En uno de los recién estrenados documentales, Mañana seré feliz, el protagonista, Manuel Vicent, reflexiona sobre sus dudas acerca del amor en pareja y confiesa que siempre ha creído más en la amistad. Esa idea sirve casi como punto de partida emocional para entender Los mejores años de nuestra vida, un documental que narra la trayectoria y la amistad de cuatro jóvenes que, partiendo de la nada, formaron un grupo musical. Durante siete años permanecieron en la cumbre, con un estilo propio y letras fuera de lo común que lograron conectar profundamente con un público muy joven.
El fenómeno que generaron fue descomunal. Sus canciones engancharon a miles de quinceañeras hasta el punto de que en muchos conciertos necesitaban hasta cincuenta guardias de seguridad. Durante su gira por algunos países latinoamericanos, la situación alcanzó tal nivel que incluso el ejército, acompañado de perros, tuvo que encargarse de su protección. Aquella locura colectiva inspiró incluso una de sus canciones más recordadas, El ataque de las chicas cocodrilo, con la que plasmaron lo que estaban viviendo en primera persona.
Más allá de gustos musicales o del interés por el género documental, resulta imprescindible verlo por lo ameno de su narrativa, por cómo está contado y por la forma en que retrata la vida de cada uno de sus integrantes. Su historia ya había sido llevada al cine en Sufre, mamón, la película más taquillera de 1987, dirigida por uno de los cineastas más rompedores del panorama español, Manuel Summers. El documental, apoyado en un valioso material de archivo, recorre desde los inicios del grupo hasta el éxtasis de la fama absoluta, mostrando también sus consecuencias más duras.

El éxito, sin embargo, tuvo un precio. La popularidad fue tan extrema que uno de los miembros tuvo que acudir a terapia debido a la ansiedad, llegando incluso a escribir una canción para expresar su estado emocional. Con el paso del tiempo, las ventas comenzaron a caer, el grupo se disolvió y aquel pacto de amistad que parecía inquebrantable terminó rompiéndose. Aun así, años después se produjo un reencuentro que no solo los llevó a actuar de nuevo, sino también a emprender giras por distintos países.
El documental alcanza algunos de sus mejores momentos cuando cada protagonista cuenta qué fue de su vida tras la ruptura, compartiendo sus procesos personales, sus catarsis y los momentos más duros que atravesaron. Uno de ellos, ya con más edad, confiesa: “A mí me duele todo el cuerpo en mi vida diaria, pero subo al escenario y se me quita todo el dolor”. Con toques de humor, abundantes imágenes y testimonios, y unos minutos finales especialmente emotivos, la obra ofrece material inédito y revela aspectos nunca antes contados.
Así se reconstruye la esencia y el legado de una banda de cuatro amigos que incluso llegaron a comprarse tres chalets para vivir juntos —salvo uno, que prefirió irse a la otra esquina—. Si bien The Beatles fueron uno de los grupos más emblemáticos del mundo, este conjunto logró, durante un tiempo en España, alcanzar una grandeza comparable. El resultado es un documental maravilloso, cautivador y profundamente humano por la fuerza de su amistad.








