Reconozco el talento de Pedro Almodóvar, que ha hecho 30 películas, pero de todas ellas solo me cautivaron Mujeres al borde de un ataque de nervios, Hable con ella, Átame, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Dolor y gloria y su segunda película, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Es un cine que gusta fuera de sus fronteras, pero creo que perdió esa espontaneidad que tenían sus primeras películas. Todas las películas de Almodóvar tienen algo en común: su música, el movimiento de cámara y, sobre todo, los colores rojos tan característicos de su cine.
Sin ser una gran película, tiene momentos buenos y rescata a su amiga Chavela Vargas con una canción cuya letra interpreta una cantante, además de un gran momento protagonizado por dos de las actrices mientras suena de fondo La Llorona. Con tintes biográficos, en esta película ni se plasma el trabajo de un guionista que, como le dice su compañera: “Los guionistas solo sois capaces de retratar vuestra vida escribiéndola”. La película habla de esas personas que toman pastillas que les ayudan a vivir y a calmar la ansiedad, y que en realidad lo que necesitan es escapar del mundo e ir a una playa a descansar. También habla de una enfermedad poco conocida, como es el ataque de pánico, que el director sufrió en 2003.

Almodóvar siempre ha tenido musas, como en su día lo fueron Carmen Maura o Victoria Abril, y en este caso sostienen la película las grandes interpretaciones de Bárbara Lennie, Victoria Luengo y Aitana Sánchez-Gijón, que está soberbia, junto con Leonardo Sbaraglia en dos escenas finales de alto voltaje que son de lo mejor de la película.
Hay dos tipos de espectadores: a los que les gusta Pedro Almodóvar y su cine, y a los que no, como el crítico de cine Boyero, que en su día tuvo una guerra con él que incluso saltó a los medios. Se puede ver su última película; solo flojea en los últimos cuarenta minutos, pero, en términos generales, está entre las ocho mejores de su filmografía.
Echo en falta que Almodóvar haga, de verdad, una película sobre su propio proceso creativo: cómo concibe y realiza sus películas, cómo transcurren sus rodajes y cuál es su relación con los actores. De algún modo ya ha rozado ese territorio en algunas de sus últimas obras: lo hizo con Dolor y gloria y vuelve a hacerlo, en parte, con Amarga Navidad.







