La película Tuner cuenta la historia de Niki (Leo Woodall) un joven con extrema sensibilidad al sonido que se dedica a sintonizar pianos (tuner) junto a su mentor Harry Horowitz (Dustin Hoffman) con quien tiene una fuerte conexión afectiva. El y su esposa son su único referente vital. En el desempeño de su trabajo, ambos recorren teatros y residencias para sintonizar los pianos. En una de las mansiones, cuando Niki esta en la planta baja trabajando con el piano, empieza a escuchar ruidos que no le permiten realizar su trabajo. Al subir a la planta superior, se encuentra con un grupo de personas intentando abrir una caja fuerte con un taladro. En un primer momento, el joven parece confundido con la escena, no obstante, se ofrece a ayudarlos. Los ladrones quedan boquiabiertos observando como Niki abre la caja fuerte simplemente escuchando el sonido de la rueda y sin causar ningún estropicio. Ante su prodigiosa capacidad auditiva, la banda criminal le propone que colabore con ellos si quiere ganar dinero. Seguidamente, le dan una propina y se marchan. Niki se queda hasta completar su tarea.
Un día desayunando en una cafetería, Niki y Harry conocen a una estudiante, Ruthie (Havana Roose Liu), con la que entablan una divertida conversación. A instancias de Harry, Niki acaba acompañando a la joven a su clase. Posteriormente y de forma casual, los jóvenes vuelven a coincidir cuando Niki es llamado para afinar un piano en el que Ruthie esta tocando. La joven, una disciplinada pianista con alto sentido de superación, contempla el aspecto despistado de Niki con susceptibilidad. No obstante, tras una breve conversación se da cuenta de que Niki tiene un talento prodigioso. De hecho, el joven le refiere que antes de sufrir sus problemas con los oídos su vocación era ser pianista. A partir de ahí, ambos jóvenes empiezan a quedar y comienzan una relación. Mientras, Harry se pone enfermo y tiene que ser ingresado en el hospital. Esta situación afecta mucho a Niki. La preocupación se incrementa cuando la esposa de Harry le dicen que tienen una deuda muy elevada con el hospital que no pueden saldar.
Ante semejante papeleta, Niki contacta con los ladrones y empieza a colaborar con ellos. De pronto, tiene bastante dinero y liquida la deuda con el hospital. Esta incipiente carrera criminal es combinada con las visitas a su mentor en la clínica, y con la relación con Ruthie, que se va afianzando. Como prueba de ese amor, Niki le regala un reloj antiguo muy valioso.

La interacción con los criminales se va complicando pues cada vez las situaciones presentan más riesgos y el joven decide romper, pero los mafiosos le ponen muchas trabas. En plena ceremonia por el entierro de Harry, un gánster se presenta y lo conmina a continuar el trabajo común bajo amenazas a su persona y entorno. Harry sucumbe a las presiones. Por su parte, Ruthie capta la atención de un reconocido pianista que le propone colaborar con el, fijando una entrevista. Durante su transcurso, el maestro se fija en el reloj de Ruthie y le pregunta por su procedencia. Esta le dice que es un presente de su novio, y el pianista le indica que ese reloj junto a otro similar fue robado de la casa de su familia. Cuando ambos confrontan la situación con Niki, este reconoce los hechos y, para paliarlos ofrece recuperar el otro reloj. Ese momento marca la ruptura de la relación.
Riki acude a recuperar el reloj que esta en poder de los mafiosos. Cuando estos lo descubren, le golpean fuertemente, sin que sus explicaciones sirvan de excusa. Al contrario, lo siguen pegando y torturando exponiéndolo a ruidos insufribles para sus oídos dada su extrema intolerancia a los agudos. Este episodio lo lleva al hospital y allí con la ayuda de la mujer de Harry se va recuperando.
En la ultima secuencia, Riki acude a devolver el reloj a la casa del maestro y se encuentra con Ruthie. Ella, aparentemente, no quiere saber nada de el. Sin embargo, cuando Riki se sienta a tocar el piano y escucha su prodigioso sonido, Ruthie no puede más que ceder a sus sentimientos. El reconoce: “Metí la pata”.

Una película rodada en Nueva York que se centra en los lazos humanos y en la vocación profesional, pero también en las debilidades que acechan a todos. Si bien, la línea divisoria entre el bien y el mal queda definida desde el inicio del film, para el espectador es fácil sentir empatía ante un joven prodigio perdido en sus contradicciones. También, acompañarlo en su deseo por hacer lo correcto y salir adelante. Finalmente, lo consigue. Antes, habrá pagado un precio y reconocido su error. Después llega el perdón.
Es una producción en clave de tragicomedia que nos acerca a un cine de a pie, sin efectos especiales, centrada en el guion, con buena interpretación, buena escenografía, y buen ritmo, que supone el debut como director de Daniel Roher, ganador del Oscar y del premio de la Academia en 2023, por su Documental Navalny. Una cinta muy recomendable que ha triunfado en Festivales de Cine como Tellurida, Toronto y Sundance.
Nota: la crítica de Tuner se realiza dentro de la 43 Edición del Festival de Cine de Miami que presenta el Miami Dade College.







