Nos llega una de las mejores películas que retratan la enfermedad del alzhéimer, contada desde el punto de vista de la propia familia y centrada en el día a día de un proceso que se extiende durante seis años. Es la primera película de la directora Marta Matute, quien plasma su propia experiencia con una mirada íntima y honesta. La historia está protagonizada por Julia Mascort, que con tan solo 18 años sostiene el peso emocional del relato, mostrando cómo vive este proceso con dolor, rabia y una resistencia inicial a asumir un papel heroico que no desea.
La enfermedad de la madre irrumpe como una tormenta silenciosa que obliga a redefinir los roles dentro de una familia que llevaba tiempo desconectada. Entre el deber de cuidar y el deseo de vivir como cualquier chica de su edad, la protagonista transita un camino lleno de contradicciones. No quiere quedarse en casa ni renunciar a su juventud, pero poco a poco, a través de la madurez, va encontrando cierta paz y su propio camino en medio del caos emocional.
La actuación de Sonia Almarcha, que atraviesa un gran momento interpretativo, es sobresaliente. Destaca especialmente la escena en el restaurante durante su cumpleaños: incapaz de hablar, perdida en su propio mundo y en la enfermedad, construye un momento tan duro como profundamente hermoso.

A pesar de contar con un reparto poco conocido —salvo la propia Almarcha— y de tratarse de una directora debutante, la película logra construir una historia sencilla y cotidiana que funciona también como homenaje a tantas familias que han cuidado durante años a un enfermo de alzhéimer en casa. Familias que, sin recursos económicos suficientes, asumieron el peso del cuidado por responsabilidad y amor. La película habla de esos vínculos, de los conflictos internos, de un padre silencioso que apenas habla pero siempre asiente, y de una hija que intenta sobrevivir escapando los fines de semana, ya sea bailando o buscando historias de amor.
Ganadora de la mejor película en el Festival de Málaga, la obra puede parecer irregular en sus primeros 45 minutos, que quizá no anticipan su reconocimiento. Sin embargo, en su segunda mitad logra redondearse y alcanzar toda su dimensión, demostrando que algunas historias necesitan ser contadas con calma y sencillez para desplegar toda su fuerza. Es una película de grandes actuaciones, buen guion y montaje sólido, donde el trabajo de Mascort y Almarcha eleva el conjunto. Sin duda, tiene méritos para situarse entre las 50 mejores películas de 2026 y en el podio de las temáticas del alzhéimer, encabezado por El hijo de la novia (2001), Siempre Alice (2014) y Vivir dos veces (2019).








