Nos llega una nueva película de uno de los cien mejores directores actuales, Gus Van Sant, con grandes largometrajes: El indomable Will Hunting (1997), Mi nombre es Harvey Milk (2008), Drugstore Cowboy (1989), Descubriendo a Forrester (2000) y Elephant (2003).
Su última película transcurre en 1977, un caso real de un agente hipotecario que fue secuestrado, atándole al cuello un dispositivo mortal con un alambre conectado al gatillo de una escopeta. Esta adaptación de una historia real está basada en un suceso que conmocionó a todo Estados Unidos al convertirse en el primero retransmitido en directo por todas las cadenas de televisión norteamericanas. Una historia tan delirante como auténtica que ya fue abordada en el documental Dead Man’s Line de Alan Berry y Mark Enochs.
Lo mejor de la película es lo bien que está ambientada aquella época y lo bien que están narrados los tres días del secuestro. Grandes momentos de la rueda de prensa del secuestrador delante de policías, cámaras de televisión y con la pistola apuntando al rehén. Pequeño papel de Al Pacino, brillante como padre del secuestrado, y le exige el protagonista de esta historia que pida perdón por la estafa y se niega: “Y si matas a mi hijo, iré al entierro, pero no voy a pedir perdón a un chalado como tú”, le dice.
Fueron tres días de un circo mediático, radio y televisiones en directo de lo que estaba sucediendo; causó tal conmoción a la ciudadanía con un pobre hombre que cautivó a mucha gente por su osadía, y que finalmente en el juicio fue declarado no culpable por enajenación mental. Retrata muy bien el mundo de estafas, cómo alguna persona puede perder los cabales y tomarse la justicia a la tremenda, pero el protagonista de esta historia no sabía que podría terminar en un circo mediático. Buen thriller y muy entretenido.







