Una película fresca, amena y además llena de música, con una canción pegadiza que se arrastra durante toda la película. El director irlandés John Carney, que ha rodado varias películas con la música como temática principal y cuya obra maestra es Once (Una vez) (2007), además de Begin Again (2013) y Sing Street (2016), reúne aquí los caminos de un cantante de bodas y una estrella del pop. Rick (Paul Rudd) es un cantante y compositor que se gana la vida como puede actuando en bodas con su grupo. Danny (Nick Jonas), en cambio, es una superestrella del pop en pleno auge. Tras conocerse por casualidad, Danny lanza un nuevo sencillo que se convierte en un éxito mundial, pero Rick le acusa de haberle robado esa canción.
Una historia sobre el triunfo y la inspiración que comienza como una comedia musical y se convierte en un drama que indaga en los excesos de la industria, las traiciones y la vida de dos hombres conectados por una gran mentira. La película es amena y lo mejor es su gran guion. Está tan bien construida que sus 96 minutos se quedan cortos, y además profundiza en el tema de la familia y en la importancia que esta tiene para el protagonista. Este largometraje retrata muy bien el mundo del plagio de una canción y demuestra la frustración del perdedor al no poder demostrar que la canción es suya, así como la del triunfador que, aunque disfruta del éxito de tener la canción número uno, se siente culpable y no es feliz.
Con muchos mensajes que desnudan el mundo de los famosos y muestran también la realidad de un grupo musical que toca en bodas, siendo felices y haciendo felices a los asistentes y a quienes se casan, la película ofrece una visión cercana y humana de ambos mundos. Con esta película es necesario rescatar todas las obras de este director de temática musical, ya que son muy interesantes, sencillas y cautivadoras.







