De las 200 películas del cine español estrenadas en 2025, 22 estuvieron basadas en casos reales, lo que confirma el auge del cine inspirado en hechos verídicos y en la memoria histórica reciente. Entre las más destacadas se encuentran La Bala, Romería, Te protegerán mis alas y Muy lejos, producciones que han logrado conectar con el público por la fuerza de sus historias y su carga emocional.
Dentro de este panorama sobresale una película del cine catalán con una historia impactante: Balandrau, viento salvaje. La cinta está inspirada en el suceso que conmocionó a todo un país el 30 de diciembre del año 2000, cuando un grupo de amigos se disponía a realizar el ascenso al Balandrau, una montaña situada en el Pirineo catalán. Lo que comenzó como una jornada soleada y aparentemente tranquila cambió en cuestión de minutos de forma imprevisible. Un viento salvaje conocido como el “torb” desencadenó una de las peores tormentas registradas en la zona, sorprendiendo a los excursionistas y convirtiendo la ascensión en una tragedia.
La película relata la historia del grupo y la heroica labor de los bomberos y equipos de rescate que lucharon durante tres días en condiciones extremas para intentar salvar vidas. Está basada en el libro Viento Salvaje: Crónica de una tragedia en el Pirineo, del periodista Jordi Cruz, obra que documenta con rigor los hechos y las consecuencias de aquella catástrofe.

Cabe destacar las sólidas interpretaciones de Bruna Cusí, Marc Martínez, Àgata Roca y Francesc Garrido, quienes aportan profundidad y credibilidad a sus personajes. Sin ser una superproducción, la historia atrapa desde el inicio, que muestra una Navidad en familia y una emotiva petición de matrimonio, reforzando el contraste entre la felicidad cotidiana y la tragedia inesperada.
El mensaje de la película es muy potente: lo que podemos hacer hoy no debemos dejarlo para mañana, porque en cuestión de minutos nuestra vida puede cambiar radicalmente. Es un canto a la vida y a la importancia de valorarla. Asimismo, es un homenaje a los bomberos, voluntarios y miembros de centros excursionistas que se volcaron sin descanso en un rescate que parecía casi imposible. La cinta retrata con gran sensibilidad el dolor y la angustia de las familias que esperaban noticias en el centro operativo, mostrando también el impacto emocional que dejó la tragedia.
Gracias a este suceso se revisaron y mejoraron los protocolos de rescate en montaña en Cataluña y en otras zonas del Pirineo, incorporando nuevas medidas de prevención y sistemas de alerta meteorológica. El único superviviente permaneció 54 días hospitalizado y, años después, regresó de nuevo a la montaña del Balandrau, en un gesto simbólico de superación.
Uno de los mayores desafíos técnicos del largometraje fue recrear el desencadenamiento de la tormenta y rodar las escenas en condiciones que transmitieran la crudeza real de los hechos. Se trata de una película muy dura, comparable en intensidad a ¡Viven! y La sociedad de la nieve, que demuestra que las montañas, aunque majestuosas y bellas, también esconden grandes peligros.







