No es una gran película, pero merece ser vista, ante todo, por el homenaje que le hacen a los profesionales de la educación. En este caso, una psicóloga escolar sin experiencia intuye que, tras la aparente felicidad de un niño de 8 años recién llegado al colegio, se esconde un secreto de imprevisibles consecuencias. Para descubrirlo, deberá descifrar lo que la mente de Guille traduce en dibujos y, además, enfrentarse a la intransigencia de su padre, donde el colegio también se ve implicado.
Un profesor, un día, pregunta a sus alumnos qué quieren ser de mayores, y el protagonista de esta historia contesta que quiere ser Mary Poppins. Esto sorprende al profesor, que empieza a investigar. Es entonces cuando se pone en valor el trabajo de profesionales en los colegios, como los psicólogos, que realizan una labor fundamental salvando a niños y ayudando a muchas familias. Lo mejor de este largometraje es la gran actuación de Macarena García, su sonrisa, y el pequeño Guille.
No es una película familiar, pero sí un film para aprender y sensibilizar. Hay grandes momentos, como el del niño solo en el autobús contando su vida a una señora mientras todos los pasajeros escuchan. A falta de 20 minutos para terminar, la película parecía una más del montón, pero da un giro radical para mostrarnos el dolor de un niño que se hacía pis en la cama, mientras su padre lloraba por la noche, y desvelar el gran secreto. Además, rinde homenaje a muchos padres o madres que se quedan con un hijo y tienen que criarlo en solitario, con la esperanza de que Mary Poppins rescate a la madre desaparecida.








