El drama social y de pobreza en Estados Unidos es grande y lo retrató muy bien en la ganadora de los Premios Óscar de 2020 con la película Nomadland. Una mujer, después de perderlo todo durante la recesión, se embarca en un viaje hacia el Oeste americano viviendo como una nómada en una caravana.
En esta película nos retratan algo parecido. Después de que un incendio forestal arrasara su granja, Dusty (Josh O’Connor), un padre divorciado, se ve obligado a comenzar de nuevo en un campamento de casas rodantes habilitado por el gobierno. En medio del dolor, encuentra una inesperada red de apoyo en sus nuevos vecinos, mientras intenta recomponer los lazos rotos con su exesposa Ruby y su hija Callie-Rose.
La película es muy pausada y, a veces, lenta, y sin ser un largometraje para verlo dos veces, tiene un gran mensaje de fondo. El protagonista de esta historia no quiere abandonar esta tierra en la que es feliz ni a unos vecinos que comparten el mismo drama social, y a los que les dan 12 días para dejar las casas rodantes por futuros incendios.
El día del entierro de su madre le llega un mensaje a su corazón y, con los 5.000 dólares que recibe de herencia, propone al empleado del estado comprar todas las caravanas e irse a vivir con todos sus vecinos a unos terrenos que él tiene, y hacer una nueva comunidad, protegiéndose de incendios limpiando los arbustos de alrededor.
Como en aquella película maravillosa La tierra de Amira, donde se plasma que la tierra es de quienes la cultivan, en Rebuilding nos llega una historia de un hombre bueno y bondadoso que quiere compartir lo que tiene con los demás y ver la felicidad de cada uno de ellos, que no sabían dónde ir. Sin ser una gran película, nos presenta un final maravilloso.







