Película surcoreana del año 2025 dirigida por Kim Hye-young -como su tercer largometraje- con guion de Misaki Ichijo, autora del libro del mismo nombre. Se trata de un drama romántico protagonizado por Choo Young-woo y Shin Si-ah que interpretan a dos estudiantes del instituto que establecen una peculiar relación. Explora los confines de la memoria y del verdadero amor a través de una peculiar belleza literaria y visual.
Kim Jae-won, tímido y sensible, para evitar que su grupo de amigos maltrate a otro compañero de aula, acepta hacer una falsa declaración de amor a una compañera especial llamada Han Seo-yoon. Para probar algo nuevo, contra lo esperado, la joven acepta con tres condiciones la última de las cuales -no enamorarse el uno del otro- será difícil de respetar.
Esta fresca cinta, muy bien interpretada, es remake de la obra japonesa de 2022 del mismo título que dirigió Takahiro Miki y ganó un premio en la Japan Academy Awards. En este caso el guion fue realizado también por la autora Misaki Ichijo en colaboración con otros.
En esta historia nos encontramos con dos jóvenes vulnerables que comparten cada día como si fuera nuevo y único ya que la protagonista despierta cada jornada sin recuerdos del día anterior. Los sentimientos de Kim Jae-won, con el trato diario, van evolucionando hacia una amistad y un amor auténticos hacia Han Seo-yoon. Él decide ocuparse de llenar cada uno de sus días de hermosos recuerdos logrando que su historia de amor se renueve con cada amanecer.

Esa felicidad querida, pensada y deseada será anotada por ella en su diario jornada tras jornada. Esa es la rutina y el drama de Seo-yoon tras iniciar la relación con Kim: no desea dormir para no perder los recuerdos de los días felices. Su lucha por recordarlos cada nuevo amanecer es la motivación de su renacer diario. Su dificultad cotidiana se inicia con el reto siempre nuevo de enfrentarse a lo desconocido, en especial mantener los vínculos afectivos que tendrá que reiniciar cada mañana. La fotografía y el montaje refuerzan esa misma idea de repetición.
Dentro del llamado universo de los k-dramas esta película de Netflix nos habla de la memoria, del amor, de la amistad y de la fragilidad del tiempo. El joven Kim, que vive su vida con apenas ilusiones, debido a su cardiopatía y a la muerte de su madre, va cambiando a medida que conoce a Seo-yoon. Esta joven llena de vida, de asombro constante y de ilusión por lo más insignificante da luz a su existencia. A pesar de su amnesia anterógrada vive con positivismo cada día, tratando de ser feliz. Por su parte su amiga más cercana, Choi Ji-min, velará por ella en todo momento. Los padres de Kim y Seo-yoon son también personajes entrañables con los que es fácil conectar y empatizar, en especial el padre de Kim.
La película es tierna y dolorosa a la vez. La historia está muy bien contada y los protagonistas muestran una auténtica conexión. La preciosa banda sonora al piano, junto a una estupenda fotografía, nos llevan como de la mano a bucear en los sentimientos de ambos adolescentes. Son muy emotivas las secuencias en las que la protagonista dibuja a Kim espontáneamente sin recordar del todo quien es, pero queriendo descubrirlo. Tras su pérdida, necesita desesperadamente mantener los lazos y vínculos personales que han dado sentido a su vida.
El film profundiza en otros temas de interés, conectados con el principal, como el compromiso, la generosidad, la dificultad para salir adelante en situaciones de dependencia, las dificultades del sistema educativo, el acoso escolar etc…

Como señalan los críticos, la dirección de Kim Hye-young se caracteriza por un ritmo pausado con un enfoque de cámara que analiza la rutina de los personajes con atención, sin prisas, dejando que la historia avance sin forzarla. La directora estructura una narración lineal donde la prioridad está en la observación calmada frente a impactos visuales que aturdan al espectador. Esto permite combinar la ternura del primer amor con el peso de una enfermedad que impulsa a luchar por salir adelante. No cae en el sentimentalismo facilón aunque el drama envuelva la vida de los enamorados. Es imposible para el espectador no empatizar hasta las lágrimas con los protagonistas.
En efecto, los dos jóvenes avanzan en su historia de amor a través del esfuerzo personal, por la repetición de actos sencillos y detalles concretos que adquieren valor con el tiempo. La película se centra en cómo la enfermedad condiciona cada decisión y en cómo el compromiso se convierte en la base de la relación. Y será desde este esfuerzo colosal como Kim logrará despertar la memoria de Han, posibilitando una esperanza de curación impensable hasta entonces. Y es que el corazón tiene “memoria” cuando se ha sabido mimar.
Como señalan algunos críticos, el retrato de Han Seo-yoon se sostiene en su disciplina y su serenidad. La joven asume su situación con determinación y enfrenta la pérdida constante de recuerdos con una mezcla de método y esperanza. Kim Jae-won, en cambio, simboliza la paciencia y la ternura necesaria para acompañar a alguien que vive atrapada en ese ciclo diario. El vínculo entre ambos muestra que la memoria y el afecto pueden funcionar de manera independiente, y que el cariño requiere trabajo y voluntad más que permanencia. La película plantea con claridad que el amor, entendido como acto repetido y no como estado fijo, depende del esfuerzo compartido y de la aceptación de los límites que impone la enfermedad.
Los personajes secundarios —la amiga de Han y sus padres— completan el retrato de una convivencia marcada por la rutina médica y la necesidad de apoyo. Su papel es esencial porque son la red que permite mantener cierta estabilidad frente a la pérdida. La familia y los amigos mantienen el equilibrio en situaciones precarias de vida.

La puesta en escena con tonos claros, los espacios domésticos acogedores y la luz natural que predomina en las secuencias, transmite la sensación de un tiempo que avanza de forma circular, en clave de repetición. Las imágenes se detienen en los hábitos diarios y en los pequeños detalles de la vida cotidiana escolar. No hay alardes técnicos ni saltos narrativos. No los necesita.
En segundo plano podemos analizar el componente social que permite comprender muchas facetas de la obra tanto literaria como fílmica. El mundo educativo aparece como un espacio de presión y exigencia dónde el débil no tiene cabida. La amnesia de Han Seo-yun se convierte en un reflejo de esa lucha por encajar en un entorno que premia la eficacia y la productividad. Jae-won, por su parte, actuando contracorriente, encarna el deseo de proteger y sostener a los más vulnerables, aun cuando la realidad imponga límites y no lo haga nada fácil. Se observa como la competencia, el aislamiento y la dificultad para mantener relaciones sinceras pueden emerger dentro de un sistema que premia la eficiencia mientras impide el desarrollo de las habilidades sociales básicas.
Así pues, esta película de cine romántico asiático, aparentemente sencilla y sin pretensiones, es una invitación al espectador a contemplar el amor de modo diferente. No es solo una historia de pareja: es una reflexión sobre nuestros vínculos, nuestros cuidados, nuestros recuerdos. A través de los silencios que nos permiten contemplar, los gestos y las palabras acaban siendo pequeñas declaraciones de amor que nos emocionan. Se trata, en definitiva, de mirar de otra forma al otro, porque el amor no depende del pasado sino del presente.
Se construye cada día con pequeñas obras que lo encienden a diario y no dejan que se apague. Una gran lección para el mundo occidental que se desvanece en la superficialidad y desconoce como aprender a amar. Es más, el mismo concepto de amor parece evaporarse en contextos donde los valores humanos más elementales han dejado de ser prioritarios.

«Te prometo… que mañana también te haré feliz«. Dirá Kim cuando descubre el secreto de los olvidos de Han y cuando ella ya le ha hecho ver que él es su ancla en cada hoy y su seguridad en cada pérdida. A pesar de no recordar el ayer, ni por qué sigue ahí, el corazón retorna a su lugar junto al suyo; reconoce el camino de vuelta al hogar.
Maravillosa esta declaración de Kim hacia Han que vale para todos los amores, los cuatro amores que señalaba Lewis en su maravilloso ensayo. Esta promesa es, en su simplicidad, el único antídoto para su pervivencia por duras que sean las condiciones en que se encuentren las personas.
Esta película nos permite recordar que el amor es también una decisión, un acto de voluntad que involucra al ser humano en todas sus dimensiones y puede transformar toda relación amorosa en algo maravilloso. Es por ello que se puede decir que el amor verdadero es desinteresado, sanador y un reflejo de lo divino. La poesía de las imágenes nos lo describe sin palabras. Una pequeña obra con un gran contenido rico en humanidad.







