En 2025 han coincidido dos películas históricas de gran nivel que, sorprendentemente, han pasado casi desapercibidas en los premios de los principales festivales internacionales: Nuremberg y El mago del Kremlin.
Este último largometraje es una adaptación del libro homónimo de Giuliano da Empoli, novela finalista del prestigioso Premio Goncourt, traducida a treinta y cinco idiomas y editada en España por Seix Barral. Aunque no se basa en un caso real concreto, el retrato que ofrece resulta inquietantemente verosímil, hasta el punto de que muchas de las situaciones que describe podrían haber sucedido realmente.
La historia comienza en los años noventa, en plena descomposición de la Unión Soviética y nacimiento de la nueva Federación Rusa. El joven Vadim Baranov (interpretado magistralmente por Paul Dano) empieza a labrarse un camino como artista y productor de televisión en un país convulso y lleno de oportunidades para quienes saben moverse entre bastidores. Su elocuencia, su inteligencia estratégica y su habilidad para conectar con las altas esferas del poder lo llevan a convertirse, casi de la noche a la mañana, en asesor de un agente del KGB con un brillante porvenir político: Vladímir Putin, interpretado por Jude Law.
Desde las entrañas del poder, ambos contribuirán a dar forma a la nueva Rusia del siglo XXI, difuminando peligrosamente los límites entre verdad y mentira, propaganda y realidad, democracia formal y control efectivo. Es la historia de un hombre que supo llegar al centro neurálgico del poder y convertirse en un gran asesor, alguien que movía los hilos en la sombra, entendiendo que en la política moderna la imagen y la narrativa son tan importantes como las decisiones. Como le dice uno de los exiliados que vive en Estados Unidos al protagonista: “Rusia es una cárcel dentro de un país”.

Con una duración de 156 minutos, el metraje podría parecer excesivo, pero se hace sorprendentemente corto debido a la enorme cantidad de temas que aborda, cubriendo más de treinta años de historia reciente. La narración se divide en varios capítulos, entre los que destacan especialmente dos: la caída de los oligarcas que dominaron la economía rusa tras la privatización masiva de los años noventa, y el funcionamiento de la llamada Agencia de Investigación de Internet, encargada de influir y manipular redes sociales, amplificando mensajes y haciéndolos virales a escala global.
En el plano personal, la actriz Ksenia se enamora del protagonista, mientras este entabla amistad con un poderoso banquero. El dinero y el poder ejercen una atracción irresistible, casi magnética. Ella abandona a su pareja para unirse al banquero; sin embargo, cuando el llamado “Mago del Kremlin” deja de gravitar en su órbita, regresa junto a él. La relación con el poder es adictiva, afirma el personaje interpretado por Paul Dano en una de las frases más contundentes del filme, y la película lo retrata con precisión quirúrgica: desde el propio Putin hasta sus colaboradores y los multimillonarios que orbitan a su alrededor, todos viven bajo la lógica de la lealtad absoluta; quien no está dentro del sistema corre el riesgo de ser apartado… o algo peor.
El trabajo de Paul Dano (actor de la gran película Pequeña Miss Sunshine) es sobresaliente, y su interpretación destaca por su profundidad y matices; la fotografía, por su parte, es elegante y cuidadosamente compuesta. La dirección corre a cargo de Olivier Assayas, quien demuestra nuevamente su maestría tras obras tan destacadas como Carlos (2010) y Las horas del verano (2008).

Resulta especialmente curiosa la escena en la que Vladimir Putin sale a correr todas las mañanas; después va a nadar y más tarde desayuna en solitario junto con su cocinero. Mientras tanto, las calles permanecen completamente despejadas durante treinta minutos, como si la ciudad contuviera la respiración, para garantizar su seguridad antes de su llegada al Kremlin.
El final es impactante y deja una reflexión amarga: cuando se ha estado en la cúspide del poder y se han acumulado demasiados secretos, empezar una nueva vida resulta casi imposible. El llamado Mago del Kremlin, que manejaba la política, el país y ejercía enorme influencia para mantener alta la popularidad de Putin, descubre que el poder no solo transforma el mundo exterior, sino que marca para siempre a quien lo ejerce.
Gran película, con un guion sólido, ambicioso y necesario. Una obra que exige atención constante —porque la densidad de información es enorme— y que merece ser vista para comprender mejor los mecanismos del poder en las últimas décadas.







