La película, basada en hechos reales, cuenta la historia de la construcción del Arco de La Défense, uno de los hitos arquitectónicos más potentes de París del siglo XX, a manos del hasta entonces arquitecto desconocido Johan Otto von Spreckelsen. Hasta ese momento, este danés de cincuenta años solo había construido cuatro edificios: su propia casa y tres pequeñas capillas. De la noche a la mañana, “Spreck” se convierte en el centro de todas las miradas. Y, lo más importante, pasa a liderar un proyecto colosal, cargado de enormes expectativas políticas y económicas: la construcción del Arco de la Défense de París.
Gran actuación de Sidse Babett, una actriz todoterreno con cuatro grandes películas como Condenados (2024), La doctora Brest (2016), El juez (2015) y Después de la boda (2007). El actor protagonista refleja muy bien los valores y principios de un arquitecto que ganó el proyecto con su propia visión y cómo, posteriormente, los franceses intentan darle la vuelta para hacerlo a su manera. El protagonista viaja hasta Italia para buscar el mármol destinado a esta obra, denominada “Los Cubos”. Cada paso que da en el proceso supone casi un colapso en su vida profesional y emocional. La película termina siendo también un homenaje a un arquitecto que, como en una de las mejores películas argentinas, Cuestión de principios (2009), era, ante todo, un hombre de principios.
Si en 2024 nos llegó una película sobre arquitectura que fue finalista de los Oscar, The Brutalist, ahora nos encontramos con otra gran película que no solo nos cuenta la historia de una obra arquitectónica, sino que también nos muestra con mucha sutileza el carácter de los franceses. Destaca también la estupenda actuación del actor que representa al presidente Mitterrand.
La película está muy bien narrada y, aunque la primera media hora tarda en arrancar, la trama final —que por momentos casi parece un thriller— consigue enganchar al espectador. La actuación del protagonista no solo sostiene la fuerza de la película, sino también la intensidad de su personalidad. Es, además, una película muy política, y cada vez que el presidente de la República aparece en escena, la película sube claramente de nivel.







