Hay películas que desde los primeros minutos te atrapan, y esta lo consigue con unas actuaciones maravillosas, especialmente la de Andrew Scott, que habla poco y cuya presencia la cámara hace más grande, incluso cuando solo tiene miradas y silencios, acompañado de un gran elenco de secundarios, Brendan Fraser, que ya demostró su talante en Familia de alquiler (2025) y Kerry Condon. Es una película que fue un caso real y habla de la Segunda Guerra Mundial, pero la trama transcurre en las 72 horas antes del Día D para el desembarco de la mayor invasión marítima jamás lanzada, mientras que cualquier retraso podría suponer que los servicios de inteligencia alemanes descubran sus intenciones. El general Dwight D. Eisenhower deberá tomar la decisión que determine el destino de la Segunda Guerra Mundial. Y fue determinante para el éxito de este desembarco el tiempo que podía reinar. El capitán, jefe del servicio meteorológico británico, recibe el encargo de elaborar el pronóstico más trascendental de la historia. Unas condiciones climáticas adversas podrían arruinar la mayor invasión marítima jamás lanzada.
El protagonista de esta historia, escocés que no lo conocía nadie, llega al cuartel general y en pocos días ya tenía enemigos por todos los lados, hasta otro meteorólogo que ya había estudiado otras guerras y cómo había influido el tiempo. Pero las estadísticas son para romperlas y con el tiempo no se juega, nadie sabrá si habrá sol o lloverá. Los pronósticos eran que el lunes haría buen tiempo y el protagonista de esta historia era el único que decía que habría tormenta y, encima, caía mal a todo el mundo, como él mismo dijo delante de los 50 mandos del ejército. ¿Cómo es posible que una película que prácticamente está desarrollada en los interiores esté tan bien hecha narrativamente y logre, en los 101 minutos, ponerte en alta tensión? Su director, Anthony Maras, ya lo demostró en Hotel Bombay (2018), de otro caso real de unos rehenes y unos terroristas.
Lo mejor de la película es el mensaje de un hombre que estaba solo, tenía adversarios por todos los lados y muchos egos de muchas personas. Él se mantuvo firme, incluso en el momento difícil de saber que no localizaban a su mujer por estar a punto de dar a luz, por la guerra. Tiempo de victoria es más que una película, son de estos casos reales que cada año salen de cine y te cautivan, no por la historia en sí, sino por cómo su director cuenta la historia, la desarrolla y saca provecho de todos los actores, que están sobresalientes. Esta película habla de plantar cara a la autoridad, de tener el valor de ser fiel a unos principios y de la importancia de la racionalidad en situaciones de enorme tensión.
Está ambientada durante un conflicto bélico, pero esas emociones pueden trasladarse a lo que sentimos ante tener que tomar decisiones difíciles en cualquier momento vital. «Me quedé fascinado por esta historia. No había oído hablar de estos héroes olvidados ni del papel tan trascendental que desempeñaron para llevar a buen puerto la mayor invasión marítima de la historia», cuenta el cineasta Anthony Maras.







