Las cintas de acción no suelen ser conocidas por sus profundos guiones ni sus mensajes en pro de los valores, pero a veces hay películas y hasta sagas que van a contracorriente y podemos no caer en ellas a simple vista, pero aquí estamos para recuperarlas y recordarlas, además de reconocer sus aportaciones al humanismo.
Una de ellas es la excelente “saga Bourne”, compuesta por cuatro películas hasta la fecha, todas protagonizadas por Matt Damon, más una no protagonizada por dicho actor que no comentaremos aquí.
Las tres primeras de Damon suponen un “bloque” narrativo muy consistente, con una cuarta entrega entretenida pero que no llega a los altos niveles de las tres, por eso nos centraremos en la trilogía “original” (la cuarta se hizo por petición de los fans, no tanto por adaptación de novelas, como pasó con las tres primeras).
Comenzamos en 2002 con El caso Bourne, con guion de Tony Gilroy y W. Blake Herron y dirigida por Doug Liman. En ella se nos contaba cómo “un hombre amnésico es rescatado por la tripulación de un barco pesquero italiano cuando flota a la deriva en el mar. Carece de identidad y de pasado, pero posee una serie de talentos extraordinarios que sugieren una profesión de riesgo”.
Con esa base tenemos a Jason Bourne (Matt Damon), un protagonista que despierta en medio del mar y no sabemos nada de él, pero no tiene pinta de que vaya a ser malo ni peligroso. Es verdad que conforme avanza el metraje vemos que tiene habilidades muy especiales que sí que lo pueden hacer peligroso, pero en realidad también vemos que no las usa contra inocentes ni busca atentar contra la propiedad pública o privada, se limita a investigar quién es y qué le ha pasado. Por ahora no hay sospechas (excepto para los que conocen la novela original, claro) de que pueda ser un villano.

Cuanto más avanza la cinta, y con la ayuda de Marie (Franka Potente), vemos más datos que llevan a la alarma: Bourne fue contratado para hacer un trabajo “sucio” que implicaba un asesinato, pero a la vez vemos otro dato que lleva a la tranquilidad: cuando más conoce de su pasado, más inquieto se le ve y además rechaza lo que supuestamente hizo. Es decir, Bourne no acepta la violencia que va descubriendo sino que quiere dejarla atrás.
El paso definitivo llega cuando ve a una familia (padre y dos hijos) y los niños están durmiendo. La reflexión hacia Marie es elocuente: “Ya no quiero saber quién soy, me da igual, no quiero saberlo, quiero olvidar todo lo que he averiguado, me da igual quién fuera y lo que hice. Tenemos el dinero, podemos ocultarnos, ¿hay alguna posibilidad de que puedas ocultarte?”. Posteriormente, a punto de llegar el clímax, nuestro protagonista se enfrenta a Alexander Conklin (Chris Cooper), su antiguo superior, y le deja las cosas claras:
Jason Bourne: “No quiero seguir en esto”.
Alexander Conklin: “Eso es algo que no puedes decidir tú”.
J.B.: “Jason Bourne está muerto, ¿me oyes? Se ahogó hace dos semanas, dile a todo el mundo que Jason Bourne murió, ¿queda claro?”
A.C.: “Sí, ¿y adónde vas a ir?”
J.B.: “Te juro por Dios que si noto que me sigue alguien no te imaginas la rapidez y la crueldad con la que apareceré en tu puerta. Ahora estoy en mi propio bando”.

El problema para Bourne es que hay mucha gente interesada en que no se oculte y rinda cuentas, pero eso ya es historia de la segunda y tercera entregas, en las que pensaba que había dejado atrás su pasado. Tiempo después, atormentado por pesadillas y por partes del pasado que no consigue recordar, Bourne y Marie se trasladan de una ciudad a otra, viviendo de manera anónima y clandestina. Pero Kirill, un implacable asesino relacionado con su pasado, reaparece y obliga a Bourne a emprender una huida por diversas ciudades europeas, en el transcurso de la cual descubrirá escalofriantes informaciones sobre actos cometidos por él.
La secuela y la tercera entrega se centran en contar cómo su pasado le puede perseguir y que hay gobiernos obsesionados en “atar cabos sueltos” sea de la forma que sea, sin importar medios. La consecuencia será que Bourne, como juró, reacciona y decide exponer todas las prácticas cuestionables del Gobierno para que se sepan así como vengar el dolor que le hacen pasar.

La saga entera es sobre el descubrimiento de la verdad y de que la maldad no es algo intrínseco de las personas. Es verdad que tendemos al pecado y la naturaleza humana siempre es tentada por el mal por la constante presencia del demonio, pero también que siempre podemos elegir y redimirnos del mal que hagamos. Jason Bourne al principio eligió ser un sicario, pero por un “bendito” accidente que casi le cuesta la vida se redime. Se podría decir, como escribió San Agustín, “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!”, que aquí se podría adaptar a “feliz accidente que provocó la redención de un asesino”. El principal mérito de la saga es hacer ver que hasta alguien con un propósito tan oscuro como Bourne puede redimirse, eso sí, hace falta la voluntad para ello.
Para los que deseen disfrutar de la saga al completo, aquí tienen los datos: en formato físico las cuatro películas que protagoniza Matt Damon se pueden encontrar a la venta tanto por separado como en pack juntas. Si se quieren ver online, se pueden disfrutar en Amazon Prime Video, Apple TV, Google Play, Rakuten TV, SkyShowtime y Tivify.