La Guerra Civil, en contra de lo que pudiera pensarse, no interrumpió la producción cinematográfica ya iniciada en España desde finales del siglo XIX, y desarrollada con fuerza durante la Segunda República (1931-1939)*. A pesar de que, en un primer momento existió un cierto clima de incertidumbre por la novedad de la situación creada, lo evidente es que muy pronto los dos gobiernos tomaron conciencia de la enorme importancia del “Séptimo arte” como medio de comunicación social e influencia ideológica. Y fue así como, además de los frentes de guerra y de las respectivas retaguardias con sus historias de violencia, se definió un “frente cinematográfico”, un escenario inédito para las facciones enfrentadas, un instrumento muy potente de combate político e ideológico.
Un frente de celuloide donde se denunciaba la tragedia que sufría la población civil, donde podía seguirse el desarrollo de la guerra en diferentes lugares al tiempo que se remarcaba la implicación internacional, tanto material como humana, sin olvidar el apoyo ideológico de la intelectualidad, con un mayor peso en el bando republicano. En ambos bandos se recurrió a un sistemático control ideológico por parte de los respectivos organismos de propaganda gubernamental*, procurando una correspondencia entre las imágenes que ilustraban un discurso de inflamada retórica.

Como es ya sabido cualquier película persigue entretener, educar y persuadir y, en ambos bandos, esa tónica se mantuvo. Ahora bien, y desde un punto de vista cuantitativo, predominaron los documentales sobre las películas de ficción y los noticiarios, siendo mayor en el bando republicano, tal y como ha señalado la profesora Beatriz de las Heras*. No obstante, y siempre según la investigación referida, dicha producción fue mayor en el período de 1936/37 para descender en 1938 y, al contrario, en el bando sublevado fue justo la contraria, quizás, porque desde finales de 1937, la evolución del conflicto estaba decantándose a favor del ejército de Franco.
La zona republicana contó con dos importantes centros de producción fílmica: Madrid y Barcelona y, en el bando opuesto, siguieron funcionando las productoras tradicionales, a las que se sumaron alemanes e italianos, cumpliendo un papel compensatorio que se tradujo en la realización de numerosas películas y, especialmente, documentales.
Quedaron así definidas dos zonas que, en los tres años siguientes, se movilizarían como potentes elementos ideológicos y propagandísticos. En ambas se defendió la legalidad de las acciones, todas ellas por el bien de España y, también, la descalificación del enemigo, que se convirtió en algo habitual.

Lo anteriormente escrito no constituye ninguna novedad pues el cine de ficción y los documentales, como ocurre en la época actual, cumplen funciones propagandísticas. Ni uno ni otro son objetivos y, de forma generalizada, han servido y sirven para la manipulación de la opinión pública. Así, por ejemplo, una misma escena se utilizó por los republicanos o los sublevados para la difusión de su particular mensaje, tal y como ocurrió con el documental elaborado por la CNT-FAI, que con el título Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona, fue utilizado por el bando sublevado para mostrar el componente anticlerical que se desató en Barcelona entre el 19 y el 24 de Julio de 1936*. La copia de éste, que había llegado a Berlín, fue renovada en la voz en off y, así, se consiguió el objetivo perseguido de desacreditar al movimiento revolucionario. También es conocido el caso de un mismo documental en el que aparecen los cuerpos de personas que han sido fusiladas y que fue utilizado por ambos bandos para mostrar la violencia gratuita del contrario. Todas estas maniobras de propaganda y desinformación estaban en la mente de personas y organismos concretos que vieron en la difusión de las imágenes de guerra un tipo de arma muy eficaz (tal y como ocurre en la actualidad). Ocurrió en Catalunya con el Commissariat de Propaganda, con el Gobierno republicano asesorado por los soviéticos y con el Ministerio del Interior del Gobierno franquista.
No sólo italianos y alemanes informaron sobre la Guerra. No pueden dejarse en el olvido los noticiarios británicos, franceses o estadounidenses, que nos transmitieron la idea de internacionalización del conflicto y de sus consecuencias a través de imágenes espectaculares y emotivas. En esta labor se estaba definiendo el terrible y trágico escenario europeo de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Todo lo anterior sigue constituyendo una de las cuestiones más relevantes dentro del estudio de la Guerra Civil española. Son numerosísimas las investigaciones sobre las películas y documentales que se realizaron desde diferentes perspectivas y contextos, incluyendo los internacionales. Películas y documentales realizados en los tres años que duró el enfrentamiento armado que, además, dio origen a un tipo de cine sobre la Guerra que no puede obviarse: el producido durante la época franquista y la Transición democrática. De todas estas variantes tratarán las próximas colaboraciones.







