Las últimas semanas los medios de comunicación van llenos de referencias a la película La bola negra. Tras verla y analizarla no me permitiría dedicarle ni un minuto de no ser porque se habla tanto de ella porque es auspiciada desde la Academia del Cine y desde instancias superiores diversas, promovida desde plataformas de nivel internacional, aplaudida por gregarios e impulsada por medio de una campaña de marketing potente y costosa que lleva a las salas a espectadores sin criterio. Es una película que no vale la pena. Aconsejo al lector que no gaste dinero ni pierda tiempo. Hay muchas películas mejores. Esta es, simplemente, un alegato de exaltación LGTBI+ y un panfleto de utilización sectaria de la historia.
El film está inspirado en la obra inacabada homónima de Federico García Lorca, fue dirigido por los “Javieres” (Javier Ambrossi y Javier Calvo), la historia se desarrolla en tres períodos (años 1932, 1937 y 2017) y explora las vidas entrelazadas de tres homosexuales, Carlos, Sebastián y Albert. Los propios directores se han declarado abiertamente como homosexuales, fueron pareja y rompieron precisamente haciendo la película, aunque la promocionen conjuntamente.
El título del film deriva de que por medio de votación con bolas blancas y negras se decidía la aceptación o rechazo del ingreso de un aspirante a socio de un prestigioso casino de Granada. Salió bola negra, y el joven Carlos, el aspirante a ingresar, al llegar a casa confiesa a su padre que el motivo por el cual recibió la bola negra fue su condición de homosexual.
Es una película profundamente ideológica, en el más peyorativo sentido de la palabra, además de sexualmente morbosa con muestras explícitas. No creemos que beneficie a las personas que sienten atracción por otras del mismo sexo pero no quieren convertir su identidad sexual en instrumento de actuación política. La persona homosexual tiene todo el derecho a ser respetada y no discriminada, pero bien distinto es la imposición del homosexualismo al que se está sometiendo a la sociedad y del que este film es una muestra patente.

Un famoso crítico de cine me comentó tras ver la película que le parecía “una vergüenza utilizar la obra de un gran artista y creador como Federico García Lorca para hacer un alegato de la homosexualidad. Federico nunca lo hubiera hecho”.
De otro lado, en el aspecto político de la época es claramente maniquea, llevando a extremos lo de buenos y malos y reescribiendo la historia en sentido guerracivilista.
En cuanto a otros aspectos son buenas algunas interpretaciones de los actores, así como la puesta en escena y la producción. Por el contrario, además de ser demasiado larga y hacerse aburrida, está llena de defectos narrativos hasta el punto de que en tales escenarios diversos en el tiempo el espectador en ocasiones se pierde y no sabe si quien hace algo en la pantalla es Federico, si es el soldado que recoge la bola negra o es el amigo.
En suma, una pésima candidata de España a los Oscar, aunque la Academia española del cine la presente. Tengo la absoluta convicción de que si alcanza algún éxito será porque los lobbies gay pesan mucho e imponen en el mundo del cine, incluso en festivales, no porque valga la pena. Incluso este año, en que por el momento no hay grandes películas españolas como lo fueron el año pasado, por ejemplo, Los domingos o Sorda, hay algunas bastante superiores para representar a España. Estoy seguro de que entre los directores españoles algunos alzarán la voz y van a hacer sonrojar a varios promotores de la Academia.







