    Las interpretaciones de Harris y Ali (este último sólo 10 minutitos de trabajo) son correctas, aunque no maravillosas. Pero acaban destacando si las comparamos con los demás intérpretes, en especial los 3 actores que hacen de protagonista. No son precisamente unos Marlon Brandos. Se limitan a imitar cada uno al que ha salido antes.

    El triunfo de esta película es debido al lobby gay. Y los críticos los han seguido en un efecto dominó: como han dicho que es una obra maestra, vamos a seguir diciéndolo, no sea que digan que no sabemos de cine o, aún peor, que nos llamen homófobos. Pero no, esta película sin su contenido gay no sería seleccionada ni para el festival de Villarrebuzno.

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