Que el cine español es malo. Eso opinan muchas personas. Aseguran que, en comparación con las producciones norteamericanas o las del resto del planeta, nuestras obras son recurrentes, nefastas, burdas, deprimentes. Me postulo radicalmente en contra de esa teoría.


De entre todas las fórmulas cinematográficas, sólo aquella que compagina un guión profundo e inteligente con un ritmo narrativo ardoroso termina convirtiendo una película en leyenda.







