Quizá la mejor película de Taiwán sea Comer, beber y rezar (1994), donde está presente la cocina, como en La chiza zurda, película que no pudo llegar al Oscar como finalista a la mejor película extranjera, y se quedó entre las 15 seleccionadas de los 85 países que participaron.
Gran película, entre drama y comedia a la vez, que nos retrata la vida de una familia desestructurada, una madre y dos hijas que llegan a a Taipéi tras varios años viviendo en el campo para abrir un puesto en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad familiar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que su abuelo tradicional le diga a la hija menor, que es zurda, que nunca use su “mano del diablo”.
Todo es potente en esta película, las tres actrices, la niña se come a la cámara con su inocencia y sus dotes de hacer reír. La madre está estupenda pero su hija la supera, ¡Qué grandes actuaciones! Gran guion, montaje, estilo narrativo bien construido y una fotografía de un colorido que casi te transporta a ese país. ¡Qué gran escena en el cumpleaños de la abuela! Donde explota todo pero la directora Shih–Ching Tsou en su tercera película, borda todo para sorprendernos con el gran secreto que nos tenía guardados. Con qué sutileza nos retrata a la abuela, a sus tres hijos y cuáles son los favoritos.
Son de estas películas en las que sales de la sala con una sonrisa total y ves un dramón que es la propia vida. La familia no es un lugar fácil pero siempre hay un camino para la esperanza, el sol sale todos los días… Y ver que algún día la vida da un cambio y te das cuenta de que la familia es muy importante. Película para recomendar y ver en familia, maravillosa.







