Dos de las mejores películas de temática radiofónica son Historias de la radio (1955) y Días de radio (1987), y nos llega esta película paraguaya maravillosa y quizás de las mejores de la historia, que nos retrata el interior de una emisora de radio en 1959, en Paraguay. El protagonista de esta historia, el carismático y misterioso Narciso, regresa de Buenos Aires y revoluciona la radio con el rock & roll en las venas, y se convierte en una sensación radiofónica y en un símbolo de libertad. Las escenas de la novela Drácula, los radioyentes desde sus casas y los asistentes en directo en la radio son de antología, por lo bien que están hechas y por la puesta en escena.
Hay películas que utilizan un personaje para contar una historia y otras que convierten a ese personaje en el símbolo de toda una época. Narciso pertenece claramente a este segundo grupo. Marcelo Martinessi, después de la magnífica Las herederas, vuelve a adentrarse en la historia reciente de Paraguay para construir un drama que mezcla thriller, cine negro y película de época, ambientado en 1959, cuando el régimen de Alfredo Stroessner comenzaba a imponer un clima de silencio, miedo y represión. Lo más interesante es que Martinessi no construye un thriller convencional de investigación policial. No busca únicamente descubrir quién mató a Narciso, sino utilizar su muerte para retratar una sociedad que empieza a cambiar mientras el poder intenta impedir cualquier transformación.
El rock and roll frente al folclore tradicional, la juventud frente a las viejas estructuras, la «libertad» sexual frente a la represión y la modernidad frente a una dictadura que comienza a consolidarse. La emisora de radio se convierte así en uno de los grandes escenarios de la película, un espacio cerrado donde las palabras, la música y el silencio adquieren una enorme importancia. Su director, Martinessi, demuestra nuevamente una extraordinaria capacidad para crear atmósferas. La fotografía de Luis Arteaga, los interiores claustrofóbicos y las escenas nocturnas contribuyen a crear una sensación permanente de amenaza. Destacar el gran papel del actor Manuel Cuenca, que da mucha fuerza a toda la película. Esta basada en un caso real.







