El erizo (título original francés: Le Hérisson, 2009) es la adaptación cinematográfica de la novela La elegancia del erizo de Muriel Barbery. La película fue dirigida por Mona Achache, actriz, guionista y directora francesa de origen marroquí especializada en teatro y literatura. El Erizo tuvo un gran éxito de público y de crítica y, pese a ser su primera película, estuvo premiada en los festivales de cine de Valladolid, de El Cairo y de Seattle donde recibió también el galardón que concede el público.
La película es una asombrosa y original adaptación de la novela que refleja a la perfección la vida de la superdotada Paloma, niña de 11 años, y de Renée, la portera viuda. Ambas son dos almas solitarias que acaban encontrándose gracias a la presencia amable de un nuevo inquilino japones. Es a través de la mirada de este personaje como ambas descubren la belleza de la vida cotidiana.
El guion es de la propia Mona Achache, y transmite la soledad e incomprensión de la niña que decide suicidarse cuando cumpla los doce años y el aislamiento amargo de una portera invisible para todos los vecinos del edificio que regenta. La amistad entre ambas, gracias a la presencia amable y delicada del nuevo vecino japonés, les hará ver la vida de otra manera.

La música de Gabriel Yared así como la estupenda fotografía de Patrick Blossier permiten al espectador bucear en los sentimientos de las protagonistas de la obra.
Está interpretada por unos magníficos Josiane Balasko en el papel de Renée Michel, portera de la finca; Garance Le Guillermic como Paloma, maravillosa en su papel de niña superdotada; Togo Igawa, en el papel del señor Kakuro Ozu, el atento y cortés japonés que les devuelve a la vida y las ayuda a ver la belleza interior de las personas y Anne Brochet, en el papel de madre histérica, la antítesis de lo que desea su hija problemática. La pequeña, con planes de suicidio, desea vivir la vida fuera de la pecera del mundo superficial que observa en los ricos de la finca y en su propia familia. Y la empieza a vislumbrar gracias al contacto con la portera que, con su apariencia vulgar y poco atractiva, esconde una mujer cultivada que lee a escondidas obras de literatura y filosofía mientras enciende la tele para que los vecinos piensen que es el prototipo de portera ignorante. Un elegante erizo, del que solo se ven las púas si uno se descuida.
El Erizo es un cine elegante e inteligente como la obra escrita por Muriel Barbery, profesora francesa de filosofía. La novela, publicada en el 2006, vendió más de un millón de ejemplares en Francia. Estuvo más de 30 semanas en la lista de libros más vendidos y ha sido traducida a 30 lenguas.

La adaptación de la obra, sobresaliente al decir de los críticos, no era nada fácil dado que la novela es como un tratado filosófico en forma de diálogo o monólogo interior de dos personajes que, en su soledad, van reflexionando sobre lo que les rodea: el sentido de la vida, el sufrimiento, la amistad… Difícil de plasmar en pantalla, pero resueltos gracias al truco de hacer que Paloma decida filmar lo que ve antes de suicidarse. Cine discursivo, reflexivo, con una lúcida crítica social, que también incluye referencias literarias y cinematográficas sabrosas y, a la vez, consigue ser muy impactante a nivel visual, de ritmo y de planificación sobre actuaciones de una naturalidad asombrosa.
Como señalaba Ana Sánchez de la Nieta el año de su estreno: Cine inteligente, de fondo agridulce y visión melancólica. El erizo flirtea con la idea de que, pese a la pobre condición de los mortales, quizás seamos algo más que animales ilustrados, y lo que da sentido a la vida podría ser el arte o la belleza o más probablemente la amistad, la amabilidad, ese algo que hace que un vecino rico y elegante invite a cenar a su casa a una portera que, pese a su aspecto, es tan elegante como él.
La misma directora comentaba en una entrevista: “Lo que realmente cuenta la película es que, al encontrarse, se aportarán mutuamente cosas fundamentales que les van a enseñar a afrontar la vida. En el fondo, René y Paloma son dos mujeres que tienen miedo del mundo. Una decide huir –Paloma, que quiere suicidarse- y la otra, Renée, elige pasar su vida escondida. Lo bello del encuentro es que les va a transformar y a cambiar su percepción del mundo. Después de su encuentro con Reneé la disposición de Paloma ante la vida habrá cambiado”.

Me encanta su respuesta a otra de las preguntas sobre el cine lúdico realizadas en dicha entrevista: “tengo que reconocer que a veces sólo necesito ver el póster de una película para decidir que no voy a verla. Eso para mí no es cine, sólo diversión; pero nunca me atrevería a condenarlo, porque hay mucha gente que lo disfruta. Lo bonito es cuando se consigue unir arte y entretenimiento, y eso es lo que me gusta de El Erizo. Hay muchos sentimientos en liza, una historia de amor, personajes con los que nos identificamos… Hace que nos sintamos bien, y eso se puede meter dentro del saco de la ‘diversión’, pero al mismo tiempo va más allá y tiene ese punto poético y reflexivo. De nuevo, no hay que generalizar. Una película meramente lúdica no es siempre mala, y una película de las llamadas ‘inteligentes’ no es necesariamente aburrida. A veces pueden ser ambas cosas, divertidas y reflexivas”.
Puedo dar fe de ello puesto que hace poco he participado en una sesión de Cine-Forum sobre esta película en el contexto del análisis de Cine en busca de sentido. Estuvo moderado por el psicólogo Manuel Martínez Cuesta colaborador habitual en la Asociación Vicktor Frankl de Valencia. Iniciamos la reflexión con la pregunta ¿Y si la vida no fuera elegir entre lo que somos o lo que soñamos, sino descubrir que podemos ser ambas cosas a la vez? La contraposición entre el “o” reduccionista y la “y” existencial es la que se da entre los dos personajes protagonistas. En dicha reflexión, compartida por casi un centenar de personas, salieron a relucir temas muy interesantes:
El primero de ellos es el que hace referencia a la pregunta inicial: el peligro del monismo como intento de explicar la realidad desde una sola perspectiva, desde una sola especialidad, cuando solo desde la “y” existencial nos podemos abrir a la realidad que es mucho más rica y conmovedora. Así, Paloma, proyectada en unos adultos que no saben salir de su pecera planea una decisión radical hasta que el Sr. Ozu transmite una visión no reduccionista de la vida. Lo mismo ocurre con Renée, cerrada en sus planteamientos. No se considera parte del vecindario, se considera inferior por falta de estudios, es y se considera invisible.

Muchas veces no nos permitimos ser lo que queremos ser. De hecho cuando Renée sale a cenar con el vecino japonés, una vecina la saluda sin reconocerla y ella se asombra hasta que Ozu le aclara que en realidad “no la había visto nunca”. Y es que, en este mundo polarizado y crispado, cada cual a su pecera, a veces se es incapaz de ver la realidad con toda su belleza escondida. Faltan las “Y” en muchas vidas humanas.
El segundo aspecto que observamos es la necesidad de una comunicación abierta que lleva a abrir el corazón: “podemos ser amigos y todo lo que queramos”, dirá Ozu a Renée. Y es desde ese cariño como se puede permitir también una amable corrección a la niña al subir con ella en el ascensor. La dignidad que devuelve a las dos mujeres se manifiesta en detalles concretos que les permite ir algo más allá de su encierro en lo inmediato. El nuevo vecino, habla con amabilidad, sabe escuchar y sobre todo mira a los ojos. El encuentro, la presencia del otro, la curiosidad que no juzga es lo que importa para hacer florecer a todo ser humano.
La tercera consideración hace referencia a la importancia de alumbrar lo que existe mirando de otro modo la realidad. Ambas mujeres son descubiertas por Ozu y ellas mismas descubren su propio valor por lo que ven en la mirada del otro que las admira en lo que valen a través de la sencillez y la simplicidad que no adorna lo que hace y se muestra como es. Un valor que no se encarna en un acto no es un valor.

Descubrir toda esta novedad poética de la vida queda reflejado en el retorno del pez rojo que parecía muerto y revive. En la decisión de Paloma de no quitarse la vida y en la disposición de la portera de salir de su refugio y decidirse a amar.
La niña descubre que tragedia y esperanza pueden ir unidas en la vida, y que se puede transcender el sufrimiento. Así, tras la muerte de Renée, al escuchar unas notas musicales, Ozu comenta: “pienso que a Renée le habría gustado” y Paloma hará una reflexión sobre esta belleza que resume el sentido del libro y la película:
“Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación, pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás. Sí, eso es, un siempre en el jamás. No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada. Pues por usted, a partir de ahora buscaré los siempre en los jamases. La belleza de este mundo”.







