Una guionista cristiana en Hollywood: “El cine religioso no tiene por qué ser sobre Biblias y santos, ha de ser valiente”

03/10/2016

[Artículo publicado originalmente en Religión en Libertad, a su vez cedido por Aleteia]

La relación entre la fe y el cine, como con cualquier otro arte, presenta elementos problemáticos. Pero con el cine se da una circunstancia añadida, y es que se trata, además, de una industria… o al menos lo es aquel cine que, de facto, marca tendencia y es el preferido por los espectadores.

¿Por qué hay tan pocas películas que sean a la vez buenas películas y películas cristianas? ¿Por qué Hollywood (la palabra que encarna por excelencia es aspecto empresarial de este arte) entiende tan mal a los cristianos y lo que los cristianos quieren ver en la gran pantallaBarbara Nicolosi CinemaNet Hollywood Iglesia cristianismo? ¿Por qué los cristianos se lanzan a veces con demasiada buena intención a hacer mal cine?

Sobre todo ello le ha preguntado la periodista Zoe Romanovsky a alguien que sabe mucho de cine y de Hollywood, Barbara Nicolosi, en una entrevista de excepcional interés que tomamos de Aleteia:

Tras más de dos décadas en Los Ángeles, Barbara Nicolosi conoce el panorama cristiano en Hollywood tremendamente bien, en especial por ser fundadora y presidenta emérita de Act One, Inc., un curso de formación y orientación, sin ánimo de lucro, dirigido a cristianos en sus carreras como guionistas y ejecutivos de Hollywood. Nicolosi ha sido analista de guiones, ejecutiva de una productora y asesora en proyectos de entretenimiento y medios de comunicación, entre los que se incluyen “La pasión de Cristo” y programas televisivos como “Joan de Arcadia” “Salvando a Grace”.

Nicolosi es miembro del gremio de escritores estadounidenses Writers Guild of America-West y ha escrito guiones para productoras dentro y fuera de Hollywood. Su proyecto más reciente es un largometraje adaptación de las memorias de Sheldon Vanauken [1914-1996, converso amigo de C.S. Lewis], A Severe Mercy, para la productora Origin Entertainment. Se prevé que el rodaje de su guion para televisión, “Fatima”, se realice a finales de 2016 en Roma.

Ha llovido mucho desde que Nicolosi fundó Act One, pero ¿en qué situación nos encontramos hoy en día exactamente? ¿Cómo han influido los cristianos a la industria del entretenimiento? ¿Cuál es el siguiente paso? Hace poco me reencontré con Nicolosi y le planteé estas preguntas. Aquí se recoge nuestra conversación:

-Los cristianos llevamos mucho recorrido, pero ¿en qué situación estamos exactamente ahora?

-Cuando llegué a Hollywood por primera vez, nadie en la industria dominante quería tocar ningún proyecto que contuviera de forma explícita nada de espiritualidad o religión. Dios había muerto de verdad. Empecé en el negocio trabajando para el sacerdote Bud Kaiser, en Paulist Productions, que me dijo una vez que la religión era el peor tostón que podía haber en una película.

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»Lo dijo en el contexto de una conversación sobre su película La fuerza de un ángel, sobre Dorothy Day, en la que yo trabajaba. Yo dije que “en realidad no hay mucho en ella que motive a la espiritualidad en esta película; todo va sobre su labor como trabajadora social, lo cual no es un retrato sincero de ella”.

»Y él dijo que algo así mataría la película. Bueno, la película murió de todas formas… sobre todo por el terrible acento francés de Martin Sheen… (risas)… No, en realidad fue por el gran estreno de “Beavis y Butthead recorren América”, que fue ese mismo fin de semana y nos hizo perder todas nuestras salas.

»Lo que cambió el curso de las cosas fue este fenómeno curioso de “La Pasión de Cristo”, “Las Crónicas de Narnia” y “El señor de los anillos”, que fueron los mayores éxitos de taquilla durante cinco años seguidos y entonces todos en la ciudad “pillaron lo de la religión”.

»Por todos lados había murmullos diciendo que “al público de “La Pasión” le va a encantar esto”. Así que a continuación llegó una avalancha de películas malísimas realizadas por estudios de Hollywood sin ningún respeto ni conocimiento auténtico de lo que es en realidad una película imbuida de fe.

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»Películas como “El reino de los cielos”, “El libro de Eli”, “Noé”, “Exodus: Dioses y reyes”. Y el desastre más reciente “Ben-Hur”. Recuerdo que durante la promoción de “Constantine”, el publicista, que me conocía, me dijo “Barbara, esto te va a encantar; ¡tiene cosas de las tuyas por todas partes!”. Y yo pensé, “¿Cosas de las mías? ¿Qué quiere decir eso?”. Bueno, era una película con Keanu Reeves donde había demonios, tableros de ouija, agua bendita, cruces, incienso, espiritismo…

»Apretujaron ahí dentro cualquier cosa relacionada con cualquier religión. Así que este tipo de películas fracasaron todas, y entonces todo el mundo en Hollywood empezó a decir que lo de la fe había sido cosa de chiripa, que en realidad el éxito se debía al fenómeno Mel Gibson. Pero entonces presenciamos el surgimiento de los proyectos evangélicos marginales…

»Lo que sucedió fue que el mundo evangélico empezó por su cuenta una guerrilla cineasta y descubrió una forma de obtener beneficios al hacerlo. En comparación con las películas convencionales, por lo general las cifras son pequeñas, pero los estudios se percataron y han estado encantados de distribuir las películas a los cristianos y hacer algo de dinero en este espacio. Ahora casi todos los estudios tienen una división de fe donde buscan contenidos para este nicho de mercado.

»Esto es a la vez bueno y malo. La parte buena es que la industria mainstream está hablando con personas de fe en lugar de pensar que nosotros somos el mal del mundo. La parte mala es que estamos marginados, de forma que cuando les traes un proyecto realmente bueno como “Mary Mother of Christ” “A Severe Mercy”, te dicen, primero, “esto es demasiado inteligente para los cristianos; no quieren cosas que desafíen su inteligencia”, y segundo, “puedes cumplir con este público por mucho menos de lo que costará esta película”. He escuchado personalmente las dos cosas por boca de ejecutivos de estudios.

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»Así que, en otras palabras, lo que te dicen es: “¿Por qué deberíamos gastarnos 40 millones en una película de fe o con aspectos trascendentales cuando podemos hacerla por 2 millones sin ninguna estrella de cine, ningún director relevante, sin un guion bueno y lo único que hay que hacer es poner algunas citas bíblicas dentro e inventar un pequeño melodrama con el que ganaremos 30 millones?”. Y esto es terrible y devastador para la Iglesia, para el arte y para la sociedad en su conjunto, porque impide que obras hermosas e inspiradas en la fe reciban un tratamiento serio.

»Y hay otro aspecto terrible: lo que han aprendido los cristianos es que la forma de hacer dinero con las películas es convertirlas en armas arrojadizas. Haz una película malísima, pero llámala God’s Not Dead” [Dios no ha muerto] y luego di a la comunidad católica que vaya a los cines a darle apoyo para “enseñarle a Hollywood”.

»Lo que intentan es encontrar el resorte político que convierta a una película en algo en torno a lo que el público cristiano se manifieste, en vez de intentar crear una obra hermosa. La verdad es que no necesitamos ninguna manifestación, lo que tenemos es que experimentar el remordimiento por nosotros mismos y tenemos que atraer a otras personas que no tienen fe en lo que nosotros creemos.

-Así que lo que dices es que aquí se ha perdido el arte, la belleza.

-Sí, ni siquiera están en el punto de mira, lo cual es profundamente triste. Dostoievski dijo que la belleza salvará al mundo, pero es que ni siquiera aspiramos a eso; a lo que aspiramos es a ganar puntos en una lucha política. Y ya la hemos perdido.

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-¿Queda lugar para películas que vayan al núcleo de la fe y no a la cultura? 

-Claro. Pero lo que deberíamos estar haciendo es elaborar películas que hablen a diferentes grupos de personas a diferentes niveles. Flannery O’Connor (1925-1964) lo consiguió hacer de forma magistral. Si eres pagano, aún puedes sentir el pinchazo del conflicto humano en sus historias. Si eres cristiano, puedes discernir todo un nuevo nivel que habla de la gracia. Y si eres católico, podrás sentir las dos cosas y también una satisfacción vanidosa de saber que ella era de los nuestros… ¡Es broma!

»El tipo de obras que deberíamos estar haciendo no debería tratar de buscar la de nuestra gente, sino causarnos vergüenza por no haber cumplido nuestras aspiraciones. Recuerdo una lectura de un libro de teología, hace unos años, donde se decía que el objetivo de la liturgia católica es infundir en la gente el sentido de soberanía y majestad de Dios, y también inspirarles el sentido de su propia necesidad y desolación. Sin el segundo, nos haría sentir altaneros, sin el primero, nos haría desear la muerte y nos sentiríamos inútiles para la evangelización. Pero si tenemos los dos, entonces tenemos discipulado. Creo que el caso es el mismo para las historias que deberíamos estar contando.

»Creo que la fórmula debería consistir de dos elementos: la belleza ha de estar unida a una de nuestras presunciones fundamentales y definitorias. Hay algunos temas que podemos tratar con un poder y una convicción particulares, porque nos definen como cristianos. Yo he identificado ocho. Uno es de O’Connor, “la gracia siempre está ahí fuera”. Entonces, por ejemplo, haces una película en la que hay una extraña presencia persistente que lucha por las personas, al igual contra el diablo, la carne y por el mundo. Es misterioso, pero no puedes explicarlo enteramente en términos del “triunfo del espíritu humano”. Así sería una película cristiana si es también hermosa. Y con hermoso me refiero a algo completo, armonioso, radiante, de acuerdo a la filosofía tradicional.

»Otro ejemplo, otra de nuestras presunciones definitorias, es “alegría y sufrimiento inextricablemente ligados”. Pixar habló de esto por nosotros en “Inside Out”, porque nosotros no lo decíamos, pero el tema era el mismo, que no puedes tener una dicha completa a no ser que aceptes el sufrimiento. Casi me caí de la silla; además del hecho de que toda la estructura de la película sobre las cajas de memoria era la última sección de las Confesiones de San Agustín. Así que, según mi parecer, en lo que se refiere a ‘nuestras cosas’, no se trata sólo, o principalmente, de “oye, tenemos que hacer películas de la Biblia y de santos”. No, tenemos que tejer historias que pongan en el mundo, de forma evocadora, inquietante y hermosa, lo central de nuestras creencias.

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-¿Qué hay del arte sacro? ¿Hay lugar para él en el cine? 

-Sí, ¡pero más vale que no sea una bazofia banal! Debería inclinarse marcadamente hacia el lado del arte, en oposición a los lados de la narrativa y del entretenimiento.

-Los taquillazos del verano se han caído de bruces este año, ¿qué ha faltado?

-La audiencia global ha estado rechazando casi frontalmente la fórmula del taquillazo durante este último par de años. Gracias a Dios. Hemos visto esta tendencia desde 2012 y este año casi todos los presuntos éxitos asegurados de los estudios han sido un desastre, con la excepción de “Buscando a Dory”, de Pixar. Parece ser que los cinéfilos por fin se han cansado de las películas de acción y espectáculo.

»En una descripción de Aristóteles de los elementos de una historia, el espectáculo es lo último de los seis elementos que lista. Están la trama, el personaje, la temática, la elocución/diálogo, la música/tono y el espectáculo. En Hollywood, desde “Tiburón”, el espectáculo ha venido siendo cada vez más el elemento principal, y luego el personaje -porque es un negocio movido por las celebridades-, y luego mucho más abajo encuentras los asuntos de la trama. Y el último elemento en estos días es la temática: ¿de qué va esta película y por qué debería importarme? Aquí está el problema, las historias hoy en día no tratan de nada más que del momento. Y el público lo está rechazando en masa.

»Lo que salvará a la industria es la temática, porque la mayor parte del dinero en Hollywood se ha agotado y las películas se financian en acuerdos globales. Las temáticas humanas buenas, sólidas, universales, ofrecen a las películas un atractivo más allá del sector demográfico de varón entre 18 y 35 años, que lleva siendo el blanco de la industria durante décadas. Pero el problema -y me topé con él durante mi programa de doctorado en uno de los programas de escritura creativa de referencia en Europa- es que la academia está fabricando personas para que sean narradores en una cultura alimentada con la idea de que no existe cosa alguna como la naturaleza o la historia humanas. Una historia es cualquier cosa que uno quiera que sea, lo que, en última instancia, termina por significar que una historia no es nada.

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»Pero las personas están sedientas de historias porque, como señaló Aristóteles, la naturaleza humana se siente motivada hacia ello y, en este caso, la gente recurre a las películas para encontrar algo con lo que alimentar su necesidad. Sin embargo, la mayoría de las veces, cuando vamos hambrientos al cine, salimos aún con hambre y encima también asqueados. Así que, ¿por qué no interviene la Iglesia y rellena ese vacío? ¿Por qué no decimos a las personas cómo hacer una buena historia? Esto es lo que tendríamos que estar haciendo. La Iglesia debería servir a la cultura.

-¿Qué has aprendido sobre la formación y la educación de escritores y guionistas desde que cofundaras el programa Act One?

-Actualmente enseño como profesora asociada en el Honors College de la Universidad Azusa Pacific (APU), a las afueras de Los Ángeles. Enseño en un programa basado en los Grandes Libros, clásicos de la literatura occidental, que emplea el método socrático. Y es un hecho absolutamente intencionado.

»Una de las cosas que he aprendido dirigiendo Act One -e insisto en que me encantan mis alumnos de Act One y las personas implicadas- es que no es suficiente con tomar a personas que son cristianas y enseñarles a elaborar una historia. Necesitan una formación más profunda. Por ello, ofrecemos a los jóvenes un programa de escritura riguroso y les apremiamos a que participen de ideas elevadas a través de los Grandes Libros.

»Les ayudamos a tomar consciencia de que lo moderno es una rareza y les apoyamos para comprender el descarrío particular de las personas de su tiempo: la confusión que se les ha inculcado por las aguas en las que todos nadamos. Luego, una vez tienen unos cimientos sólidos, identificamos entre ellos a los buenos escritores y trabajamos con ellos para que puedan aprender las bases de la narración visual.

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»Este verano hice un curso intensivo con nueve escritores -tres de ellos estudiantes de la APU-, tienen talento, entienden la situación y son interesantes. Las historias interesantes vienen de personas interesantes. El ser cristiano, en sí, no le hace a uno interesante. Para eso hay que ser cristiano y reflexivo. Así que, cuando hablamos de la forma en que la Iglesia puede abordar este problema de carencia de narración, no hablamos de un arreglo rápido.

-¿Qué necesita un artista cristiano para tener éxito hoy en día?

-Lo mismo que han necesitado siempre. Cuando le preguntaron a Flannery O’Connor por qué escribía, respondió: “Porque se me da bien”. La cuestión es, ¿tienes talento? Ahora bien, todo el mundo debería ser artista en cierto sentido -ahí está Joseph Pieper, que decía que todos necesitamos cultivar una parte de nosotros que nos permita crear y centrarnos en los detalles-, pero las personas que se supone han de ser los artistas profesionales que instruyan en favor de una cultura más amplia, tienen que tener talento para ello. Es posible que te encante el tema y que no tengas talento, pero eso tal vez signifique que tu lugar está dando apoyo a los artistas de otras varias formas diferentes. Lo necesitamos.

»En segundo lugar, hay que recibir una magnífica formación. Insisto, debería incluir una formación que capacite al artista para diagnosticar los problemas de la era moderna y entender qué ansían las personas y por qué. No es suficiente con ser compasivo o empático, tienen que entender de verdad cuál es el problema. Con esto no quiero decir que vayas a hacer arte con mensaje, sino que vas a recoger todo tu ser y lo vas a verter en tu arte.

»En el arte de la Iglesia durante los últimos 50 años hemos cometido el error de pensar que la respuesta a la propaganda secular es propaganda santa o divina, pero la respuesta debería ser belleza, desde nuestra perspectiva mundana. Después de la formación, hay que ir a una escuela de alto nivel con los mejores instructores seculares. Hay una razón por la que las mejores escuelas tienen esa reputación, y es que pueden ofrecer mejor acceso, exposición a instrumental y una pedagogía competente.

»Pero tienes que ir vacunado contra los errores que vas a encontrar. Yo fui a la Universidad Northwestern, que estaba entre las diez mejores escuelas de cine, a pesar de que los miembros del profesorado eran totalmente marxistas; ¡solían llamarnos ‘el proletariado’! Pero yo bajaba la cabeza, porque tenían mucho que enseñarme.

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»Sé que esto es algo que asusta bastante a muchos padres católicos. No obstante, una de las cosas de las que las personas de nuestra era moderna no se han percatado es que cada vez que nos adentramos más en la cueva para encontrar cierta seguridad, no sólo no la encontramos porque nuestras familias reflejan todos los errores de la época, sino que además el mundo sigue empeorando.

»No tenemos la gracia de prosperar en una cueva en cualquier sitio, tenemos la gracia de progresar en esta cultura, en la que se supone tenemos que ser la levadura. Hay un motivo por el que no enseño en alguna de las que yo llamo “escuelas católicas católicas”. Son escuelas en las que la ortodoxia católica aún es importante y donde los Grandes Libros son prácticamente lectura obligatoria. Las recorrí todas en los últimos veinte años y recluté a una serie de estudiantes para que vinieran conmigo a Hollywood.

»Odio decirlo, pero casi generalmente todos han fracasado al intentar participar en esta industria, principalmente porque no han tenido la energía, la creatividad y el coraje para involucrarse. Con demasiada frecuencia terminaban creándose una cueva nueva, encontraban a un pequeño grupo de personas con la misma mentalidad y luego nunca producían nada.

»Así que ahora mismo enseño en la mayor universidad cristiana no-católica del país por un motivo. Casi un tercio del profesorado y de los estudiantes de aquí son católicos, pero lo principal es que aquí está bien si das por sentada la verdad y la fe, y además tienen buena oferta de deportes y música y una gran variedad de carreras. He descubierto que tengo que empezar con estudiantes que no teman, o no desprecien, su propio momento cultural.

-Hablemos de eso un momento. Das mucho en que pensar a los padres cristianos cuando dices que deberíamos estar educando a nuestros hijos a ser discípulos de su propio tiempo.

-Si tu hijo tiene talento -talento artístico de verdad-, entonces el mundo lo necesita con desesperación y tienen que ser entregados a este tiempo. Esa vocación es un don tan especial que, si huyen de ella, les destruirá. No puedes coger a los chicos y decirles que estarán a salvo, que se dediquen a la enseñanza religiosa o a la enfermería, porque los vas a perder de una forma u otra. Tal vez no dejen de ir a la iglesia, pero perderán la alegría de vivir.

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-¿Se trata entonces de que los padres ayuden a sus hijos a entender que están destinados a este tiempo en particular, que Dios los creó para que estuvieran aquí y ahora?

-Ahí está la clave. Nuestros hijos están destinados a brillar en esta época, su destino es ser los faros de lo que será una época oscura. Todos nos lamentamos por el hecho de que la Iglesia pasa por una época de persecución, como si eso fuera algo nuevo. Recuerdo que cuando estudié eclesiología con una monja allá por finales de los 80, me dijo que la persecución es la quinta marca de la Iglesia [una, santa, católica, apostólica y perseguida].

»La verdad es que en la persecución es donde la Iglesia descubre su identidad. Porque entonces es cuando estamos más cercanos a imitar a Cristo. Así que yo diría, ¿de qué forma estás equipando a tus hijos para ser el faro en la tormenta que se avecina? Si les enseñas a buscar un faro bajo el que cobijarse, o si les enseñas a adentrarse con su luz en lo más profundo de su caverna, para que nadie la vea, entonces estás metiendo la pata.

»Tenemos que enseñarles a mirar hacia el futuro, con la mirada clara, sin miedo ni altanería, pero por supuesto sin ningún tipo de añoranza perversa de alguna especie de tiempo más seguro. En mi libro favorito, “Los hermanos Karamazov”, hay una línea magnífica en la que el santo anciano Zossima aconseja a Alyosha, de alma sensible, que debe aprender a encontrar la alegría en el sufrimiento. A mi parecer, en esta dirección es hacia donde debería orientarse la educación católica hoy día.

-Aún parece haber una cierta ausencia católica en Hollywood, ¿por qué?

-Bueno, aquí hay muchos católicos, pero la mayoría o no son realmente ortodoxos o no tienen claro qué se supone que deberían hacer como discípulos artistas. ¿Por qué? Bueno, como decimos en italiano, es porque “el pescado apesta desde la cabeza”, porque la formación de los artistas y los narradores o guionistas católicos no viene de lo mejor de lo mejor.

»Los obispos de los Estados Unidos deberían haber fundado un instituto de narrativa aquí en Hollywood en 1927 o 1935 o 1946, o quizás mejor en el apogeo de la revolución sexual, o tal vez durante la era de los taquillazos en la que quedó claro que Hollywood había perdido su capacidad para contar historias. Al separar los mundos de la fe, la virtud y la filosofía del mundo de contar historias, lo único que nos quedaba era el espectáculo. Creo que es obvio que eso fue a finales de los 80. Pero nunca ha habido ningún tipo de acercamiento pastoral verdadero hacia las artes y el mundo del entretenimiento.

»Hace años di un discurso en la Universidad Católica de América y, cuando terminé, me dijeron que esa era la última clase que iba a haber de escritura de guiones para la pantalla; iban a cancelar el programa. Y pensé, “¿Es que me he perdido esa circular? ¡¿El cine va a dejar de existir?!”. Así que, en la universidad de obispos no existía ningún énfasis en lo importante que es saber contar historias en la cultura y en la sociedad, y sigue sin existir. Si tuvieras que escoger las mejores 20 escuelas de cine del mundo, no habría ni una universidad católica en esa lista. Es un pecado pastoral.

Entonces, explícame tu plan. Digamos que los obispos americanos acuden a ti y te dicen, Barbara, envíanos tu estrategia para encarar esta situación. ¿Cuál es tu esquema?

-Para empezar, necesitaríamos 100 millones de dólares. Construiríamos un centro aquí mismo en Hollywood, con acceso a la comunidad creativa. Contaría con varios componentes; uno de ellos, muy importante, sería educacional, y otro en el que destacáramos las obras de arte de gran belleza que llegan a nuestra cultura (no necesariamente de cristianos) y ayudaríamos a la gente a entender por qué son buenas. Esta es otra cuestión que llevo años denunciando… Únicamente porque alguien sea simpático o santo o provida no significa que tengamos que aclamar su película como un modelo a seguir. Es algo que nos ha hecho descarrilar.

»El centro tendría una capilla enorme dedicada al Espíritu Santo, en favor de las artes, donde todo el mundo en Hollywood sería bienvenido y donde podrían pedir oración para sus proyectos. El centro funcionaría como un instituto, como un think tank, donde hablaríamos con la industria, les ofreceríamos ideas, orientación y formación. Invitaríamos a académicos de todo el mundo, elevando el nivel de la conversación sobre el arte y la narración de historias en la cultura.

»Construiríamos un espacio de producción en el centro para acoger proyectos de la industria. Dispondríamos de un teatro de vanguardia donde trabajar nuevas obras. Nos esforzaríamos por tener abundantes eventos que ofrecer a la industria, al menos la mitad de los que hacen la Iglesia de la Cienciología. Dios lo quiera. Imaginemos que la Iglesia católica decidiera organizar un movimiento misionero en el ámbito de las artes y el entretenimiento. Me daría un patatús de la emoción.

»Tenemos una capellanía en la archidiócesis de Los Ángeles para los trabajadores del muelle de San Pedro, pero no tenemos una para la industria del entretenimiento. Menuda estupidez. Así que hagamos este proyecto amparado por la Iglesia, abierto al mundo, desde donde digamos que amamos y apoyamos y entendemos las necesidades de los artistas y que vamos a ayudarles de la forma que debiéramos, que no es haciendo películas, por cierto. Se supone que la Iglesia tiene que encargar arte, no hacerlo. Deberíamos estar nutriendo a los artistas.

-Es un sueño fascinante, pero tú misma señalaste que el dinero se ha secado para las artes, y parece ser que también en todos los ámbitos en general. En vez de 100 millones de dólares y el ideal que has expuesto, ¿cuál es la siguiente alternativa mejor?

-Me gustaría ver que los católicos, como individuos -en sus familias y parroquias-, abrazan de nuevo la belleza del arte y de la narración. La escritura y la literatura, la música, la danza, la pintura, el teatro y las representaciones y, por supuesto, el cine, deberían formar parte de la educación dinámica de los niños y niñas católicos.

»Que les enseñen a reconocer lo que es bueno y hermoso. Que les enseñen a encontrar el bien en todas partes sin el temor o la altivez que demasiado a menudo nos hace parecer ridículos a los miembros de la Iglesia, de cara al mundo secular. Que desafíen a sus hijos a no solamente estar en esta cultura, sino a ser importantes en esta cultura. Que les inspiren para que deseen ofrecer algún tipo de regalo al futuro. Lo más seguro es que así sea como Dios los salve.

 


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