La Academia de Cine debería dar un premio al cine rural, que en los dos últimos años está aportando películas maravillosas; en 2024 Camino de la suerte, que versa sobre el amor en la vejez; o La abuela y el forastero, que trata sobre inmigración, en 2025. La tierra de Amira, con temática de bondad o La tierra negra, sobre un molino y sus gentes. Nos llega una película sencilla que retrata la vida de un pueblo, Consuegra (Toledo), con una boda pactada en la que los contrayentes se divorcian al mes. Él es un hombre bueno, hasta que en la luna de miel en Motril (Granada), se da cuenta de que la vida no solo es trabajo y ahorrar, hay que disfrutar y los días siguientes son los más felices de su vida y como dice en su luna de miel: “creía que era un hombre de secano”.
De las 200 películas del cine español que se estrenan, casi unas 60 no llegan nunca a pantallas y otras cuarenta son comedias de poca monta; nos llega ahora una película que pasará sin pena ni gloria por las pantallas, bien contada, de dos personajes que ya tenían su vida perdida, un solterón y una mujer con mala suerte. Como suele pasar en las relaciones humanas de pareja, los polos opuestos se atraen y los dos se necesitan para llenar este vacío diario de poder mirarse a los ojos, abrazarse y hablar de la vida.
No es una gran película, pero sales del cine feliz porque te han contado una historia llena de ternura, con el debut del director Pedro Cenjor, una bonita historia de amor, narrada con mucha sencillez. Destacar el gran papel de Elena Furiase que es la novia y está embarazada de otro hombre y en una de las escenas más bonitas de la película, el novio le pregunta quién es el padre y ella le contesta “¿Quieres ser tú el padre?”. Y cómo no, los chismes del pueblo, sobre lo que cuentan del novio y la novia antes de casarse le dan un toque de salsa y hasta aparece el azafrán de Castilla La Mancha.







