Muy pocos espectadores irían a ver una película del género infantil porque tiene su público, a menos que se vaya con los peques de la familia, pero es una película sorprendente por lo mágica que es y lo bien que está hecha. Es un largometraje de cine familiar, fantástico y de aventuras que nos habla de una familia moderna y sus tres hijos, que se ve obligada a mudarse a una zona remota de la campiña inglesa. Poco después de su llegada, los niños descubren un árbol mágico y a sus extraordinarios y excéntricos habitantes. Conocen a personajes entrañables como Cara de Luna, Seditas (Nicola Coughlan), el Señor Comosellame, Doña Lavamucho o el Señor Cazuelas. En la copa del árbol son transportados a mundos desconocidos y fantásticos y, a través de los desafíos de sus aventuras, la familia aprende a reconectar y a valorarse mutuamente por primera vez en años.
Hay mágicas escenas de entrar en un nuevo mundo y conocer personajes entrañables que viven en un árbol y, desde este, mediante unas escaleras, se puede llegar al cielo y allí encontrar otro mundo nuevo donde cada día se pueden vivir nuevas emociones: cada día es un cumpleaños, el mundo de los gigantes, de los sueños, de las golosinas. La película tiene un buen ritmo y no se hace larga. Confieso que, como crítico de cine, me esperaba aburrir, pero salí encantado por tanta belleza, imaginación y estos mundos imaginarios en los que todos quisiéramos estar y que solo salen en los sueños, y los creadores del cine son capaces de ver estos mundos que a veces parecen reales. En esta película se hace mucho hincapié en el problema de la vida urbana deshumanizada y con un enfoque realmente encantador, moderno y agudo. Adapta al cine la obra homónima de la escritora Enid Blyton, autora de grandes éxitos de la literatura infantil, como Los Cinco y Torres de Malory.







