Puede que su rostro no sea el más conocido de la gran pantalla pero Michael Byrne tuvo una prolífica presencia en el cine en multitud de papeles secundarios.
Nació en Londres el 7 de noviembre de 1943, curtido en teatro con una amplia formación, dio el salto al cine y la televisión tras haber estado en la prestigiosa compañía del Teatro Nacional dirigida por Laurence Olivier, donde participó en clásicos como «Romeo y Julieta«, «El jardín de los cerezos«, «Mucho ruido y pocas nueces» y otras tantas obras.
Fue en 1963 cuando consiguió su primer papel, en The Scarlet Blade, dirigida por John Gilling. En la tv también fue ganando fama por aparecer en series británicas de los años sesenta como No Hiding Place, Silent Playground o ITV Saturday Night Theatre.

Poco a poco, y durante los 70, los directores se fueron dando cuenta de que podían sacar provecho a su físico nada desdeñable y le ficharon para películas bélicas: Ha llegado el águila (John Sturges, 1976), Un puente lejano (Richard Attenborough, 1977) y Fuerza 10 de Navarone (Guy Hamilton, 1978).
Y entonces llegó uno de sus mayores éxitos, precisamente como villano, y además nazi. Porque Steven Spielberg y George Lucas se fijaron en él, y eso no es decir poco, y no dudaron en darle el papel del horrible coronel Vogel en la obra maestra (y para muchos la mejor de la pentalogía) Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989). «Doctorrrr Jonessss, deme la librrrreta», por citar una frase, y cómo olvidar la maravillosa secuencia del puñetazo en el dirigible:
No contento con dejar huella, y de qué manera, en una de las grandes sagas cinematográficas con un villano sensacional, repitió con otro gran director: Mel Gibson. Estuvo en Braveheart (1995) interpretando al despiadado soldado inglés Smythe.

Y estuvo en muchas otras películas como El mañana nunca muere (Roger Spottiswoode, 1997), El santo (Phillip Noyce, 1997), Verano de corrupción (Bryan Singer, 1998), Pánico nuclear (Phil Alden Robinson, 2002), Gangs of New York (Martin Scorsese, 2002) y, cómo no mencionarlo, haciendo del anciano Gellert Grindelwald en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte 1 (David Yates, 2010).
A nivel personal, Michael Byrne deja dos hijas, Tara y Bryony, y tres nietos. Estaba casado desde 1965 con la actriz Carole Nimmons.