Hay tres películas basadas en hechos reales que retratan los milagros: Más allá de la esperanza (2018), Los milagros del cielo (2016) y Sin oxígeno (2025). Como se dice en una frase de esta última: “Todo es posible para los que creen”. Los milagros existen, y esta película lo demuestra no con uno, sino con dos.
Emiliano Tardif fue un sacerdote canadiense misionero que sufrió una tuberculosis grave; su vida corría peligro. Sin embargo, en el hospital sucedió algo inesperado: un grupo carismático se ofreció a orar a Dios y a pedir por su sanación. Emiliano no tenía mucha fe, hasta que el milagro ocurrió. Desde ese día, se convirtió en el apóstol del amor de Dios o, como a él le gustaba decir, su “burrito”. En sus misas, todos los días 8 de cada mes, rezaba por la sanación de personas con diversas dolencias que acudían a él, y las curaciones comenzaron a suceder. Su nombre corrió como la pólvora y su fama se extendió por todo el mundo.
El segundo milagro cuenta la emotiva historia de Yira, una popular influencer que debe enfrentarse a la enfermedad de su hermana pequeña. Este acontecimiento inesperado la lleva a replantearse sus creencias gracias al padre Emiliano Tardif. El largometraje destaca por su excelente producción y una estética cuidada al detalle, resultando una película cautivadora, con actores que brillan en sus interpretaciones a pesar de ser una obra de pequeña envergadura. Solo en el tramo final decae ligeramente a nivel narrativo.
Destaca también el mensaje de una de las protagonistas, una influencer que vive buscando notoriedad en las redes sociales, hasta que decide tomar otro camino y lanza un mensaje: “Este es un mundo irreal, quiero encontrar mi mundo”. Día ocho transmite una idea clara: en la vida todo es posible, y que incluso ante los grandes obstáculos, la fe, la oración y el diálogo con Dios pueden dar lugar a los milagros.








