Un caso real de un matrimonio de mediana edad que pierde su casa por desahucio y decide emprender impulsivamente una caminata de 630 millas a lo largo de la costa suroeste inglesa; caminata complicada por el reciente diagnóstico al marido de una enfermedad neurodegenerativa terminal. Como le dijo la mujer a su marido, caminaremos e iremos pensando qué haremos con nuestra vida. Me recuerda a los monjes Tendai, una rama del budismo que encontramos en las montañas en las afueras de Kioto. Cada mañana, durante 100 días, los aspirantes corren y caminan a lo largo de 30 kilómetros por las montañas cercanas, mostrando su entrega en los santuarios repartidos por todo el paisaje circundante. La mañana del día 101, tienen que elegir: detenerse y pasar a formar parte de la orden o seguir corriendo hasta los 1.000 días, con un total de 38.400 kilómetros recorridos para alcanzar la iluminación.
El recorrido de este matrimonio es duro, con pocos medios y poco dinero, pasan días muy duros pero, como dice el marido, antes teníamos un hogar, pero ahora tenemos libertad que antes no teníamos, y ella le contesta “tú eres mi hogar”. Sin ser una gran película, detrás de ella hay un gran mensaje: cómo dos personas podían parar el tiempo todos los días, no tenían prisa, paraban, se bañaban en las playas, miraban los paisajes, pájaros y estaban rodeados de naturaleza. De las notas de viaje se hizo un libro que fue un bestseller.







