INTRODUCCIÓN. RECORDANDO
En el año 1961 las pantallas de cine asombraban al espectador con el impactante estreno de la película El juicio de Nuremberg, relato que ponía el acento en los procedimientos judiciales contra los responsables de los crímenes perpetrados por los nazis en la Segunda Guerra mundial.
A estas alturas del siglo XXI es muy conocida la barbarie de los horrores impensables ocurridos en los campos de concentración. Sin embargo, en la actualidad nos vemos sorprendidos por aspectos en torno al juicio, no tan conocidos. Uno de ellos es el tema central de la actual filmación
LA NUEVA PELÍCULA
Nuremberg, película cuidada al detalle, es la adaptación del director Vanderbit del libro de Jack El-Hai El Nazi y el psiquiatra, obra que pone el acento en la relación entre los dos principales protagonistas que dan título al libro. El Nazi es el militar Hermann Göring -al que da vida un inimitable Russell Crowe– uno de los hombres más crueles y sanguinarios que ha conocido la humanidad: principal apoyo en el ascenso de Adolf Hitler al poder y de la implantación del tercer Reich, segundo político más poderoso del nazismo, creador de la temible Gestapo y responsable de supervisar la Fuerza aérea alemana, que avaló con su firma la “Solución Final” autorizando el asesinato en masa de todos los judíos europeos. El psiquiatra será el competente profesional norteamericano, Douglas Kelly, del que realiza una imponente actuación el actor Rami Malek.

El guion parece retratar a estos dos hombres tan diferentes como dos psicópatas narcisistas, con intereses muy distintos; a lo largo del metraje se crea un paralelismo aterrador entre los dos personajes. Göring es un inimaginable y cruel criminal, y Kelly, experto en enfermedades mentales, desea la justicia al conocer semejantes relatos ocurridos en los campos de concentración; se plantea sacar un beneficio personal escribiendo un libro sobre los hechos que logre llevarlo a ser conocido a nivel mundial.
NOTICIAS SOBRE LA PLANIFICACIÓN DEL JUICIO
Las potencias aliadas vencedoras deseaban un juicio justo que evitara los “desastres” contra la nación alemana del Tratado de Versalles al terminar la Gran Guerra. El líder soviético Joseph Stalin era partidario de un juicio espectáculo para los 22 acusados. Frente a él, el primer ministro británico Winston Churchill, prefería una ejecución inmediata. Al final, las potencias determinaron que se llevara a cabo un juicio público.
El Gobierno Estados Unidos contrata al eficiente juez Robert Jackson para que lidere al equipo fiscal del juicio. En la sesión de apertura, declarará: “los errores que buscamos condenar y castigar han sido tan calculados, tan malignos y devastadores, que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no puede sobrevivir a que se repitan”; a su vez afirma: “fueron los primeros líderes de guerra de una nación derrotada en ser procesados en nombre de la ley” y “los primeros en poder abogar sus vidas en nombre de la ley”.

La novedad de un proceso tan mediático y relevante hace que el juez Jackson quiera contar con la ayuda del competente psiquiatra americano Douglas Kelly que deberá evaluar la salud mental de 22 acusados (su misión fundamental será introducirse en la mente inteligente y egocéntrico Göring) y determinar si los prisioneros son aptos, desde el punto de vista psicológico, para ser condenados por sus crímenes
El momento álgido del juicio -también de la película-, llega cuando se reproducen las desconocidas imágenes grabadas por las tropas aliada sal liberar los campos de concentración. Las escenas son escalofriantes.
LOS PRINCIPALES PROTAGONISTAS: EL NAZI Y EL PIQUIATRA
Nuremberg comienza con la captura y encarcelamiento de Göring. Es mayo de 1945. A la entrada en prisión, el político alemán avanza tranquilo, serio, dominante, perfectamente uniformado, seguro de sí. Kelly llega al lugar de los hechos sin imaginar la magnitud de lo que le espera: debe dilucidar que es lo que hay detrás de un ser humano que ha sido capaz de tanta crueldad.

La cinta se centra en la relación entre los dos principales protagonistas: los diálogos entre ellos se convierten en el eje central de la trama. La indiferencia inicial dará paso a una relación que parece amistosa y que no deja de ser engañosa. Göring se mostrará increíblemente encantador, amable, gracioso; de inteligencia excepcional, intenta sacar provecho del joven psiquiatra que, a su vez, espera salir victorioso en su intención de rendir la voluntad del difícil nazi; si logra su objetivo el resto de los presos estará de su parte y le proporcionaran material suficiente para escribir ese libro inigualable. Para ello, entabla una relación con la mujer y la hija de Göring -al que describió como “individuo agresivo y narcisista”- y rompe las reglas del ejército -será expulsado- facilitando el intercambio de cartas.
La astucia de ambos es fácil deducir; el fondo de esta relación quedará al descubierto cuando el juicio está en marcha. Se trata de uno de los mejores momentos de la película cuando Göring y Jackson se enfrentan en un imponente duelo verbal en el que revelan sus intenciones.
El climax del Juicio llega durante el interrogatorio de Jackson a Göring. Parece que el juez tuvo varios tropiezos al inicio de la vista; lo más confuso fue el momento en que le muestra a Göring un documento firmado por él como prueba de que autorizó personalmente la Solución Final (asesinato en masa de todos los judíos). Göring, orgulloso, defiende que el documento ha sido mal traducido y que lo que dice es “para una solución final”.
Jackson se queda sin argumentos y tiene lugar la más que oportuna intervención de fiscal británico David Maxwell, que logró confundir al militar al preguntarle: ¿seguiría apoyando a Hitler sabiendo lo que ahora sabe? que el nazi afirmó sin dudar. Logra, con esa breve intervención, evitar que el juicio se convierta en una plataforma para la propaganda nazi y, en definitiva, para decretar la condena de Göring.

Kelly concluyó su investigación afirmando que “los acusados no eran excepcionales, ni monstruos, ni humanos desviados. Todos eran normales, psiquiátricamente hablando”; “eran oportunistas, que existen en todas las partes del mundo”, afirmación que plantea la terrible pregunta de dónde reside la maldad del ser humano; sobre todo cuando quienes la generan, son hombres normales cuya intención lograr fines personales.
Presentó su estudio en 1947: 22 celdas de Nuremberg que resultó impopular por la afirmación de que los condenados eran hombres comunes los que fueron capaces de cometer tanto mal. Los lectores estadounidenses se opusieron a esa afirmación alegando que creerla “era un grave insulto para la naturaleza humana”. A partir de ahí dejó de creer en la psiquiatría, porque, si no consigue doblegar a un hombre como Göring, ¿Qué podía esperar de esta ciencia? La posterior obra –El diario de Nuremberg de Gustave Gilbert, también psiquiatra en el juicio- fue más aceptada por el público, Se refiere a los acusados como psicópatas narcisistas cuyas vidas fueron deformadas por una cultura alemana enferma.
El tribunal militar condenó a 12 de los acusados (entre ellos Göring) a muerte en la horca, 3 a cadena perpetua, 4 a largas penas de prisión, 3 fueron declarados inocentes. Göring se envenenó con cianuro pocas horas antes de su ejecución al ser denegada su solicitud de ser fusilado. La vida de Kelly empeoró en la postguerra y terminó suicidándose con cianuro delante de su familia el día de Año Nuevo de 1958.







