De las pocas películas del pasado año que fueron finalistas del Festival de Venecia y no llegaron a las pantallas de cine. Un canto a la vida y al trabajo y, como dice el actor principal: «Prefiero la esclavitud de mis trabajos precarios y tener mi libertad». Una bonita y cruel historia, espejo del mundo en que vivimos y que fue un caso real El trabajo miserable y el amor por lo que haces, aunque ello te coloque en la precariedad y el rechazo social. Valérie Donzelli nos cuenta la historia real de un fotógrafo de éxito que abraza el «voto de pobreza» para consagrarse a la escritura. Un fotógrafo de éxito lo abandona todo para entregarse a su verdadera vocación: la escritura. Basada en la novela de Franck Courtés, Donzelli explora el «voto de pobreza» del artista en la era de la precariedad y la economía colaborativa, cuestionando el valor que otorgamos a una vida impulsada por la irrenunciable necesidad de generar dinero… y, en última instancia, haciendo suyas las palabras del escritor: «Concebir un texto no implica publicarlo, publicarlo no implica que vaya a ser leído, ser leído no implica ser amado, ser amado no implica tener éxito, tener éxito no augura felicidad».
Muy acertado su guion de cómo explica, de una manera muy humana, la precariedad de la gente que trabaja para ese tipo de plataformas de todo tipo de trabajos. Gran final, en el que su hijo lo llama para felicitarle por su libro y que le hizo llorar, no por sus trabajos precarios, sino por su texto narrativo. Película muy lenta, pero poco a poco va calando el mensaje; uno sufre con el personaje, encarnado por la gran actuación de Bastien Bouillon, que da lástima por su vida y, a la vez, grandeza de cómo lo lleva, y además sin sus hijos, que se trasladaron desde Francia a Canadá con su exmujer y no tiene dinero para no poder verlos. Película que entra en mi ranking de las 100 mejores películas de literatura de la historia. Esta disponible en Filmin.