Una película sencilla y grande de Irak, ganadora de la Cámara de Oro en Cannes, como ópera prima. Es la vida de un niño que va un colegio y para el cumpleaños de Sadam Husein, el maestro elige a tres alumnos a sorteo, que traerán el zumo, la fruta y una tarta. A quien le toca traer la tarta es muy pobre y no puede cuidar a su abuela, llevándola a casa de una amiga para que la cuide, le dé de comer y la vista. Ella se fuga por las calles en busca de los ingredientes para la tarta y se encuentra a un amigo de la escuela y los dos empiezan una odisea en busca de unos ingredientes que son muy caros y un azúcar que escasea. Se encuentran en el camino personajes, quijotescos, de comedia negra. La abuela le dijo que la tarta lleva levadura, azúcar (para hacer más dulce la vida) y tres huevos que son fertilidad.
La actuación de la niña es sobresaliente y además es vivaracha, inteligente, con una mirada que sorprende. Cabe destacar el papel que hace en toda la película un gallo que siempre va con la niña. Qué bien retrata esta película la pobreza y con qué poesía; sus habitantes para comer tienen que vender radios, relojes. Desde el primer minuto te atrapa este largometraje con un gran guion y montaje y una historia cautivadora. Las películas que llegan de países pequeños a veces tienen historias maravillosas que contar, no todo es Estados Unidos u otros países, el mundo del cine es universal y ver la visión de otros directores como la directora Hasan Hadi nos hace ver otros mundos a veces desconocidos y pequeñas historias que hacen más grande el cine. Está en mi lista de las 25 mejores películas del 2025.







