Ya en su momento comentamos la unión entre el director Steven Spielberg y el guionista David Koepp para dar lugar a la obra maestra Jurassic Park y hablar, sin cortapisas, de los peligros para el hombre de creerse un dios y lanzarse a crear vida sin pararse a pensar si es bueno y ético o no. Y por supuesto, hablando de forma informal, todo un torpedo en la línea de flotación a la aberración moral y ética que es la fecundación in vitro.

Pues bien, Spielberg y Koepp vuelven a aliarse en El día de la revelación para hablar sobre varios temas, y si hay uno que destaca en ella es el religioso. ¿Son director y guionista religiosos? La respuesta es que no son católicos, pero sí “creen”. Spielberg se reconoce judío ortodoxo/tradicional de origen judío, y su fe y herencia han influido profundamente tanto en su vida personal como en su obra cinematográfica. Por su parte, Koepp, aunque mantiene una visión abierta y agnóstica, reconoce tener una formación católica, lo que influye en cómo aborda los dilemas espirituales y la trascendencia del lugar de la humanidad en el cosmos.
Recordemos la sinopsis: Si descubrieras que no estamos solos, si alguien te abriera los ojos y te lo demostrase, ¿te asustarías? Este verano, la verdad será revelada a siete mil millones de personas. Llega… EL DÍA DE LA REVELACIÓN.
Vamos a analizar lo relativo a fe, y en concreto la católica, que tiene su colaboración más reciente. No decimos “última” porque eso se asocia a que no habrá más, y eso no parece muy probable ni está confirmado de ninguna forma.
Para empezar, El día de la revelación tiene varios protagonistas, y dos de ellos son dos jóvenes: Jane Blankenship (Eve Hewson) que tiene un pasado muy religioso, y así se ve en los primeros compases cuando, y Daniel Kellner (Josh O’Connor), extrabajador de Wardex, que huyen de las autoridades, y el primer sitio al que van a refugiarse por considerarlo seguro es un convento de monjas. El diálogo es esclarecedor:
Daniel: ¿Cómo sabes que abrirán?
Jane: Siempre abrimos.
El convento siempre está abierto a la gente necesitada, la Iglesia católica nunca cierra sus puertas a la gente que necesita ayuda. Y, efectivamente, la puerta abre y acogen a los fugitivos. Tras un emotivo reencuentro entre la Hermana Maura (Elizabeth Marvel) y la protagonista, la primera se dirige a Daniel: “No voy a hacerle ninguna pregunta, no me incumbe, pero Jane sí. Lo que usted haya hecho es solo responsabilidad suya, pero a Jane no la involucre, ella se puede quedar”.

El choque es muy fuerte y él no se lo acaba de creer:
Daniel: ¿De verdad eras monja?
Jane: Era novicia.
Daniel: ¿Por qué no me lo dijiste?
Jane: Omití una parte de mi historia, la gente te juzga.
Daniel: ¿Y cuándo fue eso?
Jane: Hace tres años. Y ya no te contesto a nada más hasta que me contestes tú. ¿Qué has robado?
El resto de la conversación tiene más que ver con la trama de la película que con la fe, así que los omitimos y llegamos a este punto:
Daniel: ¿Así que querías ser monja pero… qué… perdiste la fe?
Jane: Perdí la vocación.
Y esto es muy interesante, luego volveremos a ello.
En otro momento de la película Jane es sometida a un durísimo interrogatorio “a distancia” por parte de Noah Scanlon (Colin Firth), director ejecutivo de Wardex, y para protegerse de las intromisiones arranca su cadena y el crucifijo que lleva en ella para cogerlo con fuerza con la mano. Cuanto más intenso es el interrogatorio, más fuerte aprieta el crucifijo, llegando a hacerse daño y sangre. Por desgracia la intensidad es tan grande que logran extraer de ella información que buscaban, pero la búsqueda de amparo en la fe es evidente, y los resultados físicos para Scanlon son devastadores, dejándole en las últimas.

Entonces llega la conversación más reveladora de todas, una llamada de teléfono entre Jane y la Hermana Maura:
Hermana Maura: Jane, ¿dónde estás?, ¿Jane?
Jane: ¿Dios nos ama? No dudo que nos ame, ya sé que sí, pero nos ama… ¿solo a nosotros? El Génesis dice que somos su creación suprema pero, ¿usted cree que es posible que…?
Hermana Maura: (Interrumpiéndola) Sobre la Tierra.
Jane: ¿Qué?
Hermana Maura: El Génesis dice que somos su creación suprema sobre la Tierra.
Jane: ¿Cree que podría haber otros?
Hermana Maura: Sí, eso creo, ¿por qué Él iba a crear un universo tan inmenso solo para nosotros?
Jane: Si descubriera que no estamos solos, si lo enseñase, si lo demostrase… ¿se asustaría?
Hermana Maura: No, ¿por qué?
Jane: ¿Pero, y si todo se derrumbara para usted y para los creyentes del mundo, entonces qué?
Hermana Maura: Oh, hija mía, Jane, yo no creo que tú hayas dudado nunca de tu fe en Dios, creo que has perdido la fe en las personas.
Este es el diálogo más importante ya que Jane perdió la vocación porque dejó de creer en la gente y su capacidad para asumir las sorpresas y las revelaciones, pero nunca dejó de creer en Dios. Es decir, que guionista y director plantean la diferencia entre perder la fe en la Humanidad y perderla en Dios.

Otro diálogo muy interesante que aborda la fe aunque no es su tema central tiene lugar entre Hugo Wakefield (Colman Domingo), desertor de alto nivel y antiguo miembro infiltrado de la organización secreta en la sombra Wardex, y Noah Scanlon:
Noah: Si esto lo han planeado ellos ten por seguro que es por su interés, no por el nuestro.
Hugo: Qué visión más solitaria del mundo.
Noah: No me trates con superioridad.
Hugo: Te estoy escuchando Noah, algo que aprendí a hacer muy bien.
Noah: ¿De tus amigos?
Hugo: Sí, ellos ven la empatía como una ventaja evolutiva, la principal ventaja evolutiva, de hecho como la base de la existencia animada, rechazar eso nos está abocando a la extinción.
(…)
Noah: ¿En qué momento perdiste el norte?
Hugo: Cuando tú perdiste el tuyo. Cuando la perdiste a ella. Al poco de perderla yo te perdí también, te cerraste.
Noah: No finjas conocerme.
Hugo: Cuando ella murió te aislaste de todos, hasta de mí.
Noah: Porque lo dejaste claro, solo querías conocerlos a ellos, y eso no es posible, no para nosotros.
Hugo: Lo será, In Vivo 17 es un no humano, pero más cercano a Dios que tú o yo. A ellos no debes temerlos.
Noah: Nos temo a nosotros, la única razón por la que existe Wardex es nuestra certeza de que la humanidad no podría aceptar lo que sabemos, esa verdad acabaría con el orden establecido en el mundo, el archivo que robó Kellner es un virus contra el que el mundo no posee inmunidad alguna. He pasado 35 años protegiendo…
Hugo: (Le interrumpe) Tu riqueza y tu poder es lo que has protegido, Noah. ¡Noah! Todos tenemos la necesidad innata de creer e igualmente de ser creídos. Has vulnerado las evidencias científicas, infantilizado a todo aquel que quiere entender lo que ha visto, ahogado brutalmente sus preguntas, les has gritado, ridiculizado, avergonzado por el crimen de, simplemente, asombrarse. Creemos a los que creen y luego impedimos que el mundo les pueda creer a ellos, pero la gente duda, se enfrenta a lo desconocido, cuenta sus experiencias, ansía la verdad. Estos 79 años de campaña aterradora, de confusión, mentiras y ocultación tienen que acabar.

Spielberg y Koepp, reflexionando sobre la verdad, el impacto que podría tener sobre la población y el derecho a tener toda la información y la capacidad de asumirla, tocan temas de fe de un modo muy positivo ya que se muestra la misma como una forma de aceptar al otro, al distinto.







