Bajo un manto de estrellas

21/02/2014

La acción se traslada a un convento dominico en julio de 1936, no para una película “de la Guerra Civil”, sino “en la Guerra Civil”. Dentro de la modestia de una obra llevada a cabo con muy poco presupuesto, el director nos ofrece un producto cinematográfico que tiene el coraje de proclamar la verdad de unos hechos históricos, como homenaje a los mártires que derramaron su sangre, pero, como ellos mismos, totalmente carente de acritud ni rencor.


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ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET

Película: Bajo un manto de estrellas.
Dirección: Óscar Parra de Carrizosa.
País: España.
Año: 2013.
Duración: 91 min.
Género: Drama, histórico.
Interpretación: Manuel Aguilar (Padre Ángel Marina), Zack Molina (Fray Francisco Santos), Sergio Raboso (Padre Pedro), Juan Salcedo (Fray Sebastián Saiz), Víctor Merchán (Hermano Fernando García), José Antonio Ortas (Daniel García), Pablo Pinedo (Hermano Arsenio de la Viuda).
Guión: Óscar Parra de Carrizosa y Gema G. Regal.
Producción: Gema G. Regal y Daniel Sánchez Pineda.
Música: Raúl Grillo.
Fotografía: Diego Silva Acevedo.
Montaje: Óscar Parra de Carrizosa.
Vestuario: Modesta Pérez.
Distribuidora: Proyecfilm.
Estreno en España: 14 Febrero 2014.


SINOPSIS

Verano de 1936. El convento dominico de Almagro se vacía en los primeros días del mes de julio. Novicios y estudiantes son enviados a diversos lugares de España para pasar las vacaciones, reduciéndose así los habitantes del edificio a una veintena de frailes de todas las edades. El 18 de julio, el ejército de África se levanta en armas contra el gobierno de la República, lo que supondrá, por las circunstancias políticas del momento, una severa amenaza para los religiosos. En el nerviosismo expectante de los primeros días, la cosa no pasó de visitas molestas e indagaciones suspicaces, pero cuando presenciaron el incendio de la cercana parroquia Madre de Dios, ya no les cupo duda de la tormenta que se cernía sobre sus cabezas. Comenzaba así una épica historia de sacrificio, sufrimiento, fe, amor y perdón que dejaría escritos, a sangre y fuego, sus nombres en la Historia.


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CRÍTICAS

[Mª Ángeles Almacellas – CinemaNet] 

Julio de 1936. Convento de los dominicos en Almagro. A la comunidad llegan, confusas, noticias sobre el levantamiento militar en algunas plazas de España. Daniel García, el alcalde, no quiere tomar partido hasta saber exactamente de qué lado se decantará el poder. El Presidente del Ateneo Libertario y unos cuantos “camaradas” se convierten, de hecho, en la máxima autoridad de Almagro, uno de cuyos principales objetivos es el saqueo y la quema de iglesias y la persecución religiosa. Pronto los dominicos son detenidos, maltratados, humillados y, finalmente, asesinados.

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La película narra con rigor histórico los hechos acaecidos en el pueblo manchego, el martirio “bajo un manto de estrellas”, de unos jóvenes dominicos, junto al prior y sus formadores. Pero, como afirma el director, no es una película de la Guerra Civil, sino en la Guerra Civil. El tema de la historia es el martirio de los dominicos, en un marco histórico concreto, pero sin ningún juicio político. Y ni tan siquiera, por lo que vemos en escena, se puede uno hacer una idea de qué pudiera estar sucediendo en otras zonas de España. Se habla de comunicaciones cortadas en el norte y que los novicios podrían viajar hacia el sur, pero de eso no se puede inferir nada más. En definitiva, se trata exclusivamente del drama personal de unos hombres que murieron por su fe y que, ante sus verdugos no tuvieron más que palabras de amor y perdón. Y eso es lo que nos transmite el film: firmeza en la fe hasta la muerte, amor sin límites y capacidad de perdón como respuesta al odio y la violencia.

La acción puede parecer a veces demasiado lenta, pero es que lo que se está mostrando es la vivencia de unos hombres paralizados de terror, pero firmemente decididos a defender su fe hasta la última gota de sangre. Así el ritmo que llevan algunas escenas es el tempo lento del miedo que desborda en lágrimas pero con la calma y la seguridad del que siente cercana la presencia del Dios en el que cree. También los diálogos hay que entenderlos en este contexto: los formadores no pueden por menos que mantener la calma porque se sienten obligados a velar espiritualmente por los jóvenes a ellos encomendados. Por eso les hablan mucho, para no dar lugar a los espacios en que el espanto pudiera vencerlos y sumirlos en el vacío de la soledad.

Lo estremecedor es que estamos ante una historia real, que el hondo drama humano que se describe no es fruto de la imaginación de un guionista, sino que está fielmente basado en testigos presenciales y documentos fehacientes. La película tiene, además, el mérito de haber sido rodada en los mismos lugares en que se produjeron los hechos, lo cual le presta todavía más verosimilitud al relato.

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Algunos de los actores principales se involucran hasta tal punto que el espectador ya no puede distinguir entre la realidad y la ficción. En este sentido es muy curioso y hasta desconcertante, después de los sentimientos de repulsa que despierta el personaje del Peco, encontrarse cara a cara con la mirada limpia y la sonrisa noble de Antonio Esquinas, que lo encarna en la pantalla. Manuel Aguilar y Pablo Garrido están convincentes como Prior y Padre Garrido, así como Julián Teurláis, José Antonio Ortas y Kiko Gutiérrez, entre otros, en sus respectivos papeles. Pablo Pinedo conmueve con su entrañable Hermano Arsenio, que soporta pacientemente todas las humillaciones.

En el grupo de los jóvenes dominicos, se percibe la emoción de los actores por estar narrando algo que les concierne, de representar unos personajes con los que se han identificado totalmente. De ahí que muchas escenas estén impregnadas de ingenuidad, de candor, de la limpieza de espíritu de esos muchachos que supieron morir musitando una oración o gritando “¡Viva Cristo Rey!”, siempre proclamando su perdón lleno de amor.

Dentro de la modestia de una obra llevada a cabo con muy poco presupuesto, Óscar Parra de Carrizosa nos ofrece un producto cinematográfico que tiene el coraje de proclamar la verdad de unos hechos históricos, como homenaje a los mártires que derramaron su sangre, pero, como ellos mismos, totalmente carente de acritud ni rencor.


[Jerónimo José Martín – COPE]

Hace ocho meses se estrenaba Un Dios prohibido, del salmantino Pablo Moreno, notable recreación de la recta final de los claretianos, el obispo y los laicos martirizados en Barbastro en agosto de 1936. Tras la modesta pero exitosa carrera comercial de esa película, se estrena ahora Bajo un manto de estrellas, del madrileño Óscar Parra de Carrizosa (Uno de vosotros me traicionará, Abrázame, No quiero ser recuerdo, El expediente Belchite), también centrada en la sangrienta persecución religiosa —más de 10.000 asesinados por su fe— que se desencadenó en el bando republicano durante la Guerra Civil española. Concretamente, relata el martirio de los 27 sacerdotes, estudiantes, hermanos cooperadores y novicios, algunos casi adolescentes, del convento de la Asunción —también llamado de las Calatravas—, sede de la casa de estudios mayores, el noviciado y la escuela apostólica de humanidades de los dominicos de Almagro (Ciudad Real).

El 21 de julio de 1936, sólo tres días después del levantamiento del ejército de África, varios miembros del Ateneo Libertario del pueblo quemaron la iglesia de la Madre de Dios y comenzaron a inspeccionar, acosar y maltratar a los dominicos. Aunque el alcalde socialista Daniel García Pozo intentó protegerlos o sacarlos del pueblo con salvoconductos —tras quedarse con los fondos económicos del convento—, finalmente fueron detenidos el 25 de julio por los anarquistas bajo absurdas acusaciones de posesión de armas y complot contra la República. Tras varios días encarcelados en una casa particular, tres de ellos fueron fusilados el 31 de julio en la estación de Miguelturra durante su supuesto traslado a Ciudad Real, y otros tres fueron asesinados el 8 de agosto en el cementerio de Manzanares, después de ser castrados por una mujer. Los menores de veinte años fueron enviados a Madrid, donde también fueron asesinados, más tarde, en Paracuellos del Jarama. La noche del 13 al 14 de agosto los catorce restantes fueron fusilados en El Picado, un descampado a dos kilómetros de Almagro. Cuatro de ellos ya han sido beatificados, y el proceso de los demás está muy avanzado.

Bajo un manto de estrellas tiene una estructura similar a la de Un Dios prohibido y, como ella, se basa en una rigurosa documentación histórica. En concreto, ha contado con el asesoramiento del sacerdote diocesano Jorge López Teulón, el padre José Antonio Martínez Puche O.P. y el padre Vito Gómez O.P., Postulador de la Causa de los dominicos en Roma. El filme de Óscar Parra de Carrizosa también toma como puntos de referencia fílmicos De dioses y hombres, del francés Xavier Beauvois, y Encontrarás dragones, del inglés Roland Joffé. De modo que deja a un lado el análisis político de la Guerra Civil, huye del revanchismo, matiza bastante a los personajes republicanos y subraya sobre todo el heroico testimonio de fe, amor de Dios y perdón de los dominicos asesinados. En este sentido, destacan los personajes del Maestro de Novicios Pedro López (Sergio Raboso) —que desarrolla una profunda reflexión teológica sobre el martirio cristiano— y del anarquista Luisito —muy bien interpretado por el vallisoletano Kiko Gutiérrez—, que se opone a la matanza. El resto de los personajes, aunque tienen sus momentos emotivos o salvajes, están sólo esbozados, y alguno desentona un poco por su excesivo tono melodramático, como el llorón Hermano Mateo de Prado, interpretado por Antonio Meléndez Peso. Por el contrario, saben a poco las apariciones del Hermano Arsenio de la Viuda, el cocinero del convento, interpretado por Pablo Pinedo, que podría haber oxigenado la trágica historia con algunas gotas más de humor costumbrista.

Esta cierta irregularidad narrativa e interpretativa se compensa en parte con la fluida puesta en escena de Óscar Parra de Carrizosa, que saca partido a los bellos escenarios reales en los que ha rodado y a los modestos pero eficaces efectos especiales, especialmente al del interior de la quemada parroquia de la Madre de Dios. También ayuda la sugerente banda sonora de Raúl Grillo. Queda así una apreciable película low cost —como las denomina Enrique González Macho, el Presidente de la Academia de Cine—, con meritorios esfuerzos formales y de fondo, y que ofrece otro valioso testimonio histórico y espiritual sobre unos hechos a la vez lamentables —por el fundamentalismo ateo de los verdugos— y admirables —por el conmovedor testimonio de fe de las víctimas—, habitualmente obviados por la filmografía sobre la Guerra Civil española. “No han pasado tantos años desde que sucedieron estos hechos —ha señalado Óscar Parra de Carrizosa—, y llama la atención que hubiera gente capaz de morir por amor a Dios. Hoy, cuando todo el mundo pierde la cabeza por un móvil de última generación, atrae la fuerza de estos hombres, muchos de ellos casi adolescentes, que prefirieron morir antes que renegar de su fe, que se dejaron matar y morían perdonando. Eso es lo que queremos mostrar en esta película”. Y eso es lo que muestran.



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