No es una gran película; es la clásica comedia española de humor negro, pero con mucho mensaje detrás. En una sociedad en la que los valores cada vez están más ausentes, muchas personas traicionarían incluso a su mejor amigo por un ascenso en el trabajo.
En esta película se retrata a unos padres que intentan entrar en un colegio de élite y deben elegir entre un colegio público, donde ya está su hijo, o uno privado que cuesta mucho dinero y que no pueden permitirse, rodeándose además de familias de la alta burguesía. Esto supondría también, quizá, un ascenso en el trabajo del padre.
Llega un momento en el que hay que elegir entre tener un segundo hijo o sacrificarlo todo para lograr la entrada en ese colegio de élite. Destaca la gran actuación de Marian Álvarez y el sarcasmo de Juan Diego Botto. Esta película no cuenta una ficción: retrata muy bien la realidad de las altas esferas de la burguesía, sus comportamientos humanos y su preocupación por el estatus por encima del amor necesario hacia sus hijos.
La película se sostiene gracias a unas interpretaciones notables y a una historia equilibrada. Juega con un humor ácido y con situaciones de enredo que ponen en evidencia las contradicciones de la clase media aspiracional, así como la hipocresía social, con personajes que se retroalimentan mediante la mentira y las apariencias.







