Si tuviéramos que elegir las 200 películas de la historia, tres serían de juicios y estarían Doce hombres sin piedad, Testigo de cargo (1957) y Matar a un ruiseñor (1962). El homicida fue la primera película de juicios, data de 1922 y desde entonces un total de 900 películas se han estrenado de esta temática.
Nos llega la primera película donde la jueza es creada por inteligencia artificial. El acusado de asesinar a su esposa tiene noventa minutos para defenderse, para demostrar su inocencia, si no lo consigue morirá inmediatamente en una silla a la que está atado, pero tiene acceso a unas pantallas para conseguir miles de datos de tecnología y probar su inocencia; se puede defender él mismo, sólo con su voz y sus manos.
Una película llena de acción con más de 200 escenas a un ritmo frenético, y ver que la jueza con solo una llamada o tocando el clic tiene información infinita del acusado y de su entorno, de amigos o enemigos. Son de estas películas que no esperas nada y te sorprenden por la historia, el guion, el gran montaje y una historia futurista que ahora parece irreal pero puede ser cierta muy pronto. Ver a la policía con unas motos que también vuelan, lanzan un dron y en pocos segundos tienen datos del individuo que persiguen y le llegan en décimas de segundos a la jueza.
Si el mundo que conocemos en los últimos cien años lo cambió la industria, luego la tecnología y ahora la inteligencia artificial, en esta película futurista nos acerca con gran maestría a lo que puede ser el futuro dentro de 50 años. El mundo está conectado e informatizado y casi todo se puede rastrear.
Ya en 2004 se estrenó una gran película española con esta trama, infravalorada, Justicia artificial. En ella, el gobierno español anuncia un referéndum para aprobar un sistema de Inteligencia Artificial en la Administración de Justicia que promete automatizar y despolitizar la justicia sustituyendo, en la práctica, a los jueces y juezas en todos los tribunales del país. Sin piedad es necesario verla por lo bien echa que está y por ver lo que nos espera cara a un futuro. Lo tiene todo, emoción, acción, unos 90 minutos frenéticos y un final para meditar: el protagonista le dice a la jueza de IA, “Somos humanos o IA”. La IA no trata de emociones y corazonadas, esto sólo lo tiene el ser humano, no perdamos esta humanidad maravillosa.







