Battleship, el espectacular divertimento que firmó Peter Berg en 2012, fue muy criticado en su momento por tener un guion muy ligero y personajes esquemáticos, pero en realidad es una historia que, profundizando un poco en el libreto, habla sobre el auténtico liderazgo.
Vamos a centrarnos en los diálogos de Taylor Kitsch, que interpreta al indisciplinado teniente Alex Hopper. Este personaje desde el principio se niega a seguir órdenes de los superiores y siempre piensa que está por encima del resto. Es cierto que tiene muchas habilidades y capacidad para ser un gran soldado, pero su incapacidad para hacer lo correcto le supera, así se lo hace saber el almirante Shane, interpretado por Liam Neeson, tras un grave incidente con el capitán Yugi Nagata, un soldado japonés:
- ¿Cuál es tu problema? Tienes talento pero nunca he visto, jamás, malgastarlo como tú. Mantén la nave alejada de ese vapor y oleaje…
- …O nos enviarás a la destrucción. Homero, señor.
- El hecho de que lo conozcas me enfada aún más, si cabe. Lo que mi hija ve en ti es un auténtico misterio para mí porque lo que yo veo es a un individuo con una capacidad de liderazgo y de tomar decisiones muy pobres. ¿Tienes algo que decirme? ¡¿Algo?!
- Negativo, señor.
- Disfrute de los ejercicios navales Hopper, tal vez sean los últimos. Retírese.

De poco sirven las advertencias, al poco rato y tras ponerse al frente de un destructor, Hopper da un discurso escasamente inspirador: “Como su oficial de armamento, permitan que les recuerde que este es un navío de combate, y que debemos sobresalir en el ejercicio de la autoridad. Estamos aquí para aplastar a los demás barcos, no estamos en esta sala para aprender. Si volvemos a la base sin haber superado al resto de barcos en estas maniobras, me encargaré personalmente…”.
Instantes después es informado de que tras las maniobras será expulsado de la Marina. Y aun así no es capaz de entender que debe servir al bien común, ya que cuando los extraterrestres atacan el barco en el que iba su hermano y lo hunden, matando a toda la tripulación, decide atacar sin contar con apoyo.
- ¡Vamos a por ellos!, ¡atacaremos con todo!, es una orden.
- ¿Atacar, señor?, ¿pretende…?
- Sí, querías una orden, ¡esa es la orden!, ¡vamos, vamos! ¡Preparad todas las armas! Con Nagata o sin él vamos a por ellos.
- ¿De verdad quiere atacar esa cosa, señor?
- Sí, por supuesto.
Entonces los extraterrestres atacan al barco japonés por haberles disparado antes y provocan enormes daños. Hopper sigue con sus intenciones:
- ¿Están listas las armas?
- ¡Señor, matan a todo el que les dispara!
- ¡Activad las armas y embistamos a ese trasto, han matado a mi hermano y a toda su tripulación!
- ¡No tenemos armas con las que atacar, tardarán tres minutos!
- Pues pon rumbo 3-1-0.
- ¡Señor es un rumbo de colisión!
- ¡3-1-0!
- Señor, hay marineros en el agua.
- He dicho que vamos a embestir a ese trasto.
- ¡Señor, el Myoko se hunde, señor por favor!
- ¡He dicho que pongas rumbo 3-1-0!
- (Otro soldado le coge por la solapa) ¡Hay marineros en el agua señor!
Dudas…
- Todo a estribor… sacadlos del agua.
- ¡Todo a estribor, sí señor!

Nos encontramos con un Hopper en estado de shock tras comprobar que está en inferioridad técnica y humana. Su orgullo y envalentonamiento hasta ahora no ha valido para gran cosa salvo para ser expulsado de la Marina. Pero siempre hay espacio para la reflexión si uno es capaz de pararse unos momentos:
- Señor, le necesitamos, le necesitamos ya.
- No puedo.
- Si usted no puede… ¿quién puede? Capitán.
Mal de su grado, Hopper, convertido en capitán por la muerte del anterior, toma el mando y empieza a entender la responsabilidad que tiene encima. El primer paso que da es escuchar a sus subordinados, cosa que antes no pasaba, y eso se refleja en este diálogo:
- Señor, ¿puedo hablar con usted?, solo será un segundo.
- ¿Por qué estoy mirando a una lagartija?
- Es mi mascota señor, Penélope III.
- ¿Y?
- Que tienen los mismos ojos.
- Tienes 15 segundos, habla.
- Oiga señor, me he puesto el casco (que llevan los aliens) y básicamente se trata de unas gafas de sol potentes, junto con un mecanismo de hidratación y de saturación de oxígeno, pero, ¿sabe?, un día llevamos a Penélope a la playa y fue una idea horrible, se volvió loca porque no puede soportar la luz… y creo que ellos tampoco soportan la luz del sol.
- ¿Te has probado algo más?
- Negativo señor… solo el casco.

Hopper ya es capaz de escuchar y pensar, sabiendo que apoyarse en los compañeros es lo mejor para salir adelante. El punto de inflexión de este personaje llega con un diálogo más tarde:
- Pearl Harbor aquí, nosotros aquí y ellos, estén donde estén, están en medio. Estamos atrapados y sabemos que no podemos dispararles a menos que tengamos visión. Sin radar no tenemos forma de rastrearlos, ¿correcto?
- Correcto, pero creo que ellos tampoco pueden vernos.
- ¿Por qué?
- Porque aún estamos vivos.
- Así que ellos no pueden vernos y nosotros a ellos tampoco, y no podremos atacar desde una distancia segura.
- Hay un modo
- ¿Un modo?
- Un modo de verlos.
- Ya…
- Pero sin verlos.
- Ahora me hablará del arte de la guerra, ¿qué tenemos que hacer? ¿Enfrentarnos al enemigo donde no está? ¿Ser como el agua? Me lo he leído unas seis veces y no tiene lógica.
- Porque ese libro es chino.
- Sigue sin tener lógica.
- Mi modo es mucho más simple. Llevamos 20 años haciéndoselo a América. Desplazamiento de agua.
- ¿Cómo se rastrea el desplazamiento del agua?
- Boyas de tsunami
- (…)
- Sucios, tramposos, rastreros…
- Un mundo difícil.
- Me gusta. Capitán, mi silla es su silla, señor; mi hermano habría hecho lo mismo.
Hopper ha aprendido la humildad y que hay gente que puede saber más que él. La demostración perfecta de que ahora sí es un líder es cuando decide usar un acorazado muy antiguo que se usa como museo. Así se dirige a los veteranos: “Sus hombres ya le han dado demasiado a nuestro país y nadie tiene derecho a pedirles más… pero yo voy a hacerlo”, le responden “¿qué necesitas hijo?”, y la respuesta es “necesito su barco”, ante lo que empieza una fabulosa secuencia en la que se ve a los jóvenes marines trabajando codo con codo con los veteranos para poner en marcha el gigantesco acorazado.

El final es el clímax del arco de transformación de su personaje cuando es condecorado por el mismo almirante: “Es un grandísimo honor hacerle entrega de la estrella de plata por su excepcional heroísmo y valentía en operaciones de combate. (Al oído) Tengo muchas ganas de verle pronto en el mar con su propio barco”.
Ser líder y saber liderar no es parecer más fuerte que el resto ni oprimir a los que opinen distinto, sino saber mandar y, a la vez, saber ser humilde cuando alguien tiene razón, admitirlo y saber usarlo para hacer las cosas lo mejor posible.







