El mejor año de la historia del cine español en películas basadas en casos reales de mujeres y el deporte, Corredora y Pioneras que querían jugar, son dos grandes largometrajes, y ahora nos llega Karateka, que, de todas las películas estrenadas del cine español, sin lugar a dudas, es la mejor y con diferencias respecto a La bola negra y El ser querido. Basada en un caso real, el de Sandra Sánchez desde sus inicios humildes desde Talavera de la Reina, desafío todas las convenciones hasta convertirse en la mejor de la historia en la categoría de kata femenino individual al ser número 1 del ranking por la Federación Mundial de Karate después de permanecer durante seis años consecutivos como líder de la clasificación mundial.
Es más que una película: es un mensaje de vida, de fortaleza y de nunca rendirse. La protagonista estuvo un año entrenando para hacer más creíble su papel y merece el Goya. Desde el minuto uno te atrapa, no solo por la historia, sino por la forma en que está narrada. Cuando viaja a Taiwán para mejorar su técnica y convertirse en campeona de España, la película entra en una nueva dimensión y alcanza su clímax. Conoce a un maestro que le da el empujón final y descubre en ella que era intensa y una ganadora nata, pero tenía su corazón y su alma contenidos. Para mejorar este aspecto, tenía que aplicar dos cosas en su cuerpo: sonreír y relajarse. Los entrenamientos eran tan duros que su maestro le colocaba una arma blanca japonesa afilada como un cuchillo en la cabeza, a pocos centímetros, para que su concentración fuera perfecta.

La persona más importante de su vida fue Jesús del Moral, interpretado por Patrick Criado, que borda su papel. Fue su entrenador, quien la llevó a la cima, y sus inicios con él fueron de alto voltaje: no la quería entrenar, no aceptaba gente de competición, y ella estuvo tres días esperando enfrente de su centro de karate y dormía en su coche para poder entrenar con él. Llegó a lo más alto: 13 medallas de oro, Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales y europeos. La película también nos retrata la amistad de Sandra con su rival japonesa, que siempre era la ganadora. En uno de sus encuentros le dijo: «Desde que te conozco, ya no trabajo con las piernas ni los brazos, sino con la cabeza». Sandra emprendió un viaje imposible: conquistar el oro olímpico a los 39 años y redefinir el significado de la perseverancia en un deporte en el que los más veteranos se retiran a los 30 años y que siempre habían dominado los japoneses. Estos reconocieron su valía y sus logros, y recibió la Condecoración del Ministro de Asuntos Exteriores de Japón, un prestigioso galardón otorgado en reconocimiento a su brillante trayectoria deportiva y a su gran labor para promover la cultura japonesa y el intercambio a través del kárate.
Más que una película sobre deporte, ‘Karateka’ es una gran aventura humana. La historia de una mujer que decidió desafiar todos los límites cuando parecía demasiado tarde para hacerlo. Un relato en el que conviven la rivalidad con la amistad y el drama, y la frustración con la tenacidad, de sueños, pero también de heridas, de miedos, de caídas y de todas esas veces en las que tienes que volver a reconstruirte para seguir adelante. Un relato de perseverancia, amor y superación. Construye un universo visual poco habitual en el cine español, combinando la espectacularidad de la ejecución de los katas con una puesta en escena memorable.

Karateka tiene todos los elementos de una gran película: historia real, un gran guion, dirección, fotografía y una actriz principal que no solo deslumbra con los movimientos de su kárate, sino que enamora en la pantalla por tanta belleza en su actuación y hace creíble su personaje. El cine es emoción y, en el pase de prensa, varios críticos aplaudieron y otros, como un servidor, salieron llorando, y esto ocurre pocas veces. Merece ser finalista del Goya, merece ganarlo, pero ya se sabe que la Academia nunca premia a las mejores películas.















