Hay directores como Nolan, a los que les sobra dinero para hacer superproducciones como La Odisea, y hay otros como Pablo Moreno que, con pocos medios y poco dinero, hacen milagros, como lo ha demostrado en su última película, Pastoris. Por primera vez en las 11 películas de su trayectoria, de las cuales siete han sido casos reales, más cinco documentales, se adentra en su mundo personal y en el de su familia: el bisabuelo, el abuelo y su padre eran pastores. Y si en España solo puede haber 500 personas que hablen «palra» de El Rebollar, una variedad lingüística local de la lengua leonesa, descendiente a su vez del latín, hablada en la comarca de El Rebollar, en el suroeste de la provincia de Salamanca, Pablo Moreno nos sorprende con su nueva película, rodada íntegramente en este idioma.
En 1810, muchas mujeres y hombres lucharon en la guerra de la Independencia, gentes de campo, agricultores y pastores, y estos volvieron de nuevo a sus orígenes. Eran épocas de miseria y hambre, y si eras pastor, era una aventura por los bandoleros que había en el camino. Con una gran fotografía y una gran música, dan una gran fuerza a este largometraje y hacen, a su vez, un homenaje a la tierra. Como decía uno de los hombres que se encontró por los caminos con el pastor: «La naturaleza te da lo mejor y lo peor, pero si es honrada con ella, siempre te da algo». Grandes momentos en su viaje como pastor, donde está varios días con una curandera que lo cuida. Una noche, los dos tocan dos instrumentos, uno de ellos poco conocido, el pandero cuadrado, toman vino y bailan como si fuera una jota, y se queda en un erotismo sutil, sin llegar a más pasiones, porque el era fiel a su mujer ¡Qué gran escena! En algunos momentos de este largometraje nos recuerda algunas escenas de la película mítica Dersu Uzala (1975). Pablo Moreno nos deleita con un viaje por la naturaleza y, a su vez, con un protagonista que tuvo secuelas de la guerra de la Independencia y no le dejan vivir con algunos de sus recuerdos.
Película de pocas palabras y con gran deleite artístico: los paisajes, los pueblos, las vestimentas, y se hace más grande cuando la música cobra su fuerza y el pastor, poco a poco, va sacando la fuerza de un guerrero porque le habían quitado sus ovejas. El oficio del pastor, uno de los más antiguos del planeta y que sigue vigente, nos hace un homenaje Pablo Moreno, como si fuera casi un patrimonio de la humanidad, y es de agradecer a su director y a todo su equipo, que es casi una familia, donde lleva años trabajando en muchas películas. Nunca ganará un Goya porque no hace ni cine comercial ni de autor; es intimista, terrenal, con raíces de su tierra, Salamanca. Nos sorprendió con su nueva película y ya está en marcha un nuevo proyecto.







