En 1945 se realizó la primera adaptación biográfica del gran músico polaco Frédéric Chopin con la película Canción inolvidable (1945). Nos llega una nueva producción de este pianista que pone en primerísimo plano al Chopin más introspectivo. No al pianista, sino al ser humano que nació en 1810 y murió en 1849. Era una figura romántica de las noches decadentes de París y una de las más deseadas en los salones de la aristocracia parisina, donde amenizaba con su piano las veladas nocturnas , era casi un bufón, según sus amigos. Gustaba mucho a las mujeres, y muchas acudían a recibir clases particulares para estar con él.
Cuando sus pulmones comienzan a sangrar, Chopin sabe que sus días están contados. Componer se convierte en su única obsesión. El reloj, que avanza rápidamente, lo empuja a revolucionar la música. No tuvo suerte en el amor. En una conversación que tuvo con su madre, esta le dijo: «Yo me casé con tu padre sin estar enamorada, pero con el tiempo lo he querido. Busca una mujer que te guste y cásate con ella». Era una persona compleja, vulnerable, llena de carencias, pero muy brillante y con una mirada contemporánea sobre la fama, la juventud, la creación artística y el deseo de trascender.

De esta película hay que destacar lo bien lograda que está la ambientación de aquella época y los momentos de gran belleza, que nos muestran a este músico con sus luces y sombras. En una de las últimas escenas, pide a sus amigos que lo entierren sin corazón y que este sea enviado a Varsovia. No es un largometraje completo: la fuerza narrativa decae en algunos momentos, pero, al mismo tiempo, también tiene escenas brillantes y una trama muy rápida para contar los últimos años de su vida. Solo ver la historia de la vida de este músico merece la pena, y su director logra transportar al espectador a aquellos años maravillosos del París de 1840.















