Rodrigo Sorogoyen es uno de los mejores directores de España. Con tan solo seis películas ha dejado huella en todas ellas. Ganador del Goya por As Bestas, el resto de sus trabajos también han sido premiados en distintos festivales. Una de las temáticas que más auge tiene actualmente es la paternidad, y aquí la aborda con acierto a través de unos padres ausentes que un día vuelven a ver a su hija. Él es un director de fama, interpretado por un soberbio Javier Bardem, mientras que su hija, encarnada por Victoria Luengo, gana enteros cada vez que deja aflorar su fuerte carácter. La película comienza con una escena soberbia de 18 minutos filmada en primer plano, en la que le ofrece un papel para una siguiente película. Con las heridas aún sin cerrar entre padre e hija y un pasado oscuro que pesa sobre ambos, Sorogoyen se adentra en un guion donde puede pasar de todo durante un rodaje, más aún cuando el padre arrastra un historial de alto voltaje en otras películas filmadas que dio pie a una frase recurrente: «Este rodaje es un escándalo».
La película prometía mucho en sus primeros veinte minutos; después decae, aunque no pierde intensidad. Sorogoyen es un director al que le gusta mantener acelerado al espectador, algo que ha demostrado en todas sus películas y especialmente en El Reino, considerada una de las cien mejores de la historia del cine español. Hay pocas películas sobre rodajes, como La noche americana (1973), Águilas del Cairo, Nouvelle Vague (2025), y en 2027 nos llegará la película sobre el rodaje de El Padrino. La última película de Sorogoyen incluye algunas escenas filmadas en blanco y negro, y probablemente habría ganado intensidad si se hubiera rodado íntegramente de esa manera. Es muy difícil que un director que solo ha hecho seis películas consiga que dos de ellas sean redondas; en esta ocasión lo intenta, pero no lo logra.
Demasiado larga, con 135 minutos de duración, la película contiene momentos brillantes, aunque al menos consigue situarse como su tercera mejor obra. Resulta entretenida y está muy bien desarrollada la relación entre un padre ausente y una hija que le canta las cuarenta y le expresa el gran dolor que ha sufrido por crecer sin él. Dejó un final medio abierto y no quiso profundizar más en los sentimientos y en el amor que existían entre padre e hija; aquí le faltó valentía. El padre tenía un ego superior y la hija era una especie de heroína incapaz de encontrar la felicidad. Con toda seguridad será finalista en los Goya, aunque no creo que gane, pues la película que lo hará este año parece estar casi bendecida.







