Las frases finales de esta película resumen toda la historia: “Entra en el armario, cierra los ojos y sueña”. Está en la historia desarrollada en 1942 en Ucrania, y la historia de un niño. Hugo tiene 12 años cuando el nazismo ocupa su tierra. Para salvarlo de la deportación, su madre lo confía a su amiga de la infancia, Mariana, una prostituta que vive en un burdel en las afueras de la ciudad. Escondido en el armario de la habitación de Mariana, toda su existencia está suspendida de los ruidos que lo rodean y de las escenas que adivina a través del armario. Mientras la guerra continúa fuera, Hugo y Mariana forjan un vínculo íntimo y complejo de amor, lealtad y devoción mutua, que cambiará sus vidas para siempre.
La habitación de Mariana traslada a la gran pantalla la historia escrita por el novelista Aharon Appelfeld en su best seller Flores de sombra, un relato impactante y conmovedor que se inspira en buena parte de sus vivencias de la infancia como superviviente del Holocausto en el territorio de la actual Ucrania. Gran escena de todas las prostitutas que, cuando se retiran los alemanes, rezan todas juntas ante la incertidumbre de su futuro y la barbarie de la gente que robaba las pertenencias de los fusilados.
Esta película tiene el defecto de ser demasiado larga; con 90 minutos bastaban. La primera hora es pesada, pero los últimos 30 minutos son de gran calidad. Lo mejor es la interpretación de Mélanie Thierry, que se entrega a una interpretación imperial y descarnada, logrando una humanidad bruta, casi salvaje, en medio del horror. No es una película para volver a ver, pero es un grito de alarma contra la barbarie de ayer y de hoy.







