Dos de las mejores películas de ángeles son ¡Qué bello es vivir! (1946) y El cielo sobre Berlín (1987). Nos llega una película que es una fabula azucarada al estilo de Hollywood que, sin ser ningún largometraje extraordinario, tiene mucho mensaje detrás. Un ángel bienintencionado llamado Gabriel (Keanu Reeves), pero bastante inepto, que es especialista en rescatar almas perdidas, es decir, personas que no tienen suerte en la vida. Como no cumple una regla, los ángeles lo mandan a la Tierra para que sepa cómo vive un ser humano, y le gusta, ante todo, el baile, comer tacos mexicanos y cómo sonríen algunos seres humanos. Es una historia de un rico y un pobre, de cómo el pobre se convierte en rico y el rico en pobre.
Uno de los protagonistas se encariña del ángel de la guarda y, en la despedida, le dice: “¿Qué voy a hacer sin un ángel?”, y este le contesta: “Búscate otra persona en la Tierra y este será tu ángel”. Después de la experiencia del rico como pobre, cuando llega al consejo de administración de la empresa que dirige, les manifiesta a su gente: “Si los ricos vivimos tan bien será a costa de otros que viven muy mal; subamos los sueldos a nuestros trabajadores y mejoremos más prestaciones”. Película sencilla y humanista que no es para verla dos veces, pero sales de la sala con muchos interrogantes: cómo compartir más nuestra riqueza, ser mejor persona y ayudar a los demás, con ángel o sin ángel, porque siempre alguien nos protege.








