Uno de los mejores directores de documentales de España es Juan Luis Guerín, quien ya en 2001 nos deleitó con uno de los mejores trabajos del género en nuestro país, En construcción, y que ahora se ha superado con creces respecto a su obra maestra de hace veinticinco años.
Nos habla del barrio de Vallbona, situado en el extrarradio de Barcelona, aislado por un río, vías férreas y autopistas. Un barrio que vive el tránsito del mundo rural al urbano, preservando formas de vida erradicadas del centro. Una memoria gestada en la supervivencia y en las luchas vecinales. Historias del buen valle quiere mostrar también unas formas de vida que solo son posibles en este espacio híbrido y todavía asilvestrado, aún por urbanizar. Ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián.
Es una historia de la gente que vive en este barrio, de sus conversaciones sencillas y de cómo su director logra que los más de cincuenta personajes que aparecen en el documental, sin ser profesionales de la interpretación, no parezcan condicionados por la presencia de una cámara frente a ellos. Un trabajo laborioso: un documental que tardó tres años en rodarse. Se respira humanidad en esta historia de gentes sencillas, muchos de ellos inmigrantes, acompañada de una fotografía que cautiva aún más por su gran dimensión. De fondo, el agua, el tren que atraviesa el barrio, la música, el acordeón, la guitarra, el baile.

Qué gran escena la de una hija que le pregunta a su padre si habla con las plantas. Qué magnífica tertulia la de unos hombres desayunando con un porrón de vino, butifarras, atún y boquerones; cuántas palabras sabias entre ellos, qué conversaciones de sabios de la vida: «Tengo 91 años y a mí que no me cuentes cosas de indios». Solo el encuentro de estos personajes daría para otro documental. Qué emotividad la de la mujer junto a su marido en pleno proceso de alzhéimer; ella le toca el piano y le dice: «Cuando te hablo en italiano te pones cachondo», y los dos se abrazan. Qué escena más grande.
Dura dos horas este documental y, si se queda corto, es porque te atrapa no solo la historia de todos los personajes que van apareciendo, sino también la manera en que está narrado, muchos retratados desde los balcones, desde los huertos, en el río. ¿Cómo es posible que este documental, que puede estar entre los 500 mejores de los más de 9.000 que tengo en mi base de datos, no haya sido finalista en los Goya, los CEC, los Feroz o los Forqué? Sin lugar a dudas está en el podio de los tres mejores documentales de 2025.
Cuántas historias se pueden contar de pequeños pueblos, de barrios, de sus gentes. Como decía el crítico Juan Orellana en la presentación de un libro: “con tener una cámara en una parada de autobús durante toda una tarde, saldrían historias maravillosas” como este documental. Necesidad absoluta de verlo y deleitarse con él por el gran aroma de humanidad que desprende.







