Miércoles 25 de febrero

Crónica de la quinta clase del curso de cine: ‘Ángeles y demonios en el cine de Manuel Marín Cuenca’
El profesor de hoy: Juan Orellana Gutiérrez de Terán
Para presentar al cineasta, el profesor nos hizo una pequeña aproximación biográfica desde su juventud, como alumno de Filología hispánica en la Universidad de Granada, aficionado a la literatura y con posibilidades de convertirse él mismo en escritor. Pero el cine se cruzó en su camino y se fue a Madrid para estudiar en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.
Eso no significó que abandonara del todo su vocación literaria, pues nunca ha dejado de participar en relatos –nos explicó el profesor–, ha traducido libros y ha publicado una novela, El ángel de la pisa.
Antes de hacer su primera película en 2001, el documental El juego de Cuba, pasó varios años formándose en todos los puestos de un rodaje. Cuando se estrenó El juego de Cuba, los reconocimientos y premios que recibió supusieron un estímulo para emprender una carrera de cineasta. Aunque después, ya a partir de 2003, se dedicara a hacer ‘ficción’, ha conservado muchas de las mecánicas del documental.
Orellana nos habló del estilo de Martín Cuenca, aunque, añadió con el tono de humor que caracteriza al profesor, el cineasta mantiene que él no tiene un estilo definido, sino que cada obra suya surge en el momento, con sus características concretas. Su cine es ‘un cine en construcción’.

Como quiera que sea, puédasele o no llamar estilo propio, Juan nos habló de algunos rasgos recurrentes, como la limpieza en la puesta en escena, en el sentido de que el director quita de la escena todo lo que resulte superficial y se queda con lo esencial. Por eso –nos siguió explicando–, se entiende perfectamente lo que pretende narrar en sus películas, no hay lugar para la confusión.
También nos habló de la importancia que le da al silencio en sus películas, pues puede llegar a ser más elocuente y explícito que la música para acompañar una escena.
Nos resultó muy curioso el orden de trabajo de Martín Cuenca, según nos fue diciendo el profesor: primero elige las localizaciones y las vive a fondo, deja que los ambientes le envuelvan y le conmuevan, y a continuación empieza a escribir la historia que va a narrar. De este primer relato surgirá el guion y, más tarde la película.
La figura que el profesor nos iba acercando de Martín Cuenca era la de un enamorado de su trabajo, que busca cada detalle, cada matiz, para dar a luz la obra que tiene en su mente. El personaje del cineasta nos estaba resultando muy interesante y hubiéramos querido poder profundizar más en los temas más destacables en su cine, así como en las características de sus personajes, pero el tiempo transcurría y había que adentrarse en su filmografía.
Orellana nos habló de cada uno de los siete largometrajes de Manuel Martín Cuenca estrenados hasta el momento. Y nos hizo la confidencia de cómo él mismo se sintió fascinado por la primera película de Martín Cuenca, La flaqueza del bolchevique, de 2003, basada en la novela homónima del escritor Lorenzo Silva.
A medida que el profesor nos resumía el argumento y nos esbozaba un análisis del film, se nos despertaba un enorme deseo de volver a verla (o por primera vez quien no la hubiera visto antes), para disfrutarla con los datos de los que dispondríamos a partir de la clase.
Siguió con su filmografía por orden cronológico: Malas temporadas (2005); La mitad de Óscar (2010) –primera película que se produjo él mismo–; Caníbal (2013), que, a pesar de las explicaciones conciliadoras de Orellana, produjo un cierto escalofrío en todos los presentes; El autor (2017) –inspirada en un relato de Javier Cercas, El móvil– cercana a la comedia.
Finalmente, sus dos últimas películas: La hija (2021); y El amor de Andrea (2023).
Muchas de las explicaciones del profesor se apoyaban en proyecciones de las respectivas películas. Los clips nos sabían a poco porque hubiéramos querido ver la película entera. Por eso, no es de extrañar que, en el momento del coloquio, más que preguntas había declaraciones de las ganas que nos había despertado de ver películas de Manuel Martín Cuenca.

Disfrutamos mucho esa clase y ya nos preparamos para adentrarnos, el próximo miércoles 4 de marzo, en el cine de otra directora española: Arantxa Echevarría.







